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Vivie Doeringer

6 Libros Publicados

Libros y Cuentos de Vivie Doeringer

Su Traición Me Lástima

Su Traición Me Lástima

5.0

Estaba allí, por centésima vez, un anillo en mi bolsillo y la esperanza en mi mirada, listo para sellar siete años de amor y paciencia con Sofía, la reina de los bienes raíces. Pero mi mundo perfecto se derrumbó con una vibración en mi teléfono: la vi, en la pantalla, en un festival masivo, besando apasionadamente a otro en un video que ya era viral. La humillación no fue privada; se volvió un espectáculo público, el entretenimiento de la tarde para millones, mientras las notificaciones zumbaban y las miradas de lástima me taladraban el alma. ¿Cómo pudo hacerme esto? ¿Cómo la mujer por la que lo di todo, me expuso a la burla más cruel imaginada? ¿Acaso mi lealtad era solo un chiste para ella? Apagué el teléfono, y con la dignidad hecha jirones, me levanté y supe que era el momento de dejar de esperar por ella y empezar a vivir para mí.

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La Esposa Olvidada Vuelve

La Esposa Olvidada Vuelve

5.0

El aire espeso del salón de fiestas de lujo se convirtió en el grito ahogado de mi hija, Camila, luchando por respirar. Sus labios se tornaban azules, sus ojos, antes brillantes, ahora nublados por el pánico. Un trozo de pastel de almendras, obra maestra de Andrea Torres, la nueva pareja de mi esposo y la mujer que me había robado todo, yacía a medio comer. "¡Ayuda! ¡Mi hija no puede respirar!", imploré, mi voz rota por el terror. Pero Ricardo, mi esposo, el padre de Camila, no vio a su hija asfixiarse. Me vio a mí. "¡¿Qué le hiciste?!", espetó, su rostro marcado por una furia que solo yo conocía. En un acto de humillación pública que se grabaría en mi alma, me arrastró por el cabello y hundió mi cara en el vómito agrio de mi propia hija. "Límpialo. Ahora", ordenó, mientras la gente observaba, algunos horrorizados, nadie interviniendo. Mientras yo lamía el suelo, una ambulancia se llevaba a mi pequeña, y Ricardo me lanzó su última advertencia: "Si le pasa algo a mi hija, te juro que te destruyo. Todo esto es tu culpa". Los siguientes quince días fueron un infierno, noches de desvelo junto a la cama de Camila, mientras Ricardo y Andrea exhibían su "amor" en redes sociales, y yo me consumía con las etiquetas de "zorra negligente" y "mala madre". "Ricardo Vargas", dije con una calma fría que no sabía que poseía. "Ya no quiero ser tu esposa." No, no pedía permiso. Informaba. Pero él se negó, y su madre me siseó: "Eres una muerta de hambre que mi hijo recogió de la basura. Camila es una Vargas. Tú no eres nadie para llevártela". Me fui con mi hija a un pequeño departamento prestado, creyendo que había escapado. Pero entonces, Instagram me mostró la foto de Ricardo y Andrea en mi casa, formando su "familia", con Andrea etiquetándome para provocar: "@SofiaPerezOficial, espero que tú y Cami estén bien". Camila me preguntó con su vocecita inocente: "¿Papá ya no nos quiere?". En ese abrazo desesperado, la verdad me golpeó: Ricardo nunca nos había amado, solo fuimos un error en su vida perfecta. Por última vez, obedecí una de sus órdenes, asistiendo a la gala de Andrea. Allí, me enteré de la cruda verdad: mi matrimonio fue una trampa, un sacrificio para liberar a Andrea de un matrimonio forzado. Yo fui el chivo expiatorio en su farsa. Ricardo me entregó una carta de disculpa, exigiendo que la leyera en voz alta, para limpiar su nombre y el de Andrea. Pero la Sofía que había lamido el vómito y había sido humillada ya no existía. "Claro", dije con una sonrisa serena. "Lo haré". Con una calma aterradora, subí al escenario, lo hice firmar un documento sin leer, y leí cada palabra de esa humillante carta. Luego, con la espalda recta, bajé. Dejé a mi hija en su auto alquilado y nos dirigimos al aeropuerto. "Nos vamos lejos, mi amor", le susurré a Camila, "a un lugar donde nadie pueda volver a hacernos daño. A empezar de nuevo". El avión despegó. Mi guerra había terminado. Y yo, por primera vez, había ganado.

