l de la pantalla iluminando su rostro concentrado en la penumbra del amanecer neoyorquino. El apartamento, apenas un estudio en el Upper West Side, era un mic
pelo oscuro salpicado de canas y unos ojos amab
agrama de conexiones que había estado construyendo durante meses. Nombres, fechas, transacciones financieras so
más. Pero Sofía nunca lo había creído. Los informes de la policía tenían huecos, los testigos eran inconsistentes, y su padre, un hombre metódico y precavido hasta la obsesión, no encajaba en la nar
para poder investigar de forma independiente. Su reputación como periodista incisiva y tenaz la prece
dad y una agresividad que rozaban lo inexplicable. Las leyendas urbanas lo pintaban como despiadado, un estratega brillante que siempre estaba diez pasos por delante de la c
as guardaba su laptop en un maletín discreto. Se sirvió
sus operaciones. Su currículum estaba meticulosamente alterado para omitir sus trabajos de investigación más controvertidos y enfatizar su experiencia en análisis de datos y organización
e pantalón gris oscuro, impecable y profesional, una camisa blanca de seda y unos tacones bajos. Nada llamativo, nada que desviara la
y una resolución de acero. Su cabello oscuro y liso caía sobre sus hombros, enmarcando un rostro que, aunque atractivo,
nes agresivas en el sector tecnológico y de bienes raíces, todas orquestadas por Apex Capital, que habían dejado una estela de pequeñas empresas
iniestro. Las pistas de su padre eran fragmentarias, un rompecabezas sin resolver, pero había una insistencia en sus
se por entre los rascacielos, pintando el cielo de tonos rosados y dorados. Nueva York se despertaba
uino en la industria financiera. Había memorizado cada informe anual de Apex Capital, cada comunicado de prensa, cada entrevista de Gabriel Volko
o constante que la impulsaba hacia adelante. Al llegar al imponente edificio de Apex Capital, un rascacielos de cristal y acero que parecía pe
ilenciosamente a un vestíbulo con una decoración minimalista, arte moderno en las paredes y vistas panorámicas de
Apex Capital", dijo una recepcionista ru
scara de profesionalidad. "Grac
ador. Era una especie de... resonancia. Un ligero zumbido en el aire, una vibración que parecía emanar de las paredes mi

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