/0/14658/coverbig.jpg?v=2b5de48f23a9ee8c6e49d300cc579407)
La increíble travesía de Tonatiuh comienza con su muerte. Su fe penderá de un hilo, cuando al mismo tiempo, será lo único que podrá mantenerlo de pie.
Su último recuerdo era estar ofreciendo la misa dominical, sosteniendo el cáliz con su mano derecha, pero ahora, se encontraba tumbado sobre el césped, observando la copa de los árboles.
-¿Cómo he llegado aquí?-se preguntó.
Tonatiuh se incorporó y para su sorpresa, no llevaba puesta su casulla color verde con la que oficiaba, en cambio, portaba su clásica camisa clerical negra con su alzacuello. Se encontraba en el claro de un bosque repleto de ahuehuetes, en donde todo a su alrededor era verde, incluso el cielo tenía una combinación entre grises y verdes, lo cual le pareció muy extraño.
-¿Qué ha pasado?-se preguntó en voz baja.
Casi al instante, más recuerdos llegaron a su mente. Recordó que mientras sostenía el cáliz dorado con un poco de vino en él, un fuerte dolor le golpeó el pecho, haciéndolo doblar su espalda llevando su rostro hasta el suelo.
-Un infarto-susurró, tocándose el pecho.
Consideraba que siempre había tenido buena salud, solía alimentarse bien y diario hacía una pequeña rutina de estiramientos. A sus 32 años, lo que menos le hubiera preocupado era un infarto. Incluso ahora que ya tenía casi 2 años que había regresado a su pueblo natal, llevaba una mucho más sana alimentación.
Más recuerdos le llegaban, aunque parecía que sin mucho orden. Varios de ellos, abarcaban su infancia en Petatlán, yendo todos los domingos a misa en compañía de Citlalli, su madre. Después, sus recuerdos dieron un brinco temporal muy importante, pues a su mente llegó el momento en que, a sus 25 años, se recibió como presbítero de la Arquidiócesis Primada de México, en el centro del País. Posterior a 5 años, tuvo la oportunidad de regresar a Petatlán, como Párroco de la Parroquia San Pedro Apóstol. Regresar, había sido muy importante para él, pues al ser hijo único, se sentía por completo responsable de su madre, quien llevaba algunos años sin gozar de buena salud, sin mencionar que estaba sola desde la muerte de su padre, justo al año después de haber nacido Tonatiuh.
Aquello último hizo que aquel remolino de recuerdos se detuviera, trayéndolo de nuevo a su presente. Imaginó que tal vez se encontraba inconsciente, siendo presa de un pesado sueño.
-¡AYUDA!-escuchó un grito que lo distrajo de sus pensamientos-. ¡Jozef, ayúdame! ¿En dónde estás?
Era la voz de una mujer. Tonatiuh corrió en dirección de aquellos gritos, bajando una ligera pendiente. Allí, una mujer adulta de unos 65 años, sollozaba.
-¿Se encuentra usted bien, señora?-le preguntó.
-¿Jozef?-respondió ella, al tiempo que se giraba hacia él-. ¿En dónde estamos?, ¿está él contigo?
Tonatiuh quedó perplejo, sabía a la perfección que el idioma en el que la señora le estaba hablando era el polaco, pues algunos años atrás lo había estudiado un poco, pero nunca había sido capaz de comprender más que unas pocas palabras, y en esos momentos, entendía a la perfección lo que aquella mujer le decía.
-Lo siento mucho, señora, pero no tengo el gusto de conocerlo-le respondió, con amabilidad.
-¡Por favor ayúdeme a encontrarlo, estaba justo a mi lado hace unos segundos!-le suplicó.
No comprendía cómo es que eran capaces de estarse comunicando.
-Entonces no debe encontrarse muy lejos-respondió.
-No lo sé-dijo entre sollozos-, yo misma no estaba aquí, no entiendo qué está pasando.
-Si usted no se encontraba aquí hace unos minutos, ¿en dónde estaba entonces?-la cuestionó, pensando en que eso mismo le había ocurrido a él.