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Un Destino Cruel: Amor en Cautiverio

Un Destino Cruel: Amor en Cautiverio

5.0

El olor a pintura, cemento y el bullicio de Tepito eran el mundo de Sofía, una artista que plasmaba en murales los rostros olvidados, exigiendo justicia con cada trazo. Un día, su vida dio un giro brutal cuando "El Patrón", el temible dueño de la ciudad, se fijó en su talento y, sin dudarlo, la secuestró para convertirla en su "artista personal". Enjaulada en un palacio de oro y miedo, Sofía se vio forzada a fingir amor y adaptarse a un infierno de lujo y crueldad, sobreviviendo a base de engaños, manipulaciones y sacrificios impensables, incluso el de su inocencia y parte de su alma. ¿Por qué ella? ¿Por qué esta cruel paradoja la obligaba a pintar la jaula que la aprisionaba mientras el odio crecía en su pecho? ¿Por qué el hombre que creyó su única familia, Mateo, se convirtió en una sombra indescifrable? Pero el golpe más devastador llegó cuando Mateo le reveló la verdad: sus padres no murieron en un accidente, fueron asesinados por "El Patrón". Y su abuela, Doña Elvira, lo sabía todo, preparando el terreno para una venganza que trascendía generaciones. Con la verdad revelada y el fuego de la venganza ardiendo, Sofía, con la astucia de un depredador y la ayuda leal de quienes amaba, se preparó para tomar el trono, no para gobernar, sino para quemar el imperio de sangre de su captor hasta los cimientos.

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Mi Venganza Nace del Amor Roto

Mi Venganza Nace del Amor Roto

5.0

Hoy, mi algoritmo "Anima Conexión" debía elegir a mi socio. En mi vida pasada, este mismo día fue el inicio de mi infierno. Lo manipulé para que Ricardo Montemayor, el hombre que yo amaba con locura, fuera el elegido. Juntos construimos un imperio, solo para que él me despidiera y me humillara públicamente, acusándome de ser una farsante. "¡Por tu culpa, Sofía tuvo que casarse con otro y sufrir! ¡Ella era el amor de mi vida y tú te interpusiste con tus trucos! ¡Ahora paga por tus pecados!" me escupió, revelando su traición. Lo perdí todo: mi empresa, mi fortuna, mi dignidad. Morí sola, con el corazón roto, mientras Ricardo y Sofía anunciaban su compromiso. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo mi amor pudo cegarme ante su verdadera naturaleza? Pero el destino, o la energía de mi abuela, me dio una segunda oportunidad. Desperté de nuevo, con todos los recuerdos intactos. Esta vez, "Anima Conexión" elegiría libremente. Ricardo volvió a aparecer, tan arrogante como siempre. "Todos aquí sabemos que yo soy la única opción lógica. Saltémonos el teatro y anuncia mi nombre." Pero ya no era la misma Ximena. Mi algoritmo estaba listo para revelar la verdad, y yo, para enfrentarme a mi pasado.

