Libros y Cuentos de Shu Yu
Amor y Venganza en el Tango
El zumbido de la multitud era un himno a mi sueño. Era la final del concurso nacional de talentos, mi momento para brillar, para asegurar el futuro de mi familia. La música del tango, esa que ensayé hasta el sangrado de mis pies, comenzó a sonar, pero no pude moverme. Parada en el escenario, solo veía las caras de mis padres, llenas de angustia, y las sonrisas forzadas de Ricardo y Valeria, mis supuestos mejores amigos y rivales. No era la primera vez. En mi otra vida, esta misma noche, yo bailé, gané, solo para que mi victoria durara menos de 24 horas. Una acusación falsa de fraude, pruebas manipuladas, y una campaña de desprestigio brutal me lo quitó todo. Perdí mi beca, mi reputación, mi futuro. Ricardo y Valeria ascendieron sobre mis ruinas, aceptando mis premios y mi beca, mientras mi familia se hundía. Mi madre perdió su puesto de tamales, mi padre envejeció una década en un mes, y yo… yo terminé bajo las ruedas de un coche, en medio de la lluvia. Y ahora, aquí estaba, de vuelta en el escenario, en el exacto momento en que todo se fue al infierno. El sudor frío me recorrió la espalda, el dolor de esos recuerdos me golpeó. Eran ellos. Ricardo, mi "mejor amigo" , con su ambición disimulada. Y Valeria, su novia, con su vanidad y crueldad. Eran los arquitectos de mi destrucción. Pero esta vez, no sería la víctima. Esta vez, no bailaría. No les daría la satisfacción de verme caer como antes. Dejé caer el micrófono. "Me retiro de la competencia. Y del baile. Para siempre". Observó sus caras, una mezcla de triunfo y confusión. Porque esta vez, la jugada me tocaba a mí. Y no sería la bailarina. Sería la cazadora.
El Retorno del Abandonado
Mi prometida, Sofía Sánchez, me arrastró a un infierno de deudas, destrozando mi vida para cubrir sus vicios. Desde ese momento, la mala suerte se pegó a mí como una sombra: me rompí una pierna, me envenené con agua de la llave, terminé en la cárcel por un crimen que no cometí. Mientras, la familia Sánchez prosperaba: mi suegro ascendió, a mi cuñada le duplicaron el sueldo, y Marco, el bueno para nada amigo de Sofía, se hizo magnate. Mi final fue patético, morí en la calle, abandonado, mi cuerpo devorado por perros callejeros. Sofía y Marco se reían a carcajadas al cobrar mi seguro. "Miguel Ángel, qué bueno que ese chamán que encontraste le chupó toda la suerte...", dijo Sofía. Marco, burlándose de mi cadáver, la tomó por la cintura. "Gracias, cuñado, ahora la lana y la vieja son mías". "¡Mírame desde el más allá, gastando tu dinero, durmiendo con tu mujer y criando a tu 'hijo'!" Cuando abrí los ojos de nuevo, el mundo giraba, pero estaba de vuelta en el día de mi boda. "¡Plaf!" La bofetada de Sofía me aterrizó, confirmando que no era un sueño: había renacido. Mis oídos zumbaban, frente a mí los flashes de las cámaras, su cara retorcida por el asco. "La peor suerte que tuvo mi abuelo fue haberte salvado a ti", susurró, clavándome las uñas. "¿Hasta en tu propia boda te puedes distraer? ¡Qué inútil!" Agaché la cabeza, una sonrisa fría se dibujó en mis labios. Esta vez, el director de la obra ya no sería ella.
La Musa Rota del Bailaor
Una vez fui la musa del célebre bailaor Javier Reyes. Nuestra vida en Sevilla era el cuento de hadas perfecto, admirado por todos. Todo se desmoronó: una foto revelaba su abrazo con otra. Mi collar, idéntico al de Sofía Moreno, su bailaora estrella. Una noche, los oí, él susurrando que ella era su "verdadero duende". Las mentiras y manipulaciones me asfixiaron. Luego, el milagro: estaba embarazada. Pero en un cruel accidente, él la salvó a ella y a su hijo a costa del nuestro. Perdí a mi bebé. La verdad me golpeó: yo no era su musa, sino un accesorio en su teatro de engaños. La traición, la pérdida y su hipocresía pública encendieron una furia gélida. ¿Cómo pude amar una mentira tan vil? Dejé mi anillo y escapé. Pasaron años, reconstruí mi vida y hallé nueva esperanza. Pero Javier, obsesionado, me encontró. Tras una confesión grabada, me secuestró. Cautiva, me obligó a ser la "madre" de su hijo con Sofía. ¿Hasta dónde seré forzada a llegar para escapar de esta pesadilla?
No Soy Estéril: Mi Hijo, Mi Venganza
Mi nombre es Sofía. Hace tres años, mis piernas sanaron, y con Javier, mi marido, levantamos la bodega que es hoy el orgullo de Sevilla. La vida, a ojos de todos, era perfecta. Pero en la fiesta de nuestro aniversario, Javier me apuñaló el corazón. Entregó mi pulsera de diamantes, su propio regalo, a una joven aprendiz, Isabel. Pocas semanas después, Isabel anunció que estaba embarazada de él. Mi mundo se desmoronó. Isabel se instaló en mi casa, en mi cama, y el abuelo de Javier, Don Alejandro, me humillaba sin piedad por mi supuesta infertilidad. La peor parte llegó cuando descubrí la verdad: Isabel me había estado envenenando con un difusor, causando mi esterilidad. Cuando quedé embarazada, un milagro, la familia me acusó de brujería, y Javier, el hombre que prometió amarme siempre, se apartó. Me dejaron sangrando en el suelo, perdiendo a nuestro bebé, mientras él corría tras la mentira de Isabel. ¿Cómo pude no ver su crueldad? ¿Quién era yo en esta farsa? Justo entonces, Mateo, mi rival de negocios, apareció. Con un abrazo, destrozó la farsa de Javier y reconstruyó mis recuerdos robados: yo no era estéril, tenía un hijo, Leo, con Mateo. Recuperé la memoria. Ahora, la guerra acaba de empezar.
Más Allá del Abismo: El Arte de mi Segunda Vida
Miraba mi andamio, mi proyecto final, mi boleto a Florencia. Valeria, mi compañera de piso, emergió de abajo, sus ojos brillando con una mezcla de miel y veneno. «Sofía, ¿no vas a bajar? El profesor Morales dice que tienes muchas posibilidades de ganar la beca». La beca, mi sueño, el mismo que ella codiciaba. Intenté moverme, pero el andamio se bamboleó. Esa parte suelta, la que ella "amablemente" me ayudó a ajustar. «Valeria, ¿qué has hecho?». Su sonrisa se torció en una maldad que nunca antes había visto. «Solo te ayudo a alcanzar el cielo, Sofía. Ya que tanto te gusta mirar a todos por encima del hombro». Con un empujón final, el andamio se derrumbó. La caída fue brutal. Mientras la oscuridad me envolvía, solo pensaba en cómo me lo había robado todo: mi estilo, mis ideas, mis amistades, a Javier, mi vida. Abrí los ojos de golpe. La luz del sol de Madrid entró por mi ventana. Estaba viva. No había dolor, no había sangre. El calendario en mi móvil marcaba el día. El día en que todo comenzó a desmoronarse en mi vida anterior, el día en que Valeria apareció por primera vez con una imitación barata de mi vestido. En mi vida pasada, guardé silencio, sutil. Ese error me costó la vida. Esta vez, no habrá sutileza. No habrá piedad.
