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Historia

Capítulo 2 La llegada al palacio

Palabras:1115    |    Actualizado en: 07/04/2026

do mejor de lo que esperábamos. Desposarte c

. Había hecho fortuna vendiendo aceite de pe

en aquella aldea podía aspirar. Eris se había resignado a convertirse en tabernera y llenarse de crí

dijo su hermana menor-. El rey debe ol

a. Lo persigue el tufo de la muerte y a través de su hombre ha he

de su madre l

so, insensata. Le deberás honor,

e la mejilla. Un pequeño dolor incomparable con el

al carruaje que la llevaría hasta la capital. Sabía, con certeza, que ya jam

nieve y el frío. Sus gentes llenaban las calles, que olían a comida, flores y espec

ume de las gentes y sus vidas dio paso al tufo de la muerte que ella intuía. El palacio rocoso estaba en l

n costado del puesto de vigilancia en las alturas, unos gruesos maderos se empinaban, como

la mañana -le dijo el escolta-.

ras el escolta, su destino estaba decidido y no

ahorcados. Cuando las puertas descomunales fueron cerradas por los guardias, ya nad

ada fiera. Le recordaron a las comadrejas que aparecían en primavera

ra un crío y la serviremos también a usted. -Tenía Sora un solo ojo

convertirse en re

ecogido, Eris notó que

lizó Sora-, la bilis se le agita con dema

tibia. Ungieron su cuerpo con aceites y hierbas olorosas, le cortaron las uñas y le quitaron los vellos que le sobraban en las piernas. Fue doloro

perando para cenar. Si necesitas ayuda, estaremos en el

s piernas le temblaban. El suave edredón que del frío la protegería olía a la pureza del rocío.

as que no hallaba palabras para describirlos. ¿A qué olían los perfumes que se repartían en su tocador? Ella conocía los aroma

cogedoramente grande. Quizás las luces del nuevo mun

te decirle lo que ocurre cuando

lguno. Los temblores frente al

una bella dama, hasta que dio el primer paso. Jamás había usado ese tipo de calzado. Con cuer

de aquí a llegar a la sala donde

la. Parado frente a la chimenea estaba el rey. Su silueta oscura era tan alta co

asgos firmes no carecían de atractivo. El rey, que de tan ocupado en asuntos oficiales no tenía tiempo de visitar las

tinto de inclinarse ante él y su poder. No alcanzó a hac

estás cubie

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