ló de fantasías que nunca debieron ver la luz. Pero en el fondo, Elliana era una soñadora,
lla y lo abofeteó sin pensarlo. Con reflejos felinos, él reaccionó, lo que hizo que Elliana perdier
su espalda, brillante como la seda bajo la luz t
ince años, había sostenido la farsa de ser una joven enfermiza y frágil, de cabello
e no esperaba. Su cabello resplandeciente enmarcaba un rostro donde todavía se adivinaba la
de maquillaje para ocultar un rostro desfigurado. Algunos incluso juraban
un rastro de base de maquillaje. Lo que descubrió debajo no fue una piel imperfect
armoniosas y unos ojos que brillaban con una profunda intensidad, como estrellas atrapadas en la noche. Bajo el pesado
oco agraciada que había aparecido de la nada resultaba
de Cole y una punzada de arrepentimiento la invadió. Debería
ía lo equivocada que estaba. Aquel hombre era impredecible y salvaje, un péndulo que oscilaba entre el caballero refinado y el canalla temerario, imposible de descifrar. Podía llevar
ado. Estaba lista para recuperar su identidad y mostrar su verdadero yo. Pero después de conocer a Cole, comprendió
io. "¿Se puede saber
"Solo... no quería que tuv
tre, tu cuerpo es otra historia. Apagaré las
scuras y sintió un nudo en el estómago. Lo decía completament
de pánico, corrió hacia el balcón, pero las pesadas capas del vestido de novia la entorpecieron. Rápi
le gritaba que se arrancara el vestido, lo arrojara a un
ole?, espetó Elliana, con
su rostro maquillado como un desastre. Pero Cole ni siquie
ento rozándole el cuello como una advertencia. Su tono de voz bajó, vol
rdó
a alguien a escuchar tras la puerta. Si no montamos una pequeña función, es
ana, frustrada. "Si tanta falta
nada de furia. En la penumbra, la sonrisa de Cole se volvió aún más diabólica mientra
estremeció bajo su cuerpo, sintiend
os que había al otro lado de la puer
hacia ella, su aliento rozándole el oído mientras decía con un tono cargado
Cole, sintiendo que ya había sido suficiente, levantó las
ó el interruptor, inundánd
recerrara los ojos. Su vista tardó un moment
l suelo, con el pelo revuelto y el vestido de novia amontonado a su alre
o, ¿piensas quedarte ahí tirada? Empiezo a preg
ó a responder. Se levantó del suelo, arrastrando el p
llave, se arrancó el sofocante vestido y se puso un chándal negro. Lo sintió como una armadura: li
e quedó helada. Lo que fuera que espe