Libro y Cuento de diellopez
La LUNA QUE NUNCA EXISTIÓ
Todo empezó cuando yo, Nyx Silverwood, llegué al Bosque de Otoño como una niña asustada y sola – había perdido a mis padres en una inundación, y solo llevaba conmigo la ropa que llevaba puesta y la esperanza de encontrar un lugar donde pertenecer. El alfa Orion me acogió porque su padre, el anciano alfa, creyó que yo era la de la profecía que hablaban los ancianos – la niña que traería la verdadera fortaleza a la manada. Así empecé mi vida como luna de él, aprendiendo a moverme entre los árboles, a reconocer las hierbas con Marta la sanadora, a hacer de mi cuerpo un refugio para quien lo necesitara. Pasaron los meses y me enamoré de mi alfa, creyendo que éramos felices... hasta que descubrí que esperaba un hijo mío, y entonces todo cambió. Su cara se tornó dura, sus palabras eran como cuchillos – me dijo que no era suficiente, que no podía darle un heredero fuerte como él necesitaba. Recuerdo aquella noche en el acantilado, cuando sus ojos se volvieron dorados como el fuego, cuando sus garras rasgaron mi piel y mi corazón se partió en mil pedazos. Me dejó allí, entre la roca y el río, para morir sola. Pero la corriente me llevó hasta las orillas del Rocío Gris, donde Ethan me encontró casi sin vida, con las heridas de un alfa en mi cuerpo y la cicatriz de su traición en mi alma. Allí conocí a Lila, la sanadora que me curó con sus manos y sus hierbas, a Kai, el niño que entendía el lenguaje de los animales y las plantas, y a Ethan, el alfa que me enseñó que la verdadera fuerza no está en ser el más fuerte, sino en saber cuidar de los demás. Juntos fundamos la Manada de la Sombra – un lugar donde no importa si tienes un lobo dentro o no, donde los dones diferentes son nuestras fortalezas. Allí conocí a Rafael, un hombre que había sido alfa pero que se había roto el corazón por amor y traición, y a Carmen, su luna que nunca pudo brillar como ella soñaba. Les conté mi historia – cómo fui luna de un alfa que nunca me vio, cómo creí en una profecía que nunca fue mía, cómo perdí a mi bebé en las aguas heladas del río. Vi cómo sus ojos se llenaban de pena, cómo entendían que la verdad no siempre es lo que dicen los ancianos. Con el tiempo, nuestra manada creció – llegaron familias que habían perdido sus hogares, niños que no tenían a dónde ir, lobos que no podían transformarse como los demás. Cada uno traía su luz, sus sombras, sus historias que se tejían entre las nuestras como hilos de un mismo tapiz. Y cuando llegó la noche de la luna llena, cuando todos estábamos juntos alrededor del fuego, entendimos que la profecía nunca fue sobre una sola persona – fue sobre todos nosotros, sobre cómo nuestras sombras pueden bailar con la luz, sobre cómo nuestras raíces crecen tanto hacia abajo en la tierra como hacia arriba en el cielo. Así fue como la niña que llegó sola al Bosque de Otoño se convirtió en la guardiana de las sombras, en la mano que ayuda a otros a encontrar su camino, en la luz que brilla tanto para los demás como para sí misma. "La luna brilla para todos – para quienes tienen un lobo dentro, para quienes solo tienen sus sombras, para quienes creen en la profecía y para quienes la hacen realidad con sus manos y sus corazones."
