Libros y Cuentos de Sky
El Retorno de Sofía
El olor a gasolina y el grito de mi Luna. Eso fue lo último que recordé. Atrapada en el coche, vi a Ricardo, mi esposo, afuera bajo la lluvia, impasible, mientras los hierros retorcidos me perforaban la pierna. A su lado, mi prima Laura sonreía cruelmente. Acababa de heredar una fortuna y ellos lo querían todo. Me di cuenta de que habían planeado esto. Todo. Cerré los ojos, jurándome venganza si había otra vida. Y de repente, los abrí. No había humo, ni dolor. Estaba en mi sala, Luna en mis brazos, jugando con un cochecito de plástico. Todo era exactamente igual al día en que llegó la herencia. Mi teléfono vibró con un mensaje del banco: "Estimada Sra. Sofía, se ha realizado una transferencia a su cuenta por 20,000,000 de pesos." Había vuelto. Había regresado al pasado. La ira y la determinación me invadieron. Esta vez, iba a proteger a mi hija. Iba a salvar mi negocio. Y esos dos pagarían por lo que me hicieron. Esta vez, yo tenía el control.
La Abogada Traicionada: Renace Fénix
La noche en que Ricardo Méndez ganó el premio al "Abogado del Año", nuestra casa en Polanco era el epicentro del glamour de la Ciudad de México. Todo parecía perfecto. Pero entre el tintineo de copas y las risas vacías, unas palabras casuales destrozaron mi mundo: mi esposo, el brillante Ricardo, tenía una amante, una joven becaria llamada Valeria. El shock inicial se convirtió en una fría certeza. Miré su sonrisa, sentí el peso de su brazo y entendí que mi papel era el de la esposa engañada y tonta. Cada detalle, sus "viajes de negocios", sus llamadas misteriosas; todo encajó con una precisión horrible. La burla de Valeria, el video explícito, el olor de su perfume en la ropa de mi esposo, e incluso las pastillas que él secretamente puso en mi té. La humillación pública y la traición me quemaron hasta los huesos, pero una determinación feroz se encendió en mí. La abogada que soy, que él mismo forjó, despertó con sed de justicia. El divorcio ya no era suficiente; Ricardo Méndez iba a enfrentar el caso de su vida, y yo, Sofía Ramos, me aseguraría de que lo perdiera todo. Contraté a un especialista en seguridad digital, envié mi primer mensaje: "Necesito tus servicios. Discreción. Ricardo Méndez". Mientras él dormía, ajeno a mi tormenta, yo planeaba la estrategia decisiva.