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Los Cincos Puntos Misteriosos

Los Cincos Puntos Misteriosos

5.0

El olor a antiséptico del hospital es el último recuerdo de mi vida anterior. Mi constructora familiar, el sueño de mi padre, quebró, y mis padres, ya mayores y enfermos, quedaron en la ruina. La única esperanza era ganar el prestigioso concurso de diseño urbano para pagar sus cirugías, pero Camila, mi eterna rival e hija del hombre que nos lo quitó todo, siempre me superaba por "cinco puntos" . Luché con alma y vida, noches sin dormir; pero Camila ganó, y mis padres, sin esperanzas, murieron poco después, yo les seguí, mi corazón dejó de latir del dolor. ¡Hasta que abrí los ojos! Estaba de vuelta en mi pequeño cuarto, un día antes de la entrega final del concurso, con el amargo mensaje de Camila en mi teléfono: "Sofía, ¿lista para perder mañana? Siempre serás la segunda." La rabia y la humillación de la vida pasada me inundaron; las "derrotas" previas, siempre por cinco puntos, no eran coincidencia, y cada burla de Camila sobre mi "mediocridad" y el destino de mis padres me taladraba el alma. El día del concurso, cambié los asientos para que Camila no hiciera trampa, pero aun así, ¡ella volvió a ganarme por cinco puntos! La desesperación me invadió, hasta que, al ver a mi exnovio Miguel, cómplice y ahora pareja de Camila, recordar su "regalo" y su extraña advertencia de no "mojarlo". Ahí lo entendí, un dispositivo de escucha en mi collar, ¡Miguel era la clave! Me habían estado engañando, robándome cada idea. Pero lo más doloroso fue cuando, al deshacerme del collar, Camila volvió a ganarme por cinco puntos y se burló de mis padres enfermos, revelando que el fraude era más profundo, una estafa orquestada. Esta vez, no iba a caer. Si no podía ganar limpiamente, me aseguraría de que ella tampoco lo hiciera. En el concurso de becas, entregué un examen en blanco, exponiendo su sistema: ¡Camila sacó un "cinco" ridículo! Su juego de manipular los "cinco puntos" quedó en evidencia, ¡y ya no me volvería a llevar! La jugada era mía y su imperio de mentiras caería ante la verdad de cómo se levantó sobre las ruinas de mi familia.

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Renacer de salto de puente

Renacer de salto de puente

5.0

Mi médico suspiró, confirmando lo inevitable: mi leucemia estaba en etapa terminal, y yo solo anhelaba la paz de la muerte. Para mí, morir no era una pena, sino la única liberación de una culpa que nadie, excepto él, entendía. Luego, mi teléfono sonó, y la voz fría de Mateo Ferrari, mi jefe y antiguo amor, me arrastró de nuevo a un purgatorio autoimpuesto. Cinco años atrás, en los viñedos de Mendoza, su hermana y mi mejor amiga, Valeria, me empujó por la ventana para salvarme de unos asaltantes. Su grito y el sonidFmao de un disparo resonaron mientras huía, y cuando la policía me encontró, Mateo me sentenció con un odio helado: "Tú la dejaste morir. Es tu culpa." Desde entonces, cada día ha sido una expiación, una condena silenciosa bajo la crueldad de Mateo. Él me humillaba, me obligaba a beber hasta que mi cuerpo dolía, disfrutando mi sufrimiento como parte de esa penitencia interminable. Mi existencia se consumía bajo su sombra, una lenta autodestrucción en busca del final. La leucemia era solo el último acto de esta tragedia personal, la forma final de un pago que creía deber. ¿Por qué yo había sobrevivido para cargar con esta culpa insoportable y el odio de quienes una vez amé? Solo ansiaba el final, la paz que la vida me había negado, el perdón de Valeria. Una noche, tras una humillación brutal, una hemorragia masiva me llevó al borde de la muerte. Sin embargo, el rostro angustiado de mi amigo Andrés, y la inocencia de una niña que lo acompañaba, Luna, me abrieron una grieta de luz inesperada. ¿Podría haber una promesa más allá de la muerte, una oportunidad para el perdón y una nueva vida que no fuera de expiación?

