trataba de apaciguar mi pensamiento, me oprimía el pecho
intranquilidad, me revolvía en las sábanas, me sentaba, fumaba, encendía y apagaba la luz... Cuando la encendía, no vislumbraba más que sombras... C
a fija. Yo lo sabía perfectamente... Y lo que supiera era esto,
ibón de Tucker
Yo lo ignoraba asimismo. Comprendía únicamente que eso debía ser Algo Terrible, macabramente terrible, diabólicamente terrible. Sería como una inconmesurable esfera de barro que de
Tampoco sabía yo eso!... Mas nunca, jamás me sentí tan agitado, ?y con tanta ra
de Tucker t
o sabía que estaba so?ando. ?Y sin embargo no podía dormirme!... ?Quién hubiera
?Qué venía a buscar a mi habitación ese espía odioso?... Yo lo maldije
e al in
la puerta. Al cerrarla dio un chillido, porque se apretó la col
día. Era un desayuno de hirviente sangre humana, y yo no p
en la mesita de luz, porque estaba muy resfriado. Tan resfriado que la respiración se me había detenido por com
ía me estuv
iene la culpa! todo el
a que nunca. Comprendí que debía ver a Tucker para enro
trella, que era como la cabeza de un clavo, yo la había arrancado del cielo con mi propia mano, parándome en puntas de pies y estirando enormemente el brazo
aminar levantando la tela del cielo con las manos, como dentro de una carpa de techo muy bajo. ?Era esto muy incómodo! Mas sucedió lo que debía suceder. Caído el cielo sobre las luces d
o. La tierra se había hundido en un abismo sin fin y yo seguía corriendo por el plano vacío que ant
ndose y rearticulándose como títeres. Yo mismo me daba cuenta de que perdía en el camino, ora un pie, ora un brazo, ora parte del tronco... No me tomaba el trabajo de recoger estos órganos cuando los veía caerse, y los dejaba detrás de mí, porque iba mu
ron con gestos extravagantes, quién sacándome la lengua, quién escupiéndome una ranita verde en la c
muchas veces aquella dilatadísima ciudad de punta a punta. (Y digo ?dilatadísim
la puerta de una casa de dos piso
CK
cur
me dije inm
ás allá de la puerta de Tucker. Así un automóvil a toda velocidad no puede detenerse de repente, aunque el ?chauffeur? des
a sin poder pararme, me volví a encontrar ante la casa de Tucker. Justo
te. Ahora parecía una ruina y una cueva. Pero no había c
CK
cur
ue retumbaron como truenos y
ije, persignándome a
ojo fulgor de los relámpagos producidos por los aldabonazos, en medio de una profunda obscuridad, me gu
casa tan baja, de dos pisos, tenga una escalera tan
me puse a contar los escalones... Al pasar de los quince mil perdí la cuenta y me sentí un poco
os, el techo, el piso, todo de un blancor de nácar. No habla allí muebles ni puertas, ni personas, ni el más leve objeto, mancha o sombr
o la reconocí en seguida. Era Nanela. Era una alta y hermosísima mujer pálida-la más alta, más hermosa y más pálida mujer del mundo,-toda vestida de blanc
os que te estoy e
la abracé, la besé en sus
?Pobre Nanela!...
ó ella-que el pérfido de Tucker,
de asombro.-Yo creía q
es centellantemente bl
un extra?o, otras mi tío y tutor
iertísimo-agregué atemorizado-que él está en el fondo de la casa, mirá
hándose apresuradamente una mantilla de
yam
amplia escalera de mármol blanco, de la escasa a
ho más alta, obscura y de car
se la baja, esa escalera es como mil
os... ?Qué tenía qu
aunque rígidas e inmobiles, hacíannos al pasar muecas y gestos, unas veces de paz
unté a mi amada-que en es
llo. Sus habitantes s
la idea de que Tucker fuera, ?al mismo tiempo! procurador y noctámbulo. Por
ura está
las encontré, me había olvidado de lo que quería contar. Por eso guardé un largo silencio, en el cual me di
ede explicarse cómo amaneció de pronto, en cuanto e
n sus sepulcros al aparecer la luz indiscreta. Com
iglesia, entramos a c
la
cho, con dientes como de perro o de lobo. En su boca estaba siempre estereotipada la doble risa de un hombre satisfecho de su mesa y de sí mismo. No era más alto que mis rodillas. Para alcanzar al santo tabernáculo tenía que subirse a un banquillo que le colocaba al efecto el sacristán. Cuand
a iglesia, me
ue irnos lejos, muy lejos. Pues ten por seg
onte
cé hondísimo suspiro, exclamando:-?Oh, miserable Tucker! ?oh Tuck
yam
elta al mundo, como si arrolláramos un hilo

GOOGLE PLAY