img Bajo la Piel del Lobo  /  Capítulo 1 La Sangre de la Luna Vieja | 6.67%
Instalar App
Historia
Bajo la Piel del Lobo

Bajo la Piel del Lobo

Autor: sxtzambrana
img img img

Capítulo 1 La Sangre de la Luna Vieja

Palabras:1536    |    Actualizado en: 28/01/2026

re el laberinto de árboles y sombras que se extendía a los pies de los rascacielos. Gabriel Volkov no era un hombre que soliera mirar el cielo. Sus ojos estaban usualmente fijos

la cima de Apex Capital, ahora yacía en algún lugar sobre la hierba húmeda cerca de la 72nd Street. La camisa de seda, desabrochada y rasgada en un hombro, apenas cubría los músculos que se tensaban y distendían bajo su piel.

ja Sangre lo llamaba, lo arrastraba de su torre de marfil y lo arrojaba a la crudeza de su naturaleza. Había aprendido a gestionarlo, a canalizarlo, incluso a usarlo. Esa furia contenida, esa visión

el depredador. El parque por la noche era un santuario para los desamparados, un parque de juegos para los adictos, y un coto de caza para aquellos como él. La policía de Nueva Yo

ás antiguo, más puro. La mandíbula se le tensó, los dientes de atrás empujando hacia adelante, buscando la forma de colmillos. El vello de su cuerpo se erizó, oscureciéndose, en

n animal. Era un hombre. Un homb

pleto al expandirse su espalda, sus omóplatos crujiendo bajo la presión de la nueva masa muscular. La metamorfosis no era completa. No era un lobo de cuatro patas, aullando a la luna. Él era un cambiafo

encorvada sobre otra. Un drogadicto, por el olor a sudor rancio y la química artificial que se afer

ito ba

los ojos inyectados en sangre y una navaja brillando en su mano. Su cerebro no

balbuceó el drogadicto, su

no por el castigo. La bestia exigía orden, incluso en la oscuridad. Él era el alfa de esta ciudad, y

r la navaja. El golpe de Gabriel no fue con el puño. Su mano, ahora una garra afilada, se cerró sobre la muñeca

elo. El hedor a miedo del hombre era embriagador, casi intoxicante. La bestia en Gabriel se regodeaba. Podía sentir el pulso débil de su víctima,

un asesino sin piedad. Tenía reglas. Tenía una manada a la que proteger, no solo d

los colmillos que apenas podía contener. "Y si te atreves a volv

aleándose, con la muñeca rota colgando inútilmente, y corrió hacia la oscuridad, aterrorizado. Su historia, si algu

ente. Él arrancó un trozo de su camisa rasgada y lo presionó suavemente sobre la herida para contener la hemorragia. Su sentido del olfat

bía pasado, y con él, el pico más agudo de la sed de sangre. La forma humana de Gabriel comenzaba a reafirmarse, los músculos ret

asta asegurarse de que ella estuviera a salvo. Era parte de su deber como Alfa, com

miedo. Un olor a jazmín y algo más, algo eléctrico y a la vez terroso. Un aroma que su bestia in

lor a promesa. A destino. Un aroma femenino, poderoso, que le golpeó con una

u

ente, profunda y ancestra

oma que había irrumpido en su mundo de depredador y control. Pero no vio a nadie. Solo las so

na, aunque el traje estaba hecho jirones. La policía y

ocido. Una promesa, o quizás una sentencia, de que su vida, tan meticulosamente controlada, estaba a pun

edio de una noche de cacería, con las garras aún pulsando y la sangre de la justicia fresca en sus manos. Su mu

Instalar App
icon APP STORE
icon GOOGLE PLAY