cara, el frío penetrando en mis heridas abiertas, el sonido del ag
s heridas se cerraron un poco por el frío, cómo la corriente me llevó lejos del cañón, alejándome del Bosque de Otoño. Ya no sentí
ni la voluntad de vivir – era como una voz en mi cabeza, una
, donde me vine abajo entre juncos y piedras mojadas. Mi último pensamiento antes de perder la conciencia fue de
ntro de un barril. Mi cuerpo dolía en todos lados, especialmente el vientre y el cuello. I
voz femenina decir. – Tranqui
desgastadas. El techo era de madera vista, las paredes cubiertas de hierbas secas y cuerdas con
verdes como las hojas de roble y manos llenas de arrugas pero seguras.
salió un susurro ronco. Mi garganta ardía
ienes heridas graves, especialmente en el cuello. La sangre se te había me
ás de mi espalda. Me dio a beber un poco de agua con
ré preguntar, con la
o Ethan te encontró en la orilla del río anoche. Estabas a punto
una manera familiar, pero no
rboles altos y densos, un tipo de bosque diferente al de
ándose en una silla junto a la cama. – Estamos a uno
e, viendo de nuevo la cara de Rafael, los ojos rojos de
s correr por mis mejillas a pesar del
la mano con l
lado, rastros de dos lobos – uno grande, de pelaje blanco y negro, y otro más pequeño... – se detuvo, mirándome con curios
den cambiar de forma, pero siempre llevan algo de su animal en el cuerpo humano: el olor, alg
r explicar más. – No tengo loba interior
levantó y fue a la estantería donde había más hierbas, co
– dijo mientras trabajaba. – Personas que no tenían un animal int
te sobre mis heridas. Dolió un poco al principio, pero
a preguntar, luego me detuv
diato. Se sentó de nu
ba completamente destrozado. Tu matriz... no podremos salvar
bé hubiera sobrevivido. Pero la realidad cayó sobre mí como una losa de piedra. Empecé a llorar, sollozos roncos que me do
decir nada, dejándome llorar has
despacio – mucho más despacio que el de cualquier lobo normal. Lila me dijo que era porque no t
detrás de mí. Gire la cabeza y vi a un hombre alto, con pelo oscuro como la noche y ojos grises como el cielo
lo sabía. Había reconocido su olor en la cas
y colocando los pescados en una
ijo, sin mirarme directamente
onocida por mantenerse alejada de los conflictos entre otras manadas. Ethan era hijo de uno de lo
e, bajando la cabe
ome con esos ojos grises que parecí
tándose en el borde del porche junto a mí. –
í, solo mi
e en lobo, pero podía hacer otras cosas. Podía sentir cuando iba a haber tormentas, podía encontrar agua
Cuando quiero que nadie me vea ni me huela, logro hacerl
io suav
– En estos tiempos, saber esconderse puede
verdad completa – n
los que quería. Ya
ió, sin pre
los otros. Cuando estés lista, decidirás qué hacer. Pero ten en cuenta – miró hacia el Bosque de Otoño, como si pudiera v
a razón – no podía olvidar lo que me habían hecho, lo que habían hecho con mi bebé. Pero ¿qué podí
ablemente nunca se fuera completamente, que quedaría ahí como un recordatorio. Miré mi reflejo en el agua del río – mi rostro ya no
a sido lo que ellos esperaban que fuera. Pe
llas brillando en el cielo. Cerré los ojos y me concentré en lo único que siempre había sabido hacer: esconderme. Sentí cómo mi cuerpo cambiaba, no en f
onvirtiera en la
loba interior. Tal vez nunca sería la luna que todos querían. Pero tenía algo
dón, ni para ser su luna. Sino para mostrarles que la niña que
tira que había sido mi vida. Porque para vengarme de quienes me habían hecho daño, necesitaría ayuda. Y aunque la manada del

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