parecía ser una magnitud elástica. La mayoría de los analistas de nivel medio ya se habían marchado, dejando tras de sí u
nforme para el inversor Saito. En su regazo, oculto por el ala del escritorio, sostenía un dispositivo USB del tamaño de una u
ara sí misma. Su corazón golpeaba contr
l. Sofía sabía que era su única oportunidad. El servidor central de la planta ejecutiva tenía una protección biométrica que ella no podía saltar, pero la terminal privada de la oficina de Vo
. Cada paso resonaba en sus oídos como una explosión. Al entrar, el aroma de Gabriel la golpeó de nuevo:
es. Sofía no encendió la luz. Se deslizó detrás del enorme escritorio de caoba y se a
ic
tenuemente. Una barra de progreso a
s... -rogó e
illo, sino de las sombras del rincón más alejado de la oficina, do
algo, seño
de un CEO. Era más baja, más áspera, cargada de una vibración que hiz
chaqueta del traje, y las mangas de su camisa blanca estaban remangadas, revelando unos antebrazos poderosos y venas marcadas. Su cabello es
. Pensé que había olvidado mi tableta aquí después de nuestra reunión. No q
aba aterradora. Se detuvo a escasos centímetros de ella, obligándola a mirar hacia arriba. El calor q
intió como una caricia y una amenaza al mismo tiempo-. Y mis sentidos me dicen que no estás
Sofía podía sentir su aliento en la mejilla. Estaba segura de que él podía
orados se clavaron en los de ella, y por un segundo, Sofía si
tomar una decisión desesperada. Usó la única arma que sabía que p
casi se tocaban. Vio cómo las pupilas de Gabriel se dilataban y e
a pánico-, solo quería ver dónde se sienta el hombre que me trata con tanta f
ndo, exigiendo que dejara de interrogarla y que la reclamara allí mismo, sobre el escritorio de caoba. El ol
ón completa. Pa
ra deslizar su mano hacia abajo y extraer el USB con un
hacia él con una fuerza que le quitó el aliento. Sus manos eran gra
vibrando contra sus labios-. No tienes idea
su propia biología respondiendo al co
que la verdad se perdería en una explosión de instinto. Pero Gabriel, con un esfuerzo de voluntad sobrehumano, la sol
a cena con Saito sea perfecta. Si vuelvo a encontrarte en mi oficina fuera de horario, no
er contra la pared metálica, jadeando. Lo había logrado. El software estaba dentro. Pero el precio había sido alto: ahora sabía que Gabri
nal y la encendió. Revisó los registros. No aparecía nada inusual, su sistema de seguridad no había detectado ninguna intrusión. Sin embargo, s
ró hacia el cristal frío-. Y ni si
ntregado antes de morir. En la primera página, una frase escrita en ruso antiguo decía: "La Luna
o era solo una empleada, ni solo una espía. Era su destino, y él estaba empeza

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