era una fusión de dinastías, una mentira perfecta adornando las portadas de las revistas. Pero tras l
irrumpió en nuestra casa con sus amigos y ordenó que
n, le bastó una mirada a mi rostro amoratado para pasar
su voz cargada de fastidio. Los dej
adar. Damián se zambulló, nadó pasando justo a mi lado para salvar
uera incapaz de amar; simplemente era incapaz de amarme a mí. Por la
. Tumbada en la cama del hospital, saqué mi celular y llam
me-. Estoy lista para quemar
ítu
legante heredera de la dinastía inmobiliaria Garza; él, el frío y brillante vástago del imperio tecnológico Valdés. Su
cámaras, su vida era una gu
agram llamada Ximena Montes, para un auto deportivo nuevo. Al día siguiente,
o del fondo era un jo
Lincoln en Polanco. Sofía, a su vez, adquirió una casona
o. Era un duelo extraño y tácito, peleado co
cerrara el trato, la empresa de tecno-moda de Sofía, LUZ, adquirió a la principal competidora de la st
ando entre la sonrisa educada de Sofía y la expresión indiferente de Damián-. Ell
esastre. Estaban equivo
ciones, todas las represalias aparentemente insignificantes, tenían un único y desesperado objetivo: ha
hacía cinco años, un fragmento de c
Augusto. Su voz era gélida,
único que importa. No finj
niños -había dicho su padre, con una rar
il -había replicado Damiá
or silencioso y persistente por el chico brillante e inalcanzable que vivía en la casa de al lado
exitosa, lo suficientemente implacable, podría ganar su afecto. Era u
acándola del recuer
ec de Monterrey. El prodigio tecnológico que había convertid
ste con la frialdad a la que estaba acostumb
nrió dé
a, Mateo. He oído qu
dijo él, su tono volviéndose serio-. Vi las noticias s
el celular co
directas-. Desde hace años. Te mereces algo mejor
n puñetazo. Amor. Era una palabr
-tartamudeó, con la me
él suavemente-. No
house que compartía con Damián. Fotos de ellos sonriendo para las cámaras cubrían las
usa tras excusa para posponer la boda. Estaba demasiado ocupado con el lanzami
re er
, con el corazón doliéndole por un amor que él nunca reconoció. Rec
cogiéndose de hombros, una crueldad casua
na inyección de tecnología, y la dinastía tecnológica Valdés necesitaba la legitimidad de
prisión que ella aceptó voluntari
lo
imena Montes. Una modelo hermosa y astuta qu
cuando miraba a Ximena, una calidez que nunca le mostró a ella. Le
s y unilaterales en las que ella gritaba y él si
untaba él cuando ella
había gritado una vez
o. Cumpliremos los términos del acuerdo. Pero no e
ía haber muerto. Pero se aferró, como una ma
en su mente mil veces. Pero no podía. Lo ama
su mundo comenzaron a agrietarse. Por primera vez, un camino diferente parecía
co desbloqueándose. Sofía frunció el ceño.
Montes entró pavoneándose, seguida
recorriendo el departamento c
o frío, eso sí. Neces
pie, su voz tem
ciendo aquí? ¿
jo Ximena, examinándose las uñas-.
da en el corazón. La clave de su
ijo Sofía,
na s
e importas, vieja patética. -Hizo un gesto a
el brazo. Ella luchó, pero él era d
ó en la habitac
nrisa viciosa en el rostro-. Damián dijo
ieron sobre ella. Se desplomó en el suel
su rostro a centím
ienes nada.
o, le pisoteó la mano extendida. Un crujido ag
ando. Su equipo de seguridad personal, alertado por una alarma silenciosa, irr
esde el suelo-. Presenten cargos. P
, los oficiales
podamos arreglar esto en
. Tenía la mano rota, el rostro amoratado-. Qui
a estaba al teléfono, su voz
do de que me arresten
a las heridas de Sofía, su ceño frunciéndose por una fracció
ropios ojos ardiendo con una
casa. Me agredieron. L
. Dinero y poder intercambiados a través de palabras. Los oficiale
do? -exigió Sofía,
mián, su voz plana. Se volvió hacia Xi
itó Sofía, su voz quebrándose-
u tono cargado de
o su compañero constante durante años s
Damián? ¿Sientes
os tan fríos y vacíos c
con desdén, como si hablara d
ida. Abrazó a Ximena, acariciándole el pelo, susurrándole palabras de consu
fía sintió las últimas brasas de
pándola en segundos, pero no lo sintió. El frío ya estaba
e su flagrante preferencia por Ximena, todo se unió en una única
ando llegó a casa, sacó su celular. Le tembl
número de Ma
irme-. Estoy lista para quem