Tratando de no amarte
El Arrepentimiento del Alfa: Su Amor Verdadero Se Fue
Durante años fui suya. No su pareja. No su amor. Su amante. Su Gamma. Su sombra en la noche. El alfa Calhoun se encargó de que ningún hombre se atreviera a tocarme y de que ningún lobo osara siquiera mirarme. Yo era su posesión, su secreto, su pecado hecho carne. Y lo soporté todo: sus manos ásperas, su devoción oscura, sus besos con sabor a fuego y cadenas... porque, al menos durante un tiempo, él también fue mío. Hasta que ella volvió. Su pareja destinada. Su supuesto amor verdadero. Y, de un día para otro, dejé de ser alguien. Me apartó, me obligó a callar y me dejó consumirme a la sombra de un amor que, en realidad, nunca me había pertenecido. Pero eso es lo que pasa cuando un hombre como Calhoun te marca como suya... que nunca termina de soltarte. Lo que él no sabía entonces era que yo ya tenía un pie fuera de la puerta. Y cuando por fin abandoné su manada, me llevé conmigo mucho más que un corazón roto.
Capítulo 1 uno
PUNTO DE VISTA DE ELODIE
El corazón se me hizo añicos mientras contemplaba el papel que sostenía entre las manos.
Había firmado mi renuncia ese mismo día.
Sin pestañear siquiera.
Nueve años a su lado. Nueve años amándolo, solo para descubrir que, para él, yo no significaba nada.
-¿Quieres que se lo diga? -La voz de la directora de Recursos Humanos volvió a sacarme de mi ensimismamiento.
Me puse rígida y me mordí el interior de la mejilla con tanta fuerza que me dolió.
Aun así, aquel escozor no era nada comparado con el dolor que me atravesaba el pecho, como si alguien estuviera hundiéndome un puñado de dagas.
Aferré con más fuerza los documentos de la renuncia. Ya no podía seguir mirando la pantalla del portátil. No con las lágrimas a punto de desbordarse.
Aparté la cara, inspiré de manera entrecortada y parpadeé varias veces. La vista ya empezaba a nublárseme.
Dios.
Dolía mucho más de lo que había imaginado.
-Ya no hace falta. Él la firmó. Es hora de que me vaya.
La directora de Recursos Humanos suspiró. Con la preocupación reflejada en los ojos, se acercó un poco más a la cámara.
-El alfa Calhoun no se dio cuenta de que era tu renuncia. La firmó sin leerla siquiera. Llevas años siendo su mano derecha. Depende de ti más que de nadie. Te valora, Elodie. No se trata de cubrir un puesto cualquiera. No eres reemplazable.
Los labios me temblaron.
Y no precisamente por una sonrisa.
¿Me valoraba?
¿A mí?
Hundí los dientes en el labio para no echarme a reír. O a gritar.
Qué broma.
Si de verdad me valorara, ¿no habría venido corriendo? ¿No habría llamado ni una sola vez? ¿Ni siquiera habría enviado un mensaje?
Asentí despacio y respiré hondo.
-Lo siento -susurré-. Lo he pensado bien. He dado todo lo que podía dar. Aunque haya sido su gamma durante todos estos años... sé que Calhoun encontrará a otra persona. Siempre lo hace.
Parpadeé para contener el ardor de los ojos antes de continuar.
-Yo solo... necesito regresar con mi manada. Me avisaron de que mis padres no están bien. Quiero estar con ellos mientras aún pueda. Me quedaré durante el próximo mes para ocuparme de todo el proceso de transición. Pero después...
Tuve que hacer un esfuerzo para tragar.
-Me iré. Muchas gracias por todo.
La expresión de la directora de Recursos Humanos se vino abajo.
Y eso terminó de destrozarme. Ni siquiera ella sabía qué decir.
La pantalla quedó en negro.
Entonces rompí a llorar.
Me cubrí la cara con una mano y aspiré tan bruscamente que el aire me raspó la garganta. Luego me levanté, me sequé las mejillas con el dorso de la mano y caminé hacia el rincón donde había dejado las cajas.
La villa estaba en silencio.
Había pasado cuatro años enteros en aquel refugio privado junto al acantilado. El pequeño y lujoso exilio que Calhoun me había concedido.
Él me había dado aquel lugar. Me había dicho que era mío.
Pero nunca lo había sentido como un hogar.
Empecé a guardar mis cosas casi por inercia.
No tenía demasiado. Algo de ropa. Algunos libros. Una taza que él había dejado una vez sobre la encimera y que nunca me pidió que le devolviera.
La dejé allí.
No importaba. Era otra de esas cosas cuya ausencia él jamás notaría. Tal vez, cuando por fin regresara a la villa, la tiraría a la basura.
Después de cerrar la última caja, me quedé inmóvil.
Respirando.
Pero el pecho se me cerró con tanta fuerza que tuve que apoyarme en el borde de la mesa para no caer al suelo.
Las lágrimas regresaron.
Esta vez no intenté contenerlas.
Las dejé correr.
Porque nadie me estaba mirando.
Porque, por una vez, podía derrumbarme en paz.
No me di cuenta de la fuerza con la que sujetaba una de las cajas hasta que se me cayó al suelo y los pocos objetos que quedaban dentro salieron desparramados.
Entonces los recuerdos de aquellos nueve años irrumpieron sin previo aviso.
Dios, en aquella época yo no era más que una gamma. Nadie. Una chica con la confianza hecha pedazos y las manos temblorosas cada vez que alguien de rango superior miraba en su dirección.
Pero, de algún modo -todavía no sabía cómo-, aprobé el examen para conseguir una beca y me aceptaron en la academia de élite dirigida por la manada Nightbourne.
Debería haberme sentido orgullosa.
En cambio, desde el mismo instante en que llegué, deseé poder fundirme con las paredes y desaparecer.
Los pasillos estaban cubiertos de cristal y plata. ¿Y los estudiantes? Vestían como miembros de la realeza.
¿Yo?
Ni siquiera podía alzar la cabeza sin encontrar desprecio en sus miradas.
Me observaban como si acabara de salir arrastrándome de una alcantarilla.
Como si no perteneciera a aquel lugar.
Recordaba el primer día a la perfección.
Debía asistir a Historia Política Avanzada en la Sala B2, pero ya estaba a punto de dar media vuelta. No iba a entrar allí. No con ellos. Faltaría a clase, me escondería en los jardines traseros y quizá lloraría.
Fue entonces cuando me topé con Mila Damaris.
Ella no me miró como si fuera basura. Me preguntó qué clase tenía y, antes de que pudiera balbucear una frase completa, ya me estaba llevando hasta el aula.
Así, sin más, pasé a formar parte de su mundo.
Por aquel entonces no sabía lo que eso significaría.
Dios, si lo hubiera sabido... tal vez habría huido.
Si hubiera sabido lo que alguien de aquel mundo le haría a mi amor... Si hubiera sabido que acabaría de aquella manera... quizá habría dicho que no.
Pero no lo hice.
Seguí a Mila adondequiera que quisiera llevarme. Poco a poco, se convirtió en mi mejor amiga. Me presentaba ante todo el mundo como si yo fuera alguien importante.
Incluso ante su familia.
Y aquella fue la noche en que conocí a Calhoun.
Su hermano mayor.
El heredero de la manada Nightbourne.
Dios, aún recordaba la primera vez que lo vi.
Apenas me prestó atención.
Sin embargo, juraría que algo cambió dentro de mí. Mi loba se volvió loca. Ronroneaba, empujándome hacia él.
Pensé que tal vez, solo tal vez, él fuera mi compañero.
Pero ¿qué podía hacer yo con aquello?
Yo era una gamma.
Él había nacido alfa.
Así que enterré aquel sentimiento. Muy hondo. Tanto que dolía.
Después nos graduamos. Mila se marchó a Italia para ampliar el negocio de su familia y continuar sus estudios. Me pidió que fuera con ella.
Me negué.
Me quedé, no porque hubiera algo para mí allí...
Sino porque Calhoun seguía allí.
Y yo era lo bastante estúpida como para querer permanecer cerca de él.
Por eso solicité el puesto. Acepté trabajar como su gamma. Como su asistente.
Y él me aceptó. Me permitió estar un poco más cerca.
Eso debería haberme bastado.
Pero entonces llegó aquella noche.
La gala anual de las manadas.
Todo el mundo estaba allí. Vi a Calhoun junto al arco, con la mirada vidriosa y los dedos frotándose la sien.
Algo no iba bien.
Podía olerlo. Había algo extraño en su aroma.
Entonces se tambaleó. Apenas un poco, pero yo lo vi.
Y, como la tonta que era, lo seguí fuera del salón hasta el pasillo en penumbra.
Debería haber dado media vuelta.
Estaba sacando el teléfono cuando oí su gruñido de dolor.
Entonces se volvió hacia mí.
Sus ojos brillaban con un intenso tono ámbar.
Su lobo intentaba salir.
-¡Calhoun, espera! Solo aguanta... ¡Voy a llamar a alguien!
Nunca llegué a hacer aquella llamada.
De pronto, estaba frente a mí. Respiraba con dificultad y tenía una mano apoyada con violencia contra la pared, junto a mi cabeza.
Entonces me besó.
No.
No me besó.
Me devoró.
Y yo...
Yo se lo permití.
Debería haberlo apartado. En lugar de eso, cerré los ojos y dejé que mi estúpido corazón creyera, aunque solo fuera por un segundo, que él me deseaba.
Entonces llegó la mañana siguiente.
Ojalá nunca hubiera despertado.
No en aquella cama.
No en aquella habitación.
Durante un instante, el mundo quedó en silencio. Por primera vez en una eternidad.
Hasta que abrí los ojos.
Calhoun estaba sentado en una silla junto a la ventana, con una pierna cruzada sobre la otra y los brazos apoyados con indolencia, como si hubiera pasado toda la noche observándome dormir.
Su mirada inexpresiva se clavó en la mía. Estaba tan vacía que me robó el aire de los pulmones. No había ni un atisbo de emoción en su rostro.
Se me encogió el estómago.
Entonces me di cuenta.
Estaba desnuda.
Dios... Aquella había sido mi primera vez.
¡Le había entregado mi primera vez!
El dolor se extendía por todo mi cuerpo. No era solo físico. Había algo más, algo que gritaba que había cometido un error tan terrible que quizá jamás lograría recuperarme.
Intenté incorporarme. Hasta respirar parecía un castigo.
Calhoun no se movió. Se limitó a reclinarse en la silla, sin apartar los ojos de mí, como si estuviera observando algo insignificante.
Cuando habló, lo hizo con frialdad.
-Sé que te gusto. Lo supe desde el momento en que Mila te llevó a la villa familiar.
Me quedé paralizada. Entreabrí los labios, pero no conseguí pronunciar una sola palabra.
-No necesitas fingir. Lo sé. -Se inclinó hacia delante-. Pero no te hagas ilusiones. Nunca me gustaría alguien como tú. Lo que ocurrió anoche fue un error... y debería quedarse así.
Sus palabras me golpearon como una bofetada, pero su expresión no cambió.
Ni siquiera mostró un atisbo de culpa.
¿Yo era un error?
Debería haber dicho algo. Haberle gritado. Haberlo abofeteado.
Pero había perdido la voz.
Y el corazón se me hundió en el pecho.
Calhoun se levantó con toda naturalidad, caminó hasta un cajón y sacó algo.
Una tarjeta negra.
La arrojó sobre la cama como si fuera basura.
-Mila me habló de ti -murmuró, todavía sin mirarme-. Tu familia pasa por dificultades. Eres de sangre gamma. Intentas hacer algo con tu vida.
Se volvió para marcharse, pero antes añadió, sin que su expresión se alterara:
-Ahí hay suficiente dinero para que puedas instalarte. Ya me darás las gracias después.
En ese momento, las lágrimas empezaron a escocerme en los ojos y la humillación me cerró la garganta. No sabía cómo tragarme aquello.
Pero él no se detuvo.
Me miró directamente a los ojos y dijo:
-No me mires así. Estoy enamorado. Tengo una compañera. Será mejor que los dos olvidemos que esto ocurrió.
Fue cruel.
Ni siquiera intentó ocultarlo.
Y yo me odié por haberme permitido soñar, aunque solo hubiera sido por una noche.
Entonces volví a oír la voz de Mila en mi cabeza.
-Está obsesionado con Carmela Reyes. Ya sabes, la chica de la manada vecina que no deja de engañarlo. Nunca dejará de perseguirla.
Mila tenía razón.
Calhoun jamás dejaría de ir detrás de alguien que no paraba de hacerle daño.
Y yo...
Yo solo era la idiota que había creído que quizá las cosas podrían ser diferentes conmigo.
Las lágrimas cayeron antes de que pudiera contenerlas. Sin embargo, él ni siquiera me dedicó una mirada mientras se dirigía hacia la puerta.
-¡Espera! -jadeé.
Me levanté de la cama a trompicones, arrastrando las sábanas conmigo. Todo mi cuerpo temblaba, pero no me importaba parecer patética.
-No quiero tu dinero -dije con la voz quebrada-. Solo quiero una oportunidad para demostrarte que podría estar destinada a ti.
Se detuvo.
Luego se volvió, puso los ojos en blanco y salió de la habitación.
Así comenzó mi infierno.
Desde aquel día, no fuimos más que dos extraños durante el día. Por las noches, yo me convertía en su asistente.
En su juguete sexual.
Nada más.
Me esforcé muchísimo. Le compré regalos, pequeños detalles que creí que podrían hacerlo sonreír.
Nunca abrió ninguno.
Los encontré todos en la basura.
Pero nada me preparó para su cumpleaños.
Aquella noche estaba sentada en el suelo de mi habitación, aferrada a una estúpida cajita con unos gemelos que nunca llegué a entregarle, cuando vi la foto que había publicado en sus redes sociales.
Calhoun y Carmela Reyes.
Él la estaba besando.
Y entonces lo comprendí.
Nunca sería suficiente.
Nunca lograría curarme de aquello.
Volví a clavarme los dientes en la mejilla hasta que el sabor metálico de la sangre me llenó la boca.
Ya había llorado bastante