-Estaba en nuestra cama-le respondió, sorbiendo con la nariz-, él sujetaba mi mano, mientras yo...
Se detuvo de forma abrupta, llevándose las manos al rostro, conteniendo las lágrimas. Tonatiuh la observaba sintiendo mucha pena por ella, alcanzaba ahora a comprender lo que sucedía; ambos habían muerto. Ante tal situación, sintió en su espina dorsal el frio del miedo. Sin previo aviso, un viento llegó detrás suyo, se trataba de un viento cálido y suave, que calmó de inmediato aquel frío, y en él, Tonatiuh percibió el llanto de su madre, acompañado por el llanto de vecinos y feligreses.
-"Le están haciendo compañía"-pensó, con alegría.
-No estés triste, Jozef-dijo la señora, levantando la mirada y secándose las lágrimas-, aún sigo aquí y esperaré por ti.
Tonatiuh entendió que aquel viento le había traído noticias también a ella. Supo que la señora había comprendido que ella había fallecido también. Sonrió.
-La promesa de Dios nuestro Señor se ha cumplido-le dijo, aun sonriendo y tomándola de las manos-, es seguro que nos encontramos a las puertas de su Reino.
-¿Es usted un sacerdote?-le preguntó, ya con el semblante más tranquilo.
-Lo soy- le respondió.
-¿Te ha enviado por mí?
-Lamento decirle que no, me temo que yo también fallecí, pero no debe preocuparse, estoy seguro de que el Señor nos dirá que hacer-aseguró, con mucho optimismo.
La señora le regaló una sonrisa casi infantil, como el de una pequeña niña sonriéndole a su padre.
-A todo esto, ¿cuál es su nombre?-le preguntó Tonatiuh
-Maciej, padre-le contestó, aun con aquella expresión en su rostro, marcado ya por algunas arrugas.
-Mucho gusto, Maciej-le dijo-, mi nombre es Tonatiuh, por favor caminemos mientras me cuenta un poco de usted, ¿le parece bien?
Era una costumbre que tenía; caminar con los feligreses que le buscaran para solicitarle consejo, escuchándolos y conociéndolos lo más que le fuera posible. Maciej lo tomó del brazo y comenzaron su andar.
-Nací y crecí en un poblado pequeño que se llama Plock-comenzó Maciej-, y bueno, ahora puedo decir que también morí allí. Nunca tuve hijos, solo a mi esposo Jozef ...
Al tiempo que Maciej continuaba su relato, Tonatiuh analizaba lo que escuchaba. Mientras él, había muerto en Petatlán en el estado de Guerrero en México, ella murió en Polonia, en su pueblo natal Plock. Por otro lado, la vestimenta de Maciej era muy peculiar, o por lo menos lo era para él, que el día en que falleció fue el 21 de julio del año 2023, mientras que ella, parecía haber vivido en una época muy anterior a la suya. Presentía que la época a la que Maciej pertenecía, debería ser un poco posterior a la primera guerra mundial. Ello lo infería gracias a su ropa, que constaba de un clásico sombrero cloche color verde oscuro, que combinaba a la perfección con su largo suéter color negro y con falda a cuadros negros y grises, la cual le llegaba un poco arriba de los tobillos.
-Discúlpeme la pregunta Maciej, ¿en qué fecha falleció usted?-la interrumpió, aunque con cortesía.
-No estoy segura-respondió ella, después de una pausa considerable-, el año es 1923, pero el día lo desconozco, estuve mucho tiempo en cama-finalizó, con evidente tristeza en la voz.
Se sentía asombrado, todo indicaba que el tiempo no existía o no era relevante en Su reino. Ambas muertes habían ocurrido con 100 años de diferencia y, sin embargo, se encontraban ahí, caminando juntos. El viento cálido que los había cubierto antes, volvía y parecía casi hablarles al oído, pues de alguna forma podía saber cómo se encontraban sus seres queridos.
-Te amo, mamá. Gracias por todo-pensó-, gracias Dios mío.