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Él me engañó con su secretaria y yo los destruí

Él me engañó con su secretaria y yo los destruí

5.0

Había estado casada por tres años y nunca me había dado cuenta de que mi esposo tenía una amante a quien adoraba, hasta que el día de mi inseminación in vitro recibí un correo electrónico anónimo. Este contenía un video donde él y su amante hacían el amor apasionadamente durante toda la noche. Después, él le decía a esa mujer: "Ojalá fueras tú quien estuviera embarazada. Solo con pensar que es Doreen quien está esperando un hijo mío me revuelve el estómago". Más tarde, todo sucedió como él deseaba, pero perdió la cabeza.

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Nueve matrimonios rechazados: me caso con el rival de mi ex

Nueve matrimonios rechazados: me caso con el rival de mi ex

5.0

Faltaban apenas quince minutos para que cerrara el Registro Civil. Era la novena vez que Amelia esperaba en vano para casarse. El celular sonó, pero no era su prometido, Kayson. Era su asistente, informando con frialdad que la boda se cancelaba porque Kamila, la hermanastra de Amelia, se había torcido el tobillo. Kamila. Siempre era ella. Por su culpa, Amelia había soportado cumpleaños olvidados, aniversarios perdidos y, ahora, el día de su boda destruido. Para empeorar las cosas, al volver a casa, su propia madre le exigió que le pidiera disculpas a Kamila por su "falta de empatía" y por haber "avergonzado" a Kayson con su rabieta. Su familia no la amaba; solo la veían como un peón que debía agachar la cabeza y soportar las humillaciones en silencio. La ironía le oprimía el pecho. Había desperdiciado años esperando a un hombre que siempre corría a los brazos de otra, atada a una familia que la despreciaba abiertamente. ¿Por qué debía seguir siendo la idiota sumisa que siempre perdona y espera? La gigantesca piedra que la asfixiaba por fin se rompió. Amelia le envió un último mensaje a Kayson: "Se acabó", y eliminó su contacto para siempre. Sin dudarlo, salió al frío viento de Nueva York y llamó al mayor enemigo comercial de su ex, el despiadado multimillonario Garrett Thornton. "Señor Thornton, ¿su oferta de matrimonio sigue en pie?" Diez minutos después, un Maybach negro se detuvo frente a ella, y Amelia se casó con el hombre más peligroso de la ciudad.

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La Esposa Descartada: El Ascenso de una Leyenda Legal

La Esposa Descartada: El Ascenso de una Leyenda Legal

5.0

Por tres años, renuncié a mi vida como "Némesis", la abogada invicta, para ser la esposa perfecta del fiscal estrella de la Ciudad de México, Santiago Vargas. Cambié mis expedientes legales por libros de cocina, creyendo que podía sanar al hombre que amaba. En nuestro aniversario, llegó a casa borracho, me besó desesperadamente y susurró el nombre de otra mujer. "Valeria", suspiró. "Sabía que volverías a mí". Pero el veredicto final sobre nuestro matrimonio llegó en un restaurante. Cuando un mesero derramó una jarra de café hirviendo, Santiago no dudó. Se abalanzó para proteger a su exnovia, Valeria, de unas cuantas gotas. El resto de la jarra cayó sobre mi brazo, causándome quemaduras de segundo grado. Él entró en pánico por las leves marcas rojas en la mano de Valeria, llevándola de urgencia a un hospital privado. Ni siquiera miró mi piel ampollada. Solo me entregó su tarjeta de crédito. "Toma un taxi a urgencias", dijo. "Te llamo al rato". Ese fue el momento en que la esposa devota murió. Salí de ahí y nunca miré atrás. Tres meses después, me encontraba frente a él en un tribunal, representando al hombre que él estaba procesando en el caso más importante de su carrera. No tenía idea de que la tranquila ama de casa que había desechado era la leyenda legal conocida como Némesis. Y estaba a punto de destruir su perfecto e impecable récord.

