so que daba por el solemne y apenas iluminado pasillo. El susurro de su vestido ajado sobre la
detuvo y la miró por encima del hombro. "Adentro encontrará ro
sonrisa y le respondió
llo hasta que ella se quedó a solas con su inquietud. Se detuvo un instante ante l
rtinas de terciopelo, paredes revestidas de madera oscura y una cama de enormes dimensiones. A un lado, un vestidor abierto exhibía hileras de camisas blancas impecabl
ivado que sentía estar profanando con su presencia. Evelina se quedó in
se vestido sucio o vas a cambiarte?", resonó una
voz inconfundible del hombre de aquella noche. Instintivamente,
za, con los ojos entornados. Por un instante sus miradas se cruzaron, y a Evelina se le fue todo
stro tembloroso de ella hasta su vientre. Se le tensó la mandíbula y una sombra inde
atinó a mirarlo, con la con
iferencia de estatura hacía que los intentos de resistencia de Evelina resultaran casi ridículos. Ell
la cintura y la alzó sin esfuerzo sobre el mueb
mirada clavada en la suya como si quisiera atravesarle el a
al comprender la insinuación. Le lanzó una mirada feroz,
beldía silenciosa. Le clavó el pulgar en los delicados huesos de l
estaba cargado del pegajoso olo
ambaleándose hacia el baño. Agarrándose al borde del lavabo
able. La verdad era evidente. Recordaba con claridad que ninguno de los dos se pr
chaqueta el consuelo de un cigarrillo. Al ver el
tú", declaró con una frialdad distante. "Y no creas que vas a usar un emb
ma, omitiendo deliberadamente que una ex
flejada en el espejo. La pregunta que él le había hecho, "¿Qu
, antes de responderle con señas: "No estoy embara
ajarse. "No entiendo el lenguaje de señas, y no me importa. No creas que puede
mentarios descuidados de Erick sobre el fajo de bil
ro, se había acostado con él y a la mañana sig
ara forzar su mano con otra maniobra calculada. Para Andreas, todo aquel
fica, se sentó en el escritorio. Cada línea de su postura irradiaba concentración mientras escr
, de trazos seguros, en un contrast
rada alternando entre la página y la mujer que
ró a la papelera. "Hay ropa limpia en la c
ar su suplicio. Esperó a que la puerta se cerra
rgado un vestido de una boutique. El atuendo, aunque de diseño sencillo, estaba confeccionado en una seda impecable y le sentaba a la perfección. El co
inmediato a Andreas apostado junto a la pared, irradiando impa
ante entre los dedos, exhalando el
o más. La observó en silencio, cada calada de su cigarrillo marcando la tensión
del pasillo. La línea elegante de su cuello y la coleta baja y ordenada que enmarcaba s
sutil curva de su cintura y, finalmente, hasta el delicado arco de sus tobillos.
e apasionada. No pudo evitar imaginar el modo en que sus pestañas húmedas se habían
el leve dolor donde le había mordido el hombro, el aroma de su alie
gen de la mujer que tenía delante se fundió con el recuerdo inquietante de aquella
mpo. Después de aquel incidente, se había mantenido alejado de la intimidad,
edosa de su cabello hasta la curva delicada de su cue
lo y lo arrojó sin cuidado
rsión fría y casi burlona. "¿Qué haces
explicar que estaba allí
gesto, la voz plana por el fastidio. "Ahórrate el lenguaje
n hasta el vientre de ella, fríos y desdeñosos, ant
r el paso sin llamar la atención, siguiéndo