Novelas más buscadas
Ocho peculiares
Matrimonio relámpago con el padre de mi mejor amiga
En la gala benéfica, apreté mi copa de champán hasta casi romperla mientras veía a Alonso, mi tutor legal, anunciar su compromiso con mi ex mejor amiga. Yo, la heredera caída en desgracia, no era más que la "arrimada" con un vestido barato manchado de alcohol, soportando las burlas de quienes antes adulaban a mi familia. Huí a la biblioteca buscando aire, pero allí me topé con Diego Carranza, el magnate más temido de la ciudad y padre de mi única amiga. Ebria de humillación y desesperación, cuando él me ofreció un pañuelo, yo le pedí algo mucho más peligroso: «Cásate conmigo. Necesito un escudo que él no pueda escalar». Esperaba una burla, pero él sacó un contrato y una pluma. A la mañana siguiente, desperté en su ático con un anillo de platino y una tarjeta negra sin límite. Alonso, furioso al descubrir que su "propiedad" se había escapado, intentó usar mi fideicomiso para extorsionarme, gritando que me dejaría en la calle y arruinaría a mi "misterioso esposo" si no volvía a su control. Yo temblaba, pensando que solo era un peón en un juego de poder, un capricho que Diego desecharía cuando Alonso atacara su imperio. Pero Diego no solo no parpadeó, sino que hundió las acciones de Alonso en una hora con una sola llamada. Esa tarde, me llevó a una casa en el lago y me mostró un jardín secreto de rosas blancas -las favoritas de mi madre- que él había cultivado en silencio. Me miró con una intensidad aterradora y susurró: «No me casé contigo por negocios, Isabel. Cultivé este jardín durante tres años, esperando el día en que me dejaras salvarte».
Ocho pérdidas, una última esperanza
Ocho veces había sentido el aleteo de una vida dentro de mí, una alegría secreta compartida solo con Alejandro. Y ocho veces, él me la había arrebatado, susurrando que nuestro amor era demasiado frágil. Esta novena vez, una tenue línea azul en una tira de plástico, me prometí a mí misma que sería d
Ocho años de sus mentiras
Durante ocho años, renuncié a todo para proteger a mi hijo de su alergia mortal al cacahuate. Esto significaba tres meses de una soledad aplastante cada invierno, mientras él y su padre, Sergio, vivían en una "zona libre de alergias" aparte. Yo lo llamaba soledad; mis doctores lo llamaban depresión
Persiguiendo una estatua: Ocho años perdidos
Pasé ocho años de mi vida intentando darle calor a una estatua. Durante seis años, perseguí a Bruno Kane, "el Santo de Reforma", y por dos más, viví en un matrimonio vacío y sin consumar, creyendo que mi amor podría derretir su corazón de hielo. Estaba equivocada. La verdad no era otra mujer; era u
Ocho Años Para Un Nuevo Destino
En la gélida noche de mi muerte, el hombre que juró protegerme, mi prometido Alejandro, me apuñaló repetidamente. Con mi último aliento, le pregunté por qué. Su respuesta fue un nombre: Yaiza. Él creía la mentira de una mujer frágil y silenciosa, una mentira que le costó a mi familia nuestro imper
Ocho años perdidos, ahora por fin libre
Le di a mi novio, Ricardo, ocho años de mi vida. Fui su leal asistente legal y su devota pareja, sacrifiqué un ascenso e incluso un hijo por el futuro que nos prometió. Entonces, escuché la verdad desde afuera de su oficina. Me llamó "mercancía dañada", riéndose con la mujer a la que le dio mi pues
Treinta y ocho divorcios, una traición
Hoy es mi quinto aniversario de bodas. También es el día en que mi esposo, Emiliano, me pidió el divorcio por trigésima octava vez. Lo hace por Jimena, su amiga de la infancia. La mujer que estrelló su coche el día de nuestra boda, quedando estéril. Desde entonces, él ha estado pagando una deuda de
Ochenta y ocho traiciones, una fuga
Mi prometido me dejó plantada por octogésima octava vez, abandonándome en el juzgado para correr al lado de su hermana adoptiva. Llegué a casa y escuché su retorcido plan: querían que me esterilizara para poder criar al hijo secreto que tuvieron. Cuando su hermana intentó envenenarme más tarde, él
