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Mía es una chica que acababa de cumplir los dieciocho años estaba en la mejor etapa de su adolescencia, aunque sus padres que eran demasiados antiguos no pensaban igual prohibiéndola a todo tipo de acercamiento con chicos obligándola a que estudiara lo que ellos querían no lo que ella en realidad deseaba. No tenía una vida normal como toda adolescente teniendo que ir del instituto a casa y de casa al instituto. ¿Pero qué pasaría si un nuevo profesor llegara a su centro donde ella estudiaba? Sin duda Mia no sabría donde se metería ya que ella no había experimentado nada que tuviera que ver con él sexo ni si quiera su primer beso. Ares él nuevo profesor que pone a todo el centro patas arriba por ser el primer profesor joven. Un profesor que tenía que tener una faceta de buen profesor amable con sus alumnos pero que luego afuera del centro era una persona fría y también un poco mujeriego. Sin duda sus alumnas terminan locas por él, excepto Mia que le ve solo como su profesor... O solo le ve como su profesor hasta que... Si quieres saber más te invito a leer mi historia.
Me llamo Mia recién había cumplido mis dieciocho años, aunque para mí no cambiaba nada a pesar de haberlos cumplido ya que tenía unos padres bastantes serios y como decían antiguos.
Digo decían porque la gente hablaba de ellos, vivo en un pequeño pueblo por lo tanto la vida de los demás estaba en boca de todo el mundo.
Yo estaba acostumbrada a escuchar a la gente hablar de otras por la calle, pero mis padres no le gustaban nada los comentarios que hacían la gente sobre su forma de vivir y también su forma de vestirse.
Si no fuera porque en mi instituto está obligado llevar falda mi madre se negaría rotundamente a que me pusiera una.
Pero como dije es una obligación del centro por lo tanto hay mis padres no podían controlar nada.
Pero si podían controlar mi vida diaria, tanto que mi madre me acompañaba a mi instituto todos los días y también me obligaba a ir a misa cada domingo.
Había tenido discusión sobre esos temas, nada servía que hablara mi padre me regañaba mandándome a rezar por mis pecados.
Dicen que cuando cumples los dieciocho años eres más libre comienzas a tomar tus propias decisiones sin que tus padres estén tanto encima de ti, pero en mi caso era todo lo contrario.
Tristemente por ser tan extraña y tener a unos padres aún más extraños que yo no tenía ni una sola amiga, tenía suerte porque por lo menos no se metían conmigo como hacían con otros, pero si tenía que escuchar algún que otro comentario fuera de lugar...
-¡MIAAA! ¡VAS A LLEGAR TARDE! - mi madre me grita desde las escaleras por quinta vez.
Me apresuro a cerrar mi mochila cogiendo mi chaqueta poniéndomela para después ponerme la mochila en mi hombro caminando a pasos apresurados.
-¡MIAA! ¡CINCO MINUTOS TARDE! - vuelve a gritarme mi madre, otra cosa de ella que había que estar mucho antes en mi centro por si pasaba algo, supongo que son cosas de madres.
-¡YA VOY MAMA! - la grito, aunque a los segundos ya estuviera bajando las escaleras.
-Lo ves - me señala consiguiendo que la mire frunciendo mi ceño. - Por ir tarde no te colocaste bien la camiseta tapate o se te vera él sujetador - me daban ganas de poner los ojos en blanco, pero terminaría con un castigo como tantos me toco por hacerlo ya que para mi madre era una falta de respeto a la otra persona.
-Está bien mama ya me la pongo bien - la digo dando un paso hacia atrás cuando ella se apresura a colocarla a su manera.
Termino por ponerme él ultimo botón cerrándola por completo, si fuera por mi madre iría a mi instituto hasta con él cuello tapado.
Mira que la humanidad había evolucionado y avanzado bastante, pero mis padres sin duda se quedaran atrás.
Una cosa era ir cuidadosa y otra cosa era esto exagerar por todo hasta por una camiseta mal puesta.
-¿Papa? - la pregunto al no verle.
-Tu padre ya se fue al trabajo Mia - camina hacía la puerta abriéndola.
Salimos caminando hasta la parada de autobús, cuando llegamos solo pasan unos segundos cuando llega el bus subiendo las dos juntas sentándonos en los asientos de atrás.
Otra cosa de mi madre decía que era mejor ir atrás del todo porque así la gente no te estaría mirando ni intentando robar o meter mano.
¿Quién iba a querer meterme mano precisamente a mi o a mi madre?
Yo lo veía como una gran exageración, pero no podía decirla nada porque entonces se formaría la tercera guerra mundial.
Me pongo mis auriculares cogiendo mi móvil poniéndome música solo por no escuchar a mi madre.
Otra cosa también era que me tenía mi móvil controlado para que no hablara con ningún chico, según ella todas las chicas de hoy en día tenían conversaciones con otros chicos subido de tono.
Mi madre decía que iban a ir al infierno por ser tan atrevidas...
Al cabo de unos quince minutos él autobús se detiene en la parada a unos cuantos pasos de mi instituto.