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Él creyó que lo soportaría callada

Él creyó que lo soportaría callada

5.0

En nuestro quinto aniversario, encontré la memoria USB secreta de mi esposo. La contraseña no era la fecha de nuestra boda ni mi cumpleaños. Era el de su primer amor. Dentro había un santuario digital para otra mujer, un archivo meticuloso de la vida que había vivido antes de mí. Busqué mi nombre. Cero resultados. En cinco años de matrimonio, yo solo fui un reemplazo. Luego, él la trajo de vuelta. La contrató en nuestra firma y le dio mi proyecto más anhelado, ese en el que había invertido mi alma durante dos años. En la gala de la empresa, la anunció públicamente como la nueva líder del proyecto. Cuando ella fingió un accidente y él corrió a su lado al instante, gruñéndome, finalmente vi la verdad. No solo me ignoraba; esperaba que yo soportara en silencio su devoción pública por otra mujer. Pensó que me quebraría. Se equivocó. Tomé mi copa de champaña intacta, caminé directamente hacia él frente a todos sus colegas y la vacié sobre su cabeza.

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Habitación equivocada: Durmiendo con el tío de mi prometido

Habitación equivocada: Durmiendo con el tío de mi prometido

4.6

Faltaban solo unos meses para su boda cuando Isidora abrió la puerta de la suite presidencial del Hotel Plaza. El aire la golpeó como un puñetazo. En la cama king-size, su prometido Kevin estaba jadeando sobre Chantelle, su antigua buena amiga. Al ser descubierto, Kevin no mostró ni una pizca de culpa. Agarró una almohada y se la lanzó con rabia. "¡Bicho raro y horrible! ¡Lárgate!", rugió él, asqueado por las feas gafas y las pecas falsas que ella usaba para ocultar su verdadero rostro. Isidora no derramó una lágrima. Grabó un video en silencio y se marchó. Pero la verdadera pesadilla llegó horas después, en la cena oficial de compromiso. Chantelle fingió ser la víctima frente a todos, y Kevin humilló a Isidora dejándola como una loca celosa. Su propio padre, preocupado solo por los millones de la fusión empresarial, la agarró del brazo. "Si arruinas este acuerdo, haré que exhumen la tumba de tu madre", la amenazó sin piedad. Isidora se quedó sola bajo el candelabro, tragándose las risas y burlas de la alta sociedad. ¿Por qué tenía que ser ella el cordero de sacrificio? ¿Por qué debía permitir que pisotearan su dignidad y la memoria de su madre? Una calma gélida recorrió sus venas. Sacó su celular, hackeó el sistema audiovisual del salón y presionó un botón. El video de la infidelidad estalló a todo volumen en la pantalla gigante de tres metros. Mientras el pánico destruía a los Garrison, Isidora levantó la vista y se encontró con los ojos de Cedrick, el despiadado y temido tío de Kevin, el mismo extraño con el que se había acostado por venganza la noche anterior... y él le sonrió.

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La Novia Sustituta

La Novia Sustituta

4.8

Charles tenía novias diferentes cada día del año, nunca salía con la misma chica. Su nombre había sido vinculado a innumerables mujeres. Autumn, por su parte, se vio obligada a casarse con Charles sustituyendo a su hermana, quien se había escapado. Su único deseo era divorciarse después de un año. Ninguno de los dos había esperado que se enamoraran el uno del otro. Tampoco esperaban que el mundo entero los desafiara. Una ex novia quien causa problemas cada dos por tres. Una hermana fugitiva quien regresa con la intención de recuperar a Charles. Una suegra que siempre se entromete en sus momentos íntimos. ¿Te gustaría leer más? ¡No dudes! ¡Vamos allá!

