salpicadero del coche como si con este gesto pudiera detenerlo, me ll
o mirar a Aaron, trato de evitar que me tiemblen las manos y, aunque int
nos había matado, así que siento un escalofrío por mi espalda de pu
orriendo por mi cara. Por mucho que
ara poder salir, porque no quiero estar en el mismo espacio con este loco, en ese momento escucho un clic
de cuero del auto, apretándolo. Se acerca, a centímetros de mi cara, pero no veo ira allí. Está tranquilo
me, pero mi sangre empieza a hervir de ira y lo miro de la misma manera
ame salir. ¡Ahora! Él sonríe cerca
ro cuando lo toqué no se movió ni u
aron chasquea la lengua antes de continuar. - Pero es tan aburrido,
des estar seguro, te llevaré a casa
ar de nuevo y en ese momento sé que no es por el frío. ¿Es mi error o
a mi casa, pero no abrió la puerta. Se vuelve hacia mí de nuevo. Trag
pido posible. Antes de que pueda entrar a la casa lo escucho gritar. - D
del neumático chirriando y sólo en e
amente a la ducha. Me visto c
egunta qué pasó, pero miento y digo que no me encontraba bien. Luego
rpo. Creo que voy a terminar pillando la gripe. Bella llegó tarde, y nunca preguntó nada, solo se acostó y se
nzadas. - ¿Estás seguro de que estás bien? Puedes quedarte en casa ho
rmana, que, por cierto, está comiend
strarme hasta allí. Creo que ella lo cree. Volvimos a oír el claxon. Bella se va con una sonrisa en su ro
s a tomar un refrigerio aquí, para co
a Dios. No estoy al 100%, de hecho no pude comer casi nada, estoy muy mal. Llegué a la habitación y todos me
ue realmente estoy bien. El grupo de Aaron llega y se sientan en sus asientos, la mayor parte del tiempo m
la cabeza. Al fnal ella lo entiende. Aunque me siento un poco mareado, decido dar un paseo, y recuerdo las
ncuentro desbloqueado. Me siento u
iento frío besando mi rostro, mi cabello se mueve cuando una ráfaga de v
dedor, todo exactamente como dijo mi tía. Huelo un olor a rosas, y cuando me doy la vuelta, veo un inver
paisaje que desaparece de la vista. Me duele la cabeza, me levanto,
tándome para estar casi a la misma altura que él. - No es de tu incumbencia. Me duele la cabeza con ca
de aquí ya. Le sonrío. - No eres du
otro paso hacia mí, me pasé la mano por la cara, ya arrepintiéndome de
spondo, así que comienza a arrastrarme hacia la puerta. Intento detene
, el agarre alrededor de mi brazo es mucho más fuerte. Int