Caminamos hasta la puerta de la entrada de mi centro, me quito mis auriculares guardando él móvil dispuesta a escuchar lo mismo que todos los días.
-Mía ya sabes lo que tienes que hacer - comienza a decirme colocándome ella a su manera mi chaqueta fina. - Nada de portarse mal, estar pendiente de lo que dicen tus profesores y sobre todo de las materias sabes que si suspendes un solo examen no tendrás este año vacaciones - asiento con mi cabeza intentando no poner una mueca. - Y sabes que él móvil te lo dejamos que te lo lleves por si llega a pasar algo - vuelvo a asentir con mi cabeza.
-Si mama - la digo sin más deseando que se fuera.
-Un beso mi niña luego nos vemos - comienza a darme besos en mi mejilla y me separo casi a la fuerza mirando a mi alrededor avergonzada por si nos viera alguien.
-Adiós mama - la digo cuando ella se separa de mí dejándome por fin.
-¿Qué me tienes que decir? - sin poder evitarlo ruedo los ojos, pero como agacho mi cabeza esta vez no se da cuenta.
-Te amo mama que dios te bendiga - ella hace la seña de la cruz lanzándome un beso para darme la espalda e irse.
¡Por fin!
Solo las horas en la que estaba en mi instituto me sentía algo más libre, todos deseaban salir para volver a sus casas y yo iba al revés del mundo no quería irme ni que se acabaran las clases.
Dirán...
¿Por qué no te buscas un trabajo ahora que tienes la mayoría de edad y te vas?
Las cosas no eran tan fáciles como se veían, lo de buscarme un trabajo lo había pensado más de una vez este tiempo, pero con mi madre detrás de mí era un caso imposible.
Entro a mi instituto caminando por él pasillo recibiendo una que otra mirada por parte de algunos, camino todo lo rápido que puedo hasta la clase que me tocaba encontrándome con que solo había dos alumnos dejando las cosas en sus mesas.
Me siento en mi mesa de siempre que estaba en mitad de la clase, esperando a que llegara la profesora de lengua que teníamos.
A veces llegaba dos minutos tarde, pero era porque venía a su paso ya que estaba a punto de jubilarse.
Van entrando colocándose cada uno en sus mesas esperando pero entonces pasa algo que no esperábamos todos...
-Buenos días chicos y chicas - entra él director acompañado de un hombre joven y apuesto.
-Hola señor director buenos días - responden algunos con respeto.
-La señorita Federica no os podrá dar más clases ya que se terminó jubilando - algunos comienzan a alegrarse gritando diciendo tonterías, pero rápido él director les corta. - Os presento al que será a partir de ahora vuestro nuevo profesor de Lengua - le deja paso para que se ponga delante de nosotros saludándonos.
-Buenos días alumnos como ya escucharon a partir de hoy seré vuestro nuevo profesor - sonríe. - Me llamo Ares - puedo escuchar algunos comentarios de mis compañeras locas por haber escuchado su nombre.
¿Está demasiado bueno él nuevo profesor no?
¡Que guapo tía!
Ares todo un dios griego sin duda.
Comentarios así y más subido de tono se empiezan a escuchar a mi alrededor.
Él director se despide de nosotros dejándonos que comenzamos con nuestra clase de Lengua.
-¿Alguien puede decirme por donde iban con la señora Federica? - nos pregunta.
Todas comienzan a subir sus manos agitándolas intentando llamar la atención del profesor.
-Tranquilas, tranquilas - intenta calmarlas. - A ver tu - me quedo rígida cuando me señala. - ¿Cómo te llamas? - miro a mi alrededor dándome cuenta que todas las miradas se posaron en mí.
Puedo sentir como mis mofletes comienzan a arder poniéndome vergonzosa al instante.
Algunas se ponen hasta celosas cuando solo me ha preguntado mi nombre.
Le miro de nuevo viendo como hace un movimiento con su mano para que le conteste.
-Mia... - le contesto con mi voz un poco baja.
-¿Mia? - quería que en estos momentos la tierra me tragara. - Mia, ¿puedes decirme por qué tema iban? - asiento despacio moviendo rápido las hojas de mi libro para después levantar de nuevo mi mirada.
-Pagina cuarenta tema cinco - algunas risas se escuchan por mi forma vergonzosa de contestar.
Él asiente con su cabeza cogiendo él libro buscando la página hasta que da con ella.
-Pero que mojigata es la tía esta... - escucho a mi derecha.
-Se hace la virgencita que no rompe ni un plato, pero luego seguro que es toda una perra parece que tiene el don de llamar la atención - escucho por mi izquierda.
Sin duda dios las iba a castigar por tener unas bocas tan sucias...
Ares nuestro nuevo profesor empieza a explicarnos lo que tocaba en el nuevo tema para después comenzar a escribir en la pizarra teniendo que empezar a apuntarlo en nuestros cuadernos.
Todas le estaban viendo como un trozo de carne al cual follar...
Si mi madre escuchara lo que acababa de pensar en mi cabeza me mandaría directa a la iglesia.
Pero solo había dicho la verdad, solo era el primer día y ya tenía a toda la clase acalorada...
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