jo de rabia. Las palabras de
a cuidadosamente construida desmoroná
de Ximena y decidió alejarse. La
ado. Se abalanzó, sus manos
cia adelante, su tacón de aguja enganchándose en el dobladillo de su vestido. S
balcón y, de repente, todos
ndo junto a Sofía sin mirarla y se arrodill
-preguntó, su voz densa
una actuación magistra
! ¡Me llamó parásit
tó de golpe, sus ojos fijos
ladró a uno de sus g
salón de baile, donde ahora era el cen
río-. ¿No puedes dejarla en paz por una noch
as cambiando de la lástima al
a cabeza en alt
. Ella me ata
mó de todo -declaró Sofía,
-continuó Sofía-, y se tr
ás fuerte en los
ró, torciendo la verdad con facilidad practicada-. Damián, por fav
có la convicción de Damián. Vio a Sofía como l
voz baja y peligrosa-. Ahora mismo. O
nectada de la realidad, que Sofía casi se rio. ¿Discu
con finalidad-. No me disc
se endureció en una
hacia el balcón, empujándola hacia el borde-. Tienes dos
bajo, las calles de la ciudad eran una caíd
voz temblando-. Hizo que me golpearan en nuestra propia
as lágrimas de cocodrilo de Ximena y su desdén por su ag
ave gemido y se desvaneció en sus brazos
bia hacia Sofía fue reemplazada instantáneament
¡Ximena,
ror. Mientras se giraba para llevarla corriendo a
ordenó a s
ofía no podía procesar las palabra
acia ella, sus rostros impasibl
es estab
ho de tejas de la terraza de abajo, solo un piso más abajo, pero fue s
que vio antes de desmayarse fue la imagen de Damián, acunando a Ximena e
al. El mundo era una neblina blan
susurraban ju
la prometida d
la noche, en la habitación del
marla d
risa amarga y silenciosa
ablando d
amente capaz de ello. Simplemente no la amaba a ella. Por la que amaba, movería montañas
a y sangrando en un frío techo