dónde estábamos. El GPS había fallado desde hacía kilómetros, las rutas no coincidían con los mapas que llevábamos, y las señales de tr
teo desde el asiento trasero,
eslizaba por la ventana: árboles, más árboles, y un bosque que parecía
Mateo-, dime que t
intiendo un nudo
S
aire se hubiera vuelto más denso, más pesado. Como si algo invisible se
el vehícul
ductor, aunque su voz
edio del paisaje natural. Era demasiado gris, demasiado rígida, demasiado... muerta. Bajé del vehículo y lo primero
scendió
u tono reflejaba una inqu
s -respondí, aunque co
acía que tu cuerpo reaccionara antes que tu mente, como
sus nombres, no nos saludaron; simplemente nos miraron, y eso fue aún peor. Sus ojos estaban vacíos, no e
los se ac
vez aquí?
un escalofrío re
mí, invadiendo mi
lgas d
e tensó ante l
or
que no respondería. P
e ello
o me recorri
uié
olo se alejó, como si ya
Primer
taba sentada en mi litera, con el arma firmemente sujeta entre mis manos, es
astrado. No era el paso de alguien caminando, sin
, no hice el menor ruido. El sonido se detuvo just
Un susurro, suave y quebrado, como
.Li
pulmones. Nadie aquí debe
e llegué, entendí algo con absoluta claridad: No estábamos

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