ndo que se convertiría en reina y sería
o rey para convertirla en su consorte. Honor y gloria para su familia, que a
sin que de sus pensamientos saliera el rey. Se vio a sí misma añorándo
alacio y descubrió que estaba en una pequeña residencia apartada del edificio principal.
ras ellas ponían la mesa. Vio a Dara ro
siempre. Muy ocupado con
ura para no avergonzarlo, pero ni siquiera sé leer. ¿Habrá alguien en el palacio que pueda
ue escuchar -se enjugó una lágrima antes de volver a reír y Eris miró a Sora, esperan
s sacerdotes son hombres muy cultos y el rey es muy devoto. Hay un templo al d
el mismo monarca podría enseñarle a leer. Unas letras, unas sílabas junto a la chimenea antes de meterse al lecho. Sintió sus mejillas arder. La idea de pertenecerle en
•
ses esto -le informó Sora al almuerzo, entregánd
edoso, con flores bordadas en el pecho. Era una prenda
muy agradecida por un presente tan bello -d
agradecimiento esta noche
Guardó el vestido y siguió comiendo, aunque con el vientre apretado por la anticipación no a
stá delicioso, pero los nervi
ara, recoge la mesa, por favor -Sora fu
te con el vestido y una sutil sonrisa a
tu madre y se vuelve mi deber como mujer y madre también -expresó
oder conocerlos algún día. De se
cuando vayas con ellos -sonrió al sentir que Eris le daba un apretón en la mano, en s
ron a buscar el paquete
ones? ¿Tu madre te habló de ellas? ¿Acaso ti
ando. No sabía por donde empez
udos. De donde vengo también lo hacen, no es tan extraño. Soy una aldeana
resenta la pureza y en ese vestido quedará plasmada la tuya cuando tu sangre lo manche al perder la virginidad. Al amanecer, el r
ante y con firmeza-, honrar
itas en la mano cariños
ardecer para ayu
samientos y Eris aferró el vestido, lam
noche? -le preguntó Dara a Sora mi
sé, el resto sól
los dioses la guarden. O se l
•
o, a la espera de su esposo. Tendría que acostumbrarse a la idea de que tenía uno y empezar a ll
latía un único cor
n la espera de Eris, no así con sus ansias. Caminó de un
isma urgencia con que contaba las estrellas y aguard
in se abrió y E
a de inmediato! -gritó, sin esperar una respuesta d
condía la fría expresión de un depredador. La veía como las águilas a sus
a esposa del rey! ¡Pronto seré coronad
sus dedos de gruesas uñas le tironearon el vestido. La tocaron como sólo debía t
roca, lo pateó con sus piernas firmes, lo rasguñó para quitárselo de encim
or favor!
ó la cara cuando le lamió el cuello. Por la ventana, la luna oscura le recordó la promesa que le h
aulló de dolor y se llevó las manos a la cara. Eris le asestó un golpe en la entrepierna y pudo escurrirse de su lado. Se puso de pie para co
sus esperanzas. Quien llegó fue Nov, el sang
al hombre de ella. Lo levantó como si fuera tan livi
ndíbula apretada en una mueca de furia-. Nadie pone sus inm
só decir el hombre-. Dijo que si venía aquí y tomaba a esta muj
con la sangre del intruso-. Mientes. El rey es mi esposo y jamás har
o nada, pero de su cinto sacó una pequeña daga y la
n el criminal y gritó inclu
•
melodía de un silbido resono por los pasillos. Era el rey, que es
aposentos de Eris y son
s de sangre del criminal, que ensuciaban todo el piso,
incón. No pudo pronunciar palabra al ver al rey, pero su
ás que magulladuras y golpes, puede que incluso algunos arañazos. T
o siempre te imaginé -cerró los ojos e inhaló profundamente frente a su rostro-.
pos sanguinolentos y nauseabundos. Ella se lo e
reciar la prenda, que le
cho -se puso de pie-. Nov vendrá por el cadáver y mañana serás llevada al
incomprensión y se levantó también, sin
oy. ¿Cómo puede estar consumado nuest
la hizo contraerse y agac
. Tal vez más adelante te tome de otro modo, si es que me place. Puedo tener a las mujeres más hermosas del reino y las tengo,
omo se había obligado a matar a Lua y al criminal, así como ib
, el rey alzó el vestido sobre su cabeza, co
a cara mientras, en lo alto, la luna oscura la observaba. Est

GOOGLE PLAY