mano firme, mientras sus ojos grises -ahora afilados como cuchillas- escrutaban el rostro de Clara. Ella se envolv
ligrosamente bajo-. No eres una empleada. Tienes mi apellido.
car el divorcio, la frialdad y el contrato. Si seguía callada, lo perdería en ese mismo instante. Su
dijo ella, con la voz quebra
ia desnudez parcial. La confusión en su rost
... -hizo un gesto hacia el sofá desordenado- es mucho más complicado de lo que pensaba. ¿Por qué
manta contra su pecho. La mentira
padre y el tuyo tenían acuerdos. Cuando ellos fallecieron, tú te hiciste cargo de mí. Me diste tu apellido para protege
reíble en el mundo de la alta sociedad y las herencias complicadas de los Moretti. Él
te aseguro que lo último que siento por ti es afecto familiar. Si lo que dices
ebastian de los últimos tres años era un hombre frío, obsesionado con el control. No querías que una pariente de
adera en la chimenea. Clara lo observaba, sintiendo un asco profundo por sí misma. Al decirle que eran "primos", acababa de convertir su amo
la vista-, entonces lo de esta noche no debería haber s
la mirara con desprecio. En cambio, él se arrodilló frente a ella y le
igual. Lo que siento cuando te toco no tiene nada que ver con la sangre. Pero me duele que no co
El hombre que eras antes del accidente me habría echado de esta c
algo antiguo, de algo recuperado, cruzó sus ojos. Un dolor agu
ó, cerrando los
olvidó de la manta y se lanzó haci
r. Flores blancas. Una iglesia vacía... Tú estabas allí, Clara. Llevaba
a a rasgarse. El recuerdo de su boda -aquella ceremonia fría
on urgencia, tratando de calmarlo-
mi abogado. Si hay papeles que explican quién eres y qué lazo nos une realmente, quiero verlos. No quiero más cu
s. Sebastian se quedó en su lado de la cama, mirando al techo, mientras Clar
rimonio en su caja fuerte. Si Sebastian llegaba a esa oficina, descubriría que la "prima" era su e

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