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Ojos Robados, Corazón Roto

Ojos Robados, Corazón Roto

5.0

Corrí por los pasillos estériles del hospital, con el corazón desbocado. Después de semanas de oscuridad, Ricardo, el amor de mi vida, por fin había despertado. Al llegar a su puerta, grité su nombre, las lágrimas de felicidad nublando mi vista. Pero en la habitación, junto a mi prometido, estaba Isabel, la hija de una de las familias más ricas de la ciudad, con una sonrisa de triunfo. «¿Quién eres tú?», me soltó Ricardo, con una voz helada que no reconocí. Luego de 15 años juntos, me miraba con mis propios ojos, los ojos que le doné para que pudiera volver a ver. «Mi prometida está aquí, aléjate», añadió, y mi mundo se vino abajo. Isabel, con falsa compasión, me dijo: «Sé que siempre te ha gustado Ricardo, pero eres solo una sirvienta de nuestra casa. Por favor, no lo molestes». «¿Sirvienta?», susurré, confundida. Su madre, con una risa cruel, sentenció: «Mi hijo jamás se comprometería con alguien como tú. Isabel es su prometida, ella le donó las córneas». La hermana de Ricardo añadió: «Eres una trepadora. Pensaste que con el accidente podrías aprovecharte. La gente como tú siempre tiene su lugar. Y el tuyo no es aquí». La humillación me quemaba. Me habían robado a mi hombre, mi sacrificio, mi identidad. «¡No! ¡Eso es mentira! ¡Yo le doné mis ojos! ¡Ricardo, tienes que recordarme!», grité. Pero su madre ordenó a seguridad que me sacaran al grito de: «¡Vuelve a la mansión ahora mismo! ¡Tienes que preparar la cena! ¡Es lo único para lo que sirves!». Él solo me miró con indiferencia mientras me arrastraban fuera, rompiéndome el corazón. Atrapada en esa mansión, me obligaron a cocinar para los que me habían destruido. Un día, Isabel derramó té caliente sobre mí y Laura, su hermana, me empujó contra la estufa. Yo, con la piel ardiendo, susurré: «Por favor, necesito algo para la quemadura». Laura se rio: «Deberías estar agradecida de tener un techo. Limpia ese desastre. Ricardo tiene hambre». «Por favor, solo déjame hablar con él. Él me escuchará», supliqué. Entonces, Laura me empujó de nuevo, y mi mano chocó con la olla caliente. «¡Ya basta!», gritó una voz, era Ricardo, con el ceño fruncido. Isabel y Laura mintieron, diciendo que me había quemado sola y que estaba obsesionada. Él se acercó y, sin dudarlo, me soltó: «No sé quién eres, pero ya me cansé de tus mentiras y tu escándalo. Isabel es la mujer que amo. Tú no eres nadie». Me agarró el brazo herido. «No vuelvas a molestar a mi familia». Me soltó con un empujón. El hombre que me prometió amor eterno, me trataba como basura. Ese día, mientras limpiaba, vi cómo desenterraban los cactus, el símbolo de nuestro amor. «¡No! ¡Deténganse! ¡Son míos!», grité, defendiéndolos. Isabel se burló: «Nada en esta casa es tuyo. Eres una empleada. Quítate o te despido». Ricardo apareció y, con rabia, empezó a arrancar los cactus con sus propias manos. Me lanzó uno, las espinas se incrustaron en mi brazo. «¡No quiero volver a ver tu cara en esta casa!», me gritó. «Lárgate. Estás despedida», sentenció Isabel. Me arrojaron mis cosas a la calle. Me quedé allí, en la acera, arrodillada, mi vida reducida a cenizas y espinas. ¿Cómo pude perderlo todo por la amnesia de él y la malicia de ellos? Debería haber muerto en ese terremoto. Un día mi esposo me amó, me adoró, y al día siguiente me golpeó y me echó a la calle. Me encontró Eduardo, el primo de Ricardo. Me miró con compasión, curó mis heridas. «Cásate conmigo», me dijo. «Te protegeré. Nadie volverá a lastimarte». Asentí, sin entender aún por qué. Pero esa noche, Ricardo encontró algo que podría cambiarlo todo: un viejo álbum lleno de fotos nuestras.

