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ida de alguien por completo. La joven Eris jamás imaginó el rumb
r. Y coronarse como vencedora no sólo le permitiría ganar un cordero gordo y enorme, también la convert
ar decisiones en una tierra donde la libertad era
La primera era al nacer, nada más abrían los ojos debían sobrevivir a ser lanzados a las aguas gélidas. Dos hermanos y una hermana de Eris
erior, habían sido bendecidos por los dioses con una hija hermosa, de piernas firmes y f
a a la cintura y estuvo lista. Debía aventurarse a escalar un monte arrastrando una enorme roc
itad. Eran muchachas débiles, que tendrían hijo
cidos y el hambre devorándole los sesos. Al tercero halló un nid
e sus contrincantes. Habían crecido juntas y cogieron f
agolpadas en el piedemonte, vieron la llegad
nas se sostenían en pie y sólo los aplausos y al
sas pieles que debían ser muy costosas-. Hay
or! -repuso Eris y el
pero hay un solo cordero. ¿Quién se l
ntes r
e cordero es mejor que
vía, el hombre apretó los
-sentenció y lanzó frente
a, tenía más autoridad que el mismo gobern
-rogó Eris, de rodillas y con la cabe
n acto aberrante, Lua lo había usado para ponerse en ventaja. Su cándido rostro estaba surcado por una m
ue Lua lograra su ataque, le lanzó el huevo contra la cara. Cegada y aturdida por el repentino
¡Yo he ganad
o -aclaró
a de Eris se congeló, su corazón helado latió más lento que nunca; el tiempo se detuvo. La muerte aguar
gre caliente que la cubrió al rebanar el cuello d
ia la abrazaba y la de Lua se retiraba ante tanto deshonor. No había victoria, la felici
e sobrevivían en Forah
do de tal modo mi destino, madre?! -pregun
do una doncella digna para su majestad. Ya habló con tu padre. ¡Servirás al rey y hasta
riaba. El sufrimiento para ella había terminad

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