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Historia

Capítulo 4 El peso de la verdad y del deseo

Palabras:1095    |    Actualizado en: 15/01/2026

n una fijeza que la hacía sentir como si tuviera un foco de luz blanca apuntando directamente a sus secretos. Cada vez que ella mencionaba un detalle "laboral", él re

lo de los brazos de Clara se erizara. Sebastian se sirvió un vaso de agua en la cocina, rechazando la ayuda de los emp

voz no era una orden,

anteniendo una di

stian. El médico dijo que el e

vaso sobre una mesa auxiliar y se volvió hacia ella. Sus o

llevas anillos, pero tienes una marca sutil en el dedo anular, una zona donde la piel está un poco m

bría bajo sus pies. Instintiva

un anillo de mi abue

ando el espacio hasta que Clara pudo se

me miras cuando crees que no me doy cuenta. No me miras como una empleada mira a un jefe. Me miras como

io de los

la estantería de libros. Sebastian colocó una mano a ca

ro sé quién soy ahora. Soy un hombre que no puede dormir porque la mujer que duerme en la habitación de al l

riento, desesperado, cargado de toda la frustración que Sebastian no lograba expli

lo que estaba haciendo. Pero cuando las manos de Sebastian bajaron por su espalda, presionándola contra su erección creciente, tod

besos, aunque sus manos se enredaban en e

n pecado, Clara, deja que me condene. Pero no me pi

e cuero frente a la chimenea. La ropa, que antes era una armadura de mentiras, empezó a estorbar. Sebastian se deshizo de su p

No había amnesia, no había contratos de divorcio, no había un padre que salvar. Solo existía el roce de

fascinante. Para Clara, era una despedida y un reencuentro. Ella se entregó con una intensidad que lo dejó a él sin aliento

el hombro de Clara y pronunció su nombre con una devoci

... mi

de lana. El silencio ya no era incómodo, pero para Clara, era aterrador. Había cruzado una línea de l

hasta que sus ojos se posaron en la mesita de café. Allí, entre los libros, asomaba una esquina de un so

antes de que ella

alidez del momento anterior y recuperando un filo metálico

sus costillas como un animal enjaulado. El momento de la verdad había llegado

icarte... -empezó ella,

a sospecha que empezaba a arder-. ¿O eres algo más? ¿Quién eres realm

ía la verdad ahora, podría recuperar a su marido o pe

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