de las haciendas esparcidas sobre la orilla del Paran
ía una especie de ogro insaciable. Este ogro atravesaba todas las noches el río a nado, apoderábase de una res cualquiera, y se la devoraba viva, ?se la tragaba íntegra!... Y lo peor del caso era que, cuando no encontraba reses sino ?cristianos?, tragábase lo mismo a los ?cristianos?. De otro mo
metido en el asunto. Sería el p
ombre propio. Llamábasele ?el Chucro?, sin que n
rido y sus hijos ayudados por los gendarmes, buscáronla sin descanso, hasta en las i
policía para que diese una nueva ?batida? en las islas. Buenos burgueses comerciantes, ellos no creían en las supersticiones populares. Para e
las islas donde debía habitar el ogro. Acompa?ábalo un corto piquete de cuatro o cinco hombres. Todos iban murmura
los trajera, a través de una tupida selva de helechos, ceibos y espinillos. Después de andar una considerable distancia, extraviáronse ambos completamente. Y mientra
ataban codo con codo, lo registraban y le quitaban el revólver... Pidió gracia por la vida... Nadie le contestó... Pero un violento puntapié lo obligó a levantarse... Vio entonces que tenía enfrente un gaucho forajido. Era el gaucho alto,
Pe?álvez-y lo obligó a que le siguie
ase un misérrimo ranchito de barro, ramas y paja. A primera vista todo parecía desoladamente desierto; ni se oía ladrar un perro... Mas, fijándose mejor, vio Pe?álvez que al borde del arroyo,
esclava. Pues antes, en la vida civilizada de la estancia de don Lucas, había sido la gallega más gru?ona y colérica. Respondía a su marido, pegaba a sus hijos, insultaba a los peones, encarábase con el mismo patrón
runcimiento de cejas; pero no dijo palabra, esperando en
con
o, bajando
z, el escribien
ntra un árbol, y, después d
dá entretanto de ese maula para que no se escape. Tomá la
i emanasen de un dios, ?ella, que antes impusiera siempre su voluntad a su marido y le mandara a modo de due?a. Hasta a don Lucas, un sol
rsela... Al efecto, tomó la actitud más triste, dejando correr las lágrimas del miedo. Pe
iera en acecho. Ella tomó la pala de hierro, se sentó
vez se atrevió a hablarle y le dijo muy
o me cono
lbando como si
la policía y amigo de don Lucas. ?No
nuaba sin
buena debes ayudarme... Nos escaparemos
en su mism
e y por mi salvación, que te regalaré los cinco mil pesos que tengo en el banco!.
lbaba s
an buscado de día y de noche... Se les ha dicho que has de haber muerto ahogada
impasi
a hija del capataz, por ejemplo... Si tú vuelves impedirá
o quien oye
to; dice que no volverá a tener otra cocinera como tú... Y esa Juana es una desfachatada, que provoca sin
como a
tiene quien lo cuide!... La que está hecha una se?orita es tu hija mayor, la Pepeta. Ha cumplido los quince a?os y se ha puesto vestido largo...
, como si nada
si quieres volver... Se sabe que el Chucro te rob
empre lo
ciones... Además, cualquier día, en un momento de rabia, el Chucro te matará de una pu?alada... ?Ya que no por mí, por tí misma, Pepa, que siempr
largas horas, sin que Pepa la Gallega pareciera ap

GOOGLE PLAY