Libros y Cuentos de Kalle Tatem
El cálculo de un desamor
Siempre llegaba a casa de Mateo unos minutos antes de lo acordado para las clases de cálculo. El olor a café recién molido de la cafetería de sus padres era mi consuelo, el aroma de mi infancia y de todas nuestras tardes de estudio. Pero esta vez, al acercarme a su puerta, escuché una risita ahogada que no era la suya, y susurros que delataban una historia muy diferente a las derivadas. Mateo no me estaba esperando para estudiar, sino que estaba enfrascado en otro tipo de "clase" con Valentina, la nueva chica de intercambio. Mi primer pensamiento no fue de celos, sino de puro fastidio. Había un examen importante el lunes, y cada minuto de tutoría, por el que cobraba, era crucial. Cuando la puerta se abrió y Mateo apareció despeinado y rojo, con Valentina sonriendo triunfante detrás de él, la escena fue clara. "¡Sofía! ¿Qué… qué haces aquí?" Valentina me lanzó una sonrisa dulcemente venenosa, como si no acabara de salir de una situación comprometedora. "Hola, Mateo. Llevamos quince minutos de retraso para la clase de cálculo. El tiempo sigue corriendo, ¿sabes?" Esperaban una escena de drama y lágrimas. Pero no les di el gusto. Mientras Mateo balbuceaba y Valentina fruncía el ceño ante mi falta de emoción, una idea se cernía en mi mente. Si ellos ya me habían asignado el papel de la villana en esta historia, al menos me aseguraría de sacarle provecho.
La Danza de la Venganza
El aroma a manzanilla y lavanda solía calmarme, pero ahora me revolvía el estómago. Mi madrina, Doña Chayo, me ofrecía la taza, su sonrisa una máscara, un preludio a la traición. Mañana era el examen de danza, el momento clave de mi vida. Pero yo ya había vivido este día. Había confiado en ella, en la mujer que me vio crecer, quien me llamaba "ahijada querida". Y pagué un precio terrible. Desperté atrapada. No de un sueño, sino en la pesadilla de la posesión. Mi alma, confinada en el minúsculo cuerpo de mi chihuahua, El Duque. Desde esa prisión peluda, fui testigo de lo impensable. Vi a mi prima Brenda, mediocre y envidiosa, levantarse del sofá en MI cuerpo. Doña Chayo, su madre, instruía a Brenda para que fingiera una lesión en el examen, destrozando mi carrera de bailarina. Mi tobillo, mi orgullo, todo. Fue un plan diabólico, una humillación pública que me marcó para siempre. Mi vida, mi pasión, mi honor, todo fue robado por aquellos en quienes más confiaba. ¿Por qué? ¿Por qué tanta crueldad? La desesperación me consumió, pero de las cenizas de mi rabia surgió algo nuevo: la música. Componer se convirtió en mi voz, y a través de ella recuperé parte de lo que perdí. Y ahora, el universo me ha dado una segunda oportunidad. La taza humeante sigue en su mano. Su sonrisa, falsa y asesina, aún me engañaba antes. Pero esta vez, conozco el veneno. Y esta vez, no soy la víctima. Esta vez, la historia es mía, y la venganza, una danza que ellas no esperarán.
Promesas Rotas en Polanco
Hace seis años, en Oaxaca, mi abuela agonizaba y solo un costoso tratamiento podía salvarla. Desesperada, acepté un trato con un coleccionista de arte, sin saber que era una trampa orquestada por mi media hermana, Sasha. Fui drogada y agredida, el dinero desapareció y mi abuela murió. Para proteger a Máximo, mi idealista novio, mentí, diciéndole que me había vendido. Él me miró con desprecio y se fue, destrozando mi corazón y mi vida. Seis años después, siendo una artista reconocida a punto de escapar de México, Máximo, ahora un frío "tiburón" de las finanzas, me citó. Creí que era una oportunidad para explicarme. Pero fue una cruel puesta en escena: Sasha y mi padre me acusaron de malgastar el dinero y dejar morir a mi abuela, con Máximo creyendo sus mentiras. Incluso me arrojaron al sótano, donde un hombre intentó ultrajarme. La confusión y el terror me llevaron a aferrarme a él, sin saber que mi desesperación lo confundiría aún más. Cuando fui a denunciar a Sasha, ella simuló un accidente para que Máximo, ciegamente devoto, donara su sangre por ella y me obligara a retirar los cargos. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo pude confiar en un hombre que, a pesar de todo, siempre elegía creer las mentiras de su manipuladora prometida? Cansada de la perfidia, retiré la denuncia y subí al avión hacia una nueva vida. Pero antes, envié un último mensaje a Máximo con toda la verdad, sabiendo que quizás nunca lo leería, pero necesitaba liberarme. Barcelona me esperaba. Por fin era libre. Pero, ¿podría el destino o el arrepentimiento cambiar lo ya sentenciado?
La sed de Dominar El Destino
Me casé con un hombre anciano y poderoso para salvar a mi familia, cambiando mis sueños de baile por una jaula de oro llena de un lujo que no me llenaba. Mi cuerpo ardía de pasión contenida, la misma que me había hecho una bailaora, ahora asfixiada por la rutina y la cama fría de mi marido. Una tarde, el jerez de más y una puerta equivocada me revelaron un secreto oscuro de la mansión: objetos exóticos y el aroma a incienso desvelaron un anhelo prohibido que pulsaba en mi interior. Luego, una amiga de mi marido me introdujo en su peculiar "terapia ecuestre", un club secreto donde mujeres como yo buscaban lo que les negaban en su casa, y donde encontré una conexión ardiente con un "torero" llamado Mateo. Pero mi mundo se rompió en pedazos cuando descubrí que mi marido, el hombre que me había "salvado", no solo sabía de mis encuentros secretos, sino que los había orquestado y grabado, vendiendo mi pasión y mi humillación como un espectáculo privado al mejor postor. No era una liberación; era una actuación cruel, una pornografía para deleite de una élite enferma. La rabia me consumió, y con ella, la sed de una venganza que me convertiría en la dueña de mi destino, cueste lo que cueste.