Maciej parecía estar escuchando lo propio, pues sus ojos se llenaron de lágrimas, mientras entrelazaba sus dedos. Esta vez, Tonatiuh alcanzó a observar una parvada de colibríes y por alguna razón, intuyó que aquellas pequeñas aves eran las causantes de aquel viento. Continuaron su camino, cuando a lo lejos escucharon el sonido de un río y tan pronto lo oyeron, una idea o tal vez una necesidad, se hizo presente en él; tenía que llegar a aquel río.
-Así lo quiere el Señor, es su mensaje-pensó, cuando se percató, que Maciej cambió también la dirección de sus pasos.
Tonatiuh sentía una inmensa dicha y una tranquilidad que nunca antes había experimentado o por lo menos, no a tal grado, pues se encontraba avanzando hacia el reino de Dios. Llegaron a una pequeña colina, en la cual se alcanzaba a ver ya la ribera del río. Era un río extraordinariamente ancho y la ribera parecía abarcar muchísimo terreno. Desde aquella distancia, el río parecía ser color marrón.
-Debe haber mucho barro-pensó.
Para llegar a él, debían bajar por una pendiente muy extensa, pero no muy inclinada, así que podían hacerlo sin mucho esfuerzo. Para su sorpresa, parecía haber mucho movimiento en las orillas, tanto de un lado como del otro, pero por la distancia era complicado identificar a que se debía. Conforme se iban acercando, pudo ver qué se trataba de personas caminando a lo largo de la orilla y otras atravesando el río. Desde diferentes direcciones, más personas bajaban aquella pendiente dirigiéndose hacia el río, casi en todos los casos de manera solitaria. Una franja que no había podido reconocer a la distancia, le resultó muy extraña al momento de acercarse un poco más.
Al principio pensó que se trataban de rocas o arbustos, pero una vez que estuvieron más cerca se desconcertó. Era una hilera muy larga que abarcaba de forma paralela la orilla del río, la cual de forma inesperada se conformaba por perros. Había de muchísimas razas distintas, tamaños y colores, todos ellos sentados e inmóviles, viendo en dirección por dónde las personas bajaban la pendiente. Cuando alguien se encontraba lo suficientemente cerca, alguno o algunos de los perros rompían la fila y avanzaban hacia quien se acercaba.
-No quiero ir por allí-dijo Maciej, apretándole el brazo-, los perros no me quieren y yo a ellos tampoco.
-Descuide, estoy seguro de que no le harán daño-le contestó, intentando sonar animado cuando en realidad se sentía desconcertado.
-¡Negro!-gritó una mujer un poco llenita que corrió junto a ellos dejándolos atrás.
Un perro negro, de talla mediana y un poco lanudo, salió a su encuentro. Al estar juntos, la mujer de amplias caderas, bailaba descalza alrededor del perro. Al pasar de nueva cuenta al lado de la mujer, quien continuaba bailando, vio en su blanco rostro los rasgos del síndrome de Down, pero para su sorpresa, ella actuaba con total normalidad.
-Su mente es libre aquí-pensó, con alegría.
De pronto, un ladrido lo hizo voltear en dirección al río. Sentado junto a los demás perros, alguien a quien no creyó ver ahí, movía su cola al verlo. Cuando fue seminarista acostumbraba a hacer caminatas matutinas y durante ellas, un perro al que en algunas ocasiones pudo darle algo de comer, lo acompañaba. Se trataba de un perro mestizo, su pelaje era una combinación entre algunas tonalidades de café, que se intercalaban entre unas ligeras rayas negras. Aquel perro nunca tuvo nombre, o tal vez sí; para él fue su amigo, su amigo perro.
-Amigo, ven-le llamó.
El perro dio un salto hacia adelante, ladrando y jadeando, corriendo hacia Tonatiuh. Maciej se escondió detrás de él, con evidente temor.
-¡Aléjate!, ¡aléjate!-le gritaba.
-Tranquilo muchacho-le dijo él, mientras lo acariciaba detrás de la oreja.
Hincó una de sus rodillas sobre el césped, quedando a la altura perfecta para darle un abrazo como en la última ocasión en la que lo vio con vida. Al ser un perro sin hogar, un día solo desapareció sin despedirse de algún modo.
Tal y como había estado pasando desde su llegada a aquel lugar, por pura intuición sabía que ahora debían dirigirse al río y hacer lo posible por cruzarlo. Maciej caminaba bien agarrada de su brazo derecho, siguiendo con la mirada a Amigo perro, quien orbitaba alrededor de ambos, ladrando y moviendo la cola. Al llegar a la orilla, se percató que la corriente tenía una velocidad considerable. Personas que iban ya acompañadas por sus antiguas mascotas, ingresaban sin cesar.
-Maciej, debemos cruzar al otro lado-le dijo, de forma armoniosa-, no se preocupe, estaré a su lado todo el tiempo.
Lo más que se escuchaban eran susurros de las personas hablándole a sus perros, los ladridos de estos últimos y el chapoteo de ambos ingresando al río, pero de pronto esa aparente calma se vio interrumpida por unos gritos desesperados provenientes de dentro del río. Sin previo aviso, como si se tratase de un delfín, una gigantesca iguana realizó una especie de salto mortal. Tonatiuh alcanzó a ver dentro de sus fauces, un par de extremidades inferiores de algún desdichado.
-Ese color rojo no se debe al barro-se dijo en voz baja.
Miró hacia abajo y su mirada se cruzó con la inocente mirada de Amigo perro.
-Todo estará bien-parecía decir aquella tierna mirada.
Tonatiuh sonrió, confiando plenamente en él. Tomó a Maciej por el hombro, pero ella ya se encontraba retrocediendo, con el rostro invadido por el miedo.
-No, no cruzaré-dijo, con voz entrecortada-, esperaré aquí por mi Jozef y cruzaremos juntos.
Tonatiuh observó la orilla del río y comprendió que aquellos que no cruzaban, permanecían vagando, caminando entre la separación de agua y tierra. Notaba que todas esas personas se lamentaban; parecían extraviadas y sin conciencia de lo que hacían.
-Debemos cruzar, le prometo que todo estará bien del otro lado, Nuestro Señor nos espera allá con los brazos abiertos-aseguró, tomando con delicadeza a Maciej de sus manos.
-¿Cómo puede estar tan seguro, padre?-le cuestionó.
-Lo siento en mi corazón-afirmó-, ¿a caso no puede sentirlo?
-¡No!-dijo, con firmeza-siento miedo y desesperación. Quiero regresar, quiero estar con mi Jozef-finalizó, con lágrimas en los ojos.
Tonatiuh comprendió que si no cruzaban pronto, Maciej corría el riesgo de perderse para siempre y vagar hasta el fin de los tiempos a las orillas del río. La tomó por el antebrazo, esta vez con mucha menos delicadeza.
-Discúlpeme, Maciej-le suplicó, mientras introducía un pie en el agua.
Maciej comenzó a retroceder y a berrear, agitando su cabeza de un lado al otro. Sus ojos se encontraban por completo abiertos, acompañando a una mueca de absoluto terror. No entendía lo que ella le decía, pues las palabras se le amontonaban haciendo parecer que solo balbuceaba. Cuando el agua les llegaba por arriba de la cintura, Tonatiuh observó como el agua se levantaba enfrente de él; los ojos de la temible Iguana gigante se asomaban amenazadoramente, haciendo que detuvieran su marcha de inmediato. Maciej, aprovechó la distracción para poder soltarse, regresando casi a gatas hasta la orilla, al tiempo que aquellos ojos rojos de la Iguana desaparecían bajo el agua. Se giró en busca de Maciej, pero ella ya se encontraba de pie, unida a las personas que se lamentaban. Amigo perro topó su hocico contra su mano derecha, llamándole la atención.
-¿Debemos continuar?-le preguntó.
Sonrió, al percatarse que, de alguna manera, Amigo perro asintió. Continuaron la inmersión y a los pocos pasos, el suelo ya le era inalcanzable, mientras Amigo perro nadaba justo al lado suyo. Poco antes de haber recorrido la mitad del ancho del río, la corriente aumentó drásticamente, haciendo que le fuera muy difícil nadar. De pronto, Amigo perro se sumergió por completo, al tiempo que Tonatiuh hacía esfuerzos por buscarlo y por mantenerse a flote. Sin poderlo evitar, su cuerpo se hundió del todo y justo en ese momento, sintió algo que lo levantaba desde debajo de su abdomen, pensando que era su final y que sería la siguiente víctima de aquella Iguana. Aquel empuje logró que su rostro saliera del agua, pudiendo jalar la bocanada de aire que ya tanto necesitaba. Justo de bajo de su barbilla, se asomaron los ojos y el hocico de Amigo perro; era él quien lo empujaba desde abajo.
-Gracias-le dijo al oído, mientras lo abrazaba por debajo del agua.
Mientras "navegaba" sobre el lomo de su amigo, muchos más hacían lo propio sobre sus mascotas. Junto a ellos, un pequeño chihuahua color café claro, lograba mantener a flote a un señor en apariencia alto y corpulento. Al llegar a la orilla, los canes parecían exhaustos pero satisfechos. Cuando Tonatiuh se puso de pie y se dio la vuelta de nuevo hacia el río, pudo ver a cientos de personas siendo recibidas por cientos de perros a unos metros de aquella orilla, llegando a cumplir su parte en el ciclo. Pensó en Maciej y deseó que Jozef llegara pronto con ella. Al volverse para continuar su camino, una joven de tez morena estaba parada enfrente suyo y junto a ella, un enorme xoloitzcuintle color café.
-No debes mirar atrás, Xólotl ya los ha juzgado-le dijo aquella joven, regalándole una amable sonrisa.
De inmediato, Tonatiuh supo que el idioma que ella hablaba era el Náhuatl, idioma que aún usaban algunas personas en su natal Petatlán y a pesar de que él no lo hablaba, pudo entender lo que le dijo. Todo aquello, le parecía ya muy extraño y a la vez familiar, pues conocía un poco la leyenda que se asimilaba mucho a la travesía que acababa de realizar.
Hanna Müller es una atractiva estudiante de medicina, que tiene a su cargo a su hermana de ocho años Mia, tras la muerte de su madre hace ya dos años, ella es su única familia. Para poder mantenerla a ambas, Hanna, de día, estudia medicina, pero por la noche hace de acompañante en una agencia de hombres millonarios. Dentro de sus normas, está no tener sexo con sus clientes, además ella tiene novio. Por otro lado, Roy William Miller, es el CEO, tras su padre, Norman Miller, retirarse el año anterior, lleva la dirección del Grupo Miller, aunque comparte sus acciones con sus hermanos, entre ellas está su melliza Alian. La razón por la que trasladó a la sede central de Miller en Londres es porque quería estar cerca de su hermana, ya que no se fiaba del marido de ella. Una noche descubre a su cuñado con otra mujer, una atractiva y deseable mujer que despierta su interés, al igual que su irá al descubrir que esa preciosidad es una mujer que se vende por dinero. Cosas suceden al mismo tiempo que lo cambia todo. Lo principal Mia, la hermana de Hanna, sufre un accidente, que necesita de una operación y una rehabilitación muy larga. Sólo le queda aceptar la propuesta del maldito CEO de ser su amante por un año, sin ninguna restricción por su parte, excepto la de enamorarse.
Mateo Lester, un magnate de 47 años, es un hombre implacable en los negocios y exigente en su entorno. Durante un viaje a Brasil, vive un efímero romance con una mujer. Josabet, una joven aeromoza de 30 años. se traslada a Nueva York al ser contratada por una empresa para un puesto en las aerolíneas de la empresa Lester. Cuando Josabet es presentada ante Mateo como la nueva aeromoza de su jet privado. Ambos se reconocen de inmediato, pero Josabet fingir no hacerlo y todo por un secreto que oculta. Todo cambia en la celebración del aniversario de la empresa, donde Josabet decide llevar a su hijo, dispuesta a enfrentar las consecuencias. La abuela de Mateo, al verlo, queda impactada por su increíble parecido con los difuntos padres de Mateo. La duda queda sembrada y, a partir de ese momento, Mateo comienza a investigar el pasado de Josabet, descubriendo secretos que podrían cambiar su vida para siempre. Sin embargo, una amenaza inesperada surge cuando Natalie, la exnovia de Mateo, una mujer manipuladora y obsesionada con él, descubre la existencia de josabet y su hijo. Consumida por los celos, decide hacerles la vida imposible, dispuesta a cualquier cosa para sacarlos de su camino.
"Tú no perteneces aquí. Lárgate". Hanna, la hija legítima de Wheeler, regresó sólo para ser expulsada por su familia. Su prometido la engañaba con la hija impostora, sus hermanos la despreciaban y su padre la ignoraba. Entonces, se cruzó con Chris, el formidable líder de la familia Willis y tío de su prometido. "Hagamos como si nunca hubiera pasado", dijo ella. Sin embargo, a pesar de la esperanza de Hanna de separarse, Chris insistió en que fuera responsable. Él amenazó con revelar los verdaderos talentos de Hanna como doctora sobresaliente, guionista brillante y cerebro de un famoso estudio de diseño, obligándola a casarse. Una vez le pidieron a Chris que protegiera a alguien. El destino los reunió en circunstancias delicadas. Él había planeado mantener su promesa y proporcionar un refugio seguro, sólo para descubrir que Hanna estaba lejos de ser la delicada mujer que parecía. Era ingeniosa y astuta...
Sabrina tardó tres años enteros en darse cuenta de que su marido, Tyrone, era el hombre más despiadado e indiferente que jamás había conocido. Él nunca le sonrió y mucho menos la trató como a su esposa. Para empeorar las cosas, el regreso del primer amor del hombre no le trajo a Sabrina nada más que los papeles del divorcio. Con la esperanza de que todavía hubiera una posibilidad de salvar su matrimonio, le preguntó: "Tyrone, aún te divorciarías de mí si te dijera que estoy embarazada?". "¡Sí!", él respondió. Al comprender que ella no significaba nada para él, Sabrina finalmente se rindió. Firmó el acuerdo de divorcio mientras yacía en su lecho de enferma con el corazón hecho pedazos. Sorprendentemente, ese no fue el final para la pareja. Fue como si Tyrone despejara la mente después de firmar el acuerdo de divorcio. El hombre que alguna vez fue tan desalmado se arrastró junto a su cama y le suplicó: "Sabrina, cometí un gran error. Por favor, no te divorcies de mí. Te prometo que voy a cambiar". Sabrina sonrió débilmente, sin saber qué hacer…
Ella se casó en secreto con una superestrella; sin embargo, su estado civil se mantuvo en conocimiento público. Ella lo amaba como a un perro, tan leal, tan sin vergüenza, pero él la alejaba constantemente solo por su egoísta razón de tomar venganza contra su madre. Después de su divorcio, ella accidentalmente se acostó con un atractivo desconocido cuyos ojos azules exudaban un atractivo sexual extremo, atrayéndola a una inevitable atracción fatal. Él era tan tranquilo y gentil, prometiéndole la felicidad eterna. "¿Ms. Cathryn Riley, se casará conmigo?" Su expresión era seria y sincera. Los dedos delgados del hombre sostenían una caja redonda de terciopelo rojo muy delicada y hermosa; dentro había un anillo de diamante exquisito. Asustada emocionalmente, ella le respondió, "He sido divorciada una vez. Espero que no me haga divorciar por segunda vez de nuevo." Keith sonrió y respondió suavemente, "Mi mundo nunca se ha centrado en nadie. Pero en los días venideros, mi mundo se centra en ti". Ella estaba tan conmovida que no pudo evitar llorar lágrimas de felicidad. Estar con él le trajo una alegría eterna y su promesa eterna reemplazó su sufrimiento por el matrimonio fracasado.