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Historia
Casada con la sombra de un monstruo

Casada con la sombra de un monstruo

Autor: Gavin
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Capítulo 1

Palabras:2623    |    Actualizado en: 28/11/2025

años, fui la arquitecta silenciosa de su imperio, la esposa perfecta que manejaba su vida para que él pudi

capturando. Era la de ella. Miles de fotos explícitas de una modelo llamada Dalia,

, me llamó emociona

e su galería. Dalia hizo que me drogaran y me agredier

la habitación de al lado co

cionó. Me aband

ombre con el que me casé era un monstruo. Y no solo iba a

ítu

miliar como el latido de mi propio corazón. Sonrió, esa sonrisa perfecta y ensayada, y la multitud rugió. Lo observaba desde mi asiento, una esposa orgullosa, una s

vida perfecta. Era una discordia que había aprendido a ignorar, una pequeña estática en la sinfonía por lo demás armoniosa de

nte audiencia hasta que se posaron en mí. Hizo una pa

la sala-, mi hermosa esposa, Elena. Eres mi mayor inspiración, mi único y verdadero amor. El mun

ca del mundo. Lo hizo sonar como un voto, una promesa sagrada. Forcé una sonrisa, me dolían las mejillas. Mi corazón, sin embargo, sintió cómo una

e adoración pública y distancia privada. Había planeado una velada tranquila, solo nosotros. Incluso hab

sol entraba a raudales en nuestra impecable cocina de Polanco, resaltando las mo

plazándose po

r? -Su tono

tal vez podrías fotografiarme. Solo para nosotros. Como siempre dices, "g

intensos, estaban nublados con algo que no pude identifica

o los negocios con el placer. Mi arte es mi arte

risa v

iste que yo era tu musa. Que

sonido largo

onan estas cosas. -Tomó un sorbo de café, evitando mi mirada-. Además, estoy trabaja

hasta mi estómago, un

ería nuestra sesión de fotos d

lla hacia atrás con un rasp

a de esto, ¿de acuerdo? Podemos pedir algo a

mientras lo levantaba de la encimera. Ya estaba a medio camin

voz apenas un susurro-. S

, de espa

ahora, con un claro filo de molestia-. Yo no

se cerró con un clic, dejándome sol

Me había permitido tener esperanzas, tontamente. Había creído sus declaraciones públicas,

mi pecho. *Nunca te fotografío. Es lo nuestro.* Sus palabras resonaban, huecas

n retrato mío tomado por un amigo hace años. Iván siempre la había admirado, sie

o. Un espacio que alquilaba, supuestamente para proyectos experimentales demasiado crudos para su estudio principal. Rara vez habla

no l

to en el cajón de su escritorio, escondida debajo de una pila de facturas viejas. Se sintió casi demasiado fácil. Mi

dura, un clic silencioso resonando en el pasillo vacío. El estudio por dentro era más oscuro, más polvoriento d

a. Parecía fuera de lugar, casi como un mueble destinado a ser escondido a plena vista. Mis ded

as de álbumes de fotos. No solo álbumes, sino gruesos libros encuadernados en c

grabado con una sol

a la fama había coincidido misteriosamente con el trabajo reciente, más oscuro y vangu

ia. Poses que desafiaban los límites. Expresiones que eran a la vez vulnerables y desafiantes. Esto no era arte profesional. Esto era obsesión. Cada página que pasaba era una herida fresca, una nueva o

públicas sobre mí. Afirmaba que guardaba mi belleza para sí mismo, pero catalogaba meticu

Dalia, sus ojos entrecerrados, una sonrisa burlona jugando en sus labios. Y en la esquin

uestro aniversario. La misma mañana en que se había negado fríamente a fotografiarme, alegando que e

el shock. No era solo una traición. Era una mentira meticulosamente elaborada,

udio crujió al ab

ué estás ha

lgo que parecía miedo. Estaba enmarcado en la puerta, la dura

s ojos seguían fijos en la últim

quila, un monótono plano que apenas reconocí como mío. Mis manos, que aún sostenían el pesado á

ante, su sombra

arte. Experimental. Nada más. -Intentó

cho como un escudo. Mis ojos se encontraron con los s

esto arte, Iván? ¿O es solo un monumento a tus mentiras? ¿A el

omo si se hu

ión artística. Sabes que siempre estoy empujando los límites. -Comenzó a moverse hacia mí, con las manos

ocupado para mí, demasiado ocupado para nosotros? ¿Estabas aquí, con ella, creando esto? -Mi mirada recorrió la habitación, asimila

tarme el álbum

s las personas, deberías entenderlo. -Su tono cambió, volviéndose condescendiente, despectivo. El miedo se había

año-. Anoche te subiste a un escenario, Iván, diciéndole al mundo que yo era tu musa, que guardabas mi belleza para ti. Y todo este tiempo, tenías esta colecci

ho, se

límites artísticos? Estás siendo irracional. Estás celosa. Es exactamente por eso que mant

o directo de tu engaño deliberado, Iván. De tus mentiras. De tu traición. -Las

dura. *Eres demasiado sensible, Elena. Estás imaginando cosas. Es solo un mensaje amistoso. Sabes cómo son las modelos, sie

os, quedó suspendida en el aire. Era una súplica desesperada, una prueba final-

s ojos. ¿Era culpa? ¿Arrepentimiento? ¿O

, demasiado suave-. Eres mi esposa. Eres mi ancl

junto a la bolsa de su cámara. Sus ojos se desviaron hacia él, luego hacia mí.

todo color. Aga

esta llamada. Es impo

voz ronca-. Vas a ir con

sus dedos ya torp

-Se dio la vuelta, ya a medio camino de la puerta del estudi

o intento. Se detuvo, con la mano en e

erezó, abrió la puerta y salió. El clic de la cerradura reverberó en el estu

ró en mi bolsillo. Un mensaje de Hugo, mi amigo de la infancia, recordándome que había reservado una mesa en nuestro restaura

la. Mañana era mi cumpleaños. Escribí un mensaje,

una mentira. Y ya me cansé. No

oné e

, finalmente pasaría la página de este capítulo de mi vida. Una nueva página, li

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