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La redención de la viuda billonaria

La redención de la viuda billonaria

5.0

Durante tres años, mi esposo, Mateo Garza, tuvo disfunción eréctil. O eso me dijo él. Fui yo quien lo sacó de un coche en llamas, y este matrimonio fue su promesa de atesorar las manos que lo salvaron. Pero esta noche, lo escuché hablando con mi cuñada, Valeria. Confesó que su condición era una mentira para evitar tocarme, y que siempre la había amado a ella. Nuestro matrimonio era solo una farsa para complacer a su abuelo. Las traiciones no pararon. Afirmó que fue ella quien lo salvó. Me abandonó durante un deslave para rescatarla a ella. Cuando desperté en el hospital con las costillas rotas, me pidió que donara piel de mi pierna para arreglar un rasguño en la cara de ella. Quería mutilar mi cuerpo por la mujer que me robó la vida, la mujer que llevaba a su hijo secreto. Mi amor era una carga, mi sacrificio un chiste del que se reían a puerta cerrada. Entonces descubrí la verdad final, la que me destrozó el alma: nuestra acta de matrimonio era falsa. Nunca fui su esposa, solo un reemplazo. Esa noche, tomé mi teléfono y llamé a la única persona de la que él me había advertido que me alejara. —Álex —susurré, con la voz rota—. Necesito irme. ¿Puedes verme en Europa?

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La falsa esposa del multimillonario, mi venganza

La falsa esposa del multimillonario, mi venganza

5.0

Después de tres años en el extranjero, volví a casa para darle una sorpresa a mi esposo secreto, el multimillonario tecnológico Ricardo Villarreal. Por fin era el director general del imperio de su familia, y yo creía que nuestra vida juntos estaba a punto de comenzar. Pero la sorpresa me la llevé yo. Lo primero que supe no fue por él, sino por las noticias de última hora: Ricardo estaba comprometido con una influencer llamada Valeria Torres, su supuesto amor perdido de la infancia. Mi mundo se hizo añicos cuando vi su foto. Tenía mi cara. Entonces la verdad se desveló, cada pieza más espeluznante que la anterior. Valeria era mi media hermana. Nuestro matrimonio de tres años era un documento falso, una obra cruel que él montó porque yo era un sustituto conveniente para la mujer con la que en realidad estuvo casado todo este tiempo. No era solo un mentiroso; era un monstruo. Me atrajo a un hospital con el pretexto de cuidarme, solo para revelar su verdadero plan: obligarme a un trasplante de tejido para salvar la vida de Valeria. Pero mientras yacía en esa cama de hospital, prisionera a la espera de ser despojada de mis órganos, grabé una conversación que convirtió mi dolor en furia ciega. No solo me habían robado a mi esposo y mi futuro, habían asesinado a mi madre. Pensaron que yo era una víctima de la que podían deshacerse. Estaban a punto de descubrir que yo sería la arquitecta de su ruina.

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De Ahogada a Amada: Una Segunda Oportunidad

De Ahogada a Amada: Una Segunda Oportunidad

5.0

Entré al Registro Civil, lista para hacer pedazos mi solicitud de matrimonio. Se había acabado. Horas antes, había despertado en la cama de un hospital. Mi prometido, Alejandro, estaba a mi lado, con una máscara de fastidio en el rostro. Me ordenó que le pidiera perdón a Kenia, la mujer que acababa de empujarme a un lago helado, casi matándome. A través del agua turbulenta, había visto a Alejandro pasar nadando a mi lado, directo hacia Kenia, que fingía ahogarse. Él se creyó sus mentiras, acusándome de haberla atacado, a pesar de la herida que casi me cuesta la vida. Ignoró mi dolor, mi sacrificio, mis años de lealtad. Todo por una mujer que ya lo había traicionado antes. Incluso usó mis propios valores en mi contra, diciéndome que debía "pensar en los demás antes que en mí". Estaba cansada. Tan increíblemente cansada. El casi ahogamiento había sido un bautizo. Por fin lo entendí: no podía arreglar esto. No podía ganar su amor. Cuando volví a casa, él ya le había dado a Kenia mi preciado té de hierbas, ese que usaba para mi dolor crónico. Luego me degradó a ser una invitada en mi propia casa, ordenándome que cocinara para ella. Era hora de quemar el último puente.

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