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ntes de verlos a
Alexander, ése que antes hací
r, como una marca de propiedad. Tan fu
ovia de la
s, que se largó a perseguir sueños grandes en la ciudad, de
siquiera supe cuán
me si estaba bien - que se
n mi sitio, bañándose en la gloria q
ile era puro b
de champaña, brindando por nuestra subida - del
yo había sangrado. Por
braba... con su ama
coche. Los dedos apretaban la bolsa donde traía el vestido de seda blan
Ma
jo que el banquete
idiota, m
eba de vestido, ni enterada. Habría sido ajena a la celeb
lla, soltó con la voz cor
ezas se volvi
os empezaro
fa que estaba e
ees eso? No se
es... están l
ra una daga di
aderos tontos
más idiot
a, gruñó en
ales la
la guerrera más temi
día moverme. Ni s
lda de Faye - con esa seguridad, esa intención, como
avizaban cuando se cruzaban con
ar un escándalo. Sab
ld
es cuando
ra viendo un fantasma, y sus labios se form
de Alexander - ese toque íntimo me dio arcadas -
ró otra vez
. Triunfan
rr
onía que sop
del centro del salón y se sint
me v
as quedaron a la mitad. Hasta los camareros conge
miedo llenan
to. Qu
Alexander cuando él no era más que otro he
e mi padre y convencí a mi gente de acept
econstr
larme así? ¿Qué se cree? ¿Que la manada ent
má
nvierno no perd
ra el mármol - cada paso,
terceptarme, colocándose f
n, pero ella asomaba la cabe
saba en las reuniones del Consejo. Como si yo fuera una
nervioso en su mandíbula. Tan cerca que el perfume de jaz
je, con voz firme que resonó en toda la sal
público, entonces defenderé m
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