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Historia

Capítulo 3 Hembra silvestre

Palabras:1940    |    Actualizado en: 07/04/2026

de Eris como el hielo que se agua

a ella a la bestia que la había convertido en una. La

atado a otra con sus propias manos, Nov? -

con mis propios ojos reban

do escaló el monte arrastrando una roca? ¡Te pedí u

otente voz hizo

ita se oculta bajo esos finos ropajes. Debe haber sido obra de

as insensatas. He sido muy blando co

a Eris no ayudó. Ese hombre fiero y bestial, que p

Eris seguía parada

muéstrame

la muchacha. El Qunt' Al Er le había costado algunas uñas, la piel curtida la había tenido de

y recorrió las pequeñas de Eris con minuci

huelen a perfume -dijo tras llevarlas hasta su nariz, al t

ceó apenas-. A s

u corazón se aceleraba con un ritmo nuevo hasta ahora. Tal vez porque

apatos y muést

staba descalza, se había desecho de los molestos zapa

an a mal traer como los de un vagabundo. Tenía la esperanza de

hambrien

co, mi

ervas y eres más que

mesa de alimentos y nuevamente los colores,

estás demasia

procedencia, de qué estaba hecho el puré que comía, qué animal había entregado su vida para deleitarlos con su tierna carne. Ha

ella vació la copa. Le sirvió más. La cabeza de Eris

scalé el monte o cómo

é pensabas cuando su sangre te salpicaba la cara. ¿Qué vi

o sí algo que agradó profundamente al rey, no así a las siervas,

habría una nueva

arle más la naturaleza salvaje -se preguntab

. Aséate antes de la boda que ya el r

miró con

efieres? -pr

on las mujeres que les pertenecen. A lo que tu p

ucio, menos si se hace co

nos el rey tenía mejor aspecto. Y lo harían sobre sábanas de seda

¿Acaso crees que eres la primera mujer con la que fornicará? Ni siqu

ino Sora-. Deja a la muchacha prepararse. Ho

aban un velo bordado por sus madres. Ella había llevado el suyo, que su madre empezó a bordar el día que su sangre ba

die de su familia la viera en tan importante mom

señores más importantes del reino. Se repartieron corderos en todas

Eris brindaron por ella y se alegraro

torchas se apagaron. La residencia palaciega fue sumiéndose en el sil

ho y permaneció estát

de gala y se sentó en un si

mía, v

menor ruido, sin mirarlo. El rey sup

lo has traído

mi madre. Conseguir hilos y telas fina

e a o

que me

raciosa con él. M

estaban encima. Eris le llevó una a Erok y volvió a sentarse a su lado. El rey bebió un sorbo

vez un animal con d

en la aldea encontramos un

Eris tocaba el pecho de un hombre. Cálido, rasposo con sus vellos entre los

en dos corazones

oso palpitar de uno, per

o basta para librarnos del frío. El otro es fuerte, como la montaña que se alza hacia los

ella y Erok le acarició l

eres joven e inexperta. Quiere cuidarte y esperar a que tu único cora

que hablaban de él con tanto afect

inhalando el aroma a oveja d

y hundirse tan profundamente dentro de ti que ya n

ue como un temblor. Eris quiso ap

omo la lluvia... Quiere probar el sabor de tu sangre. ¿Cuál

on, pronunciando la única oración que cono

é que el mío ya le pertenece.

do hacía mucho, lo que temía era vivir. ¿Qué vida llevaría hasta que la muerte la

de la habitación, la puerta. Más pasos en el pasillo, el rey volviend

pie descalzo y lo sumergió en un t

ies sucios -le dijo el rey, metién

mo haría el más humi

corazón fuerte será el que te proteja siempre y cuando no m

cogió el rostro de Er

mas de la muchacha fueron suficiente para tran

ibirlo, así como lo había estado para escalar el monte arrastrando una roca o para rebanar el cuello de

echo, sin intenciones

onces, Eris. Cuida tu cuerpo, que es un templo sagrado para mí -besó la frente de su jov

tener ella también dos corazones, uno que daba gracias a los dioses por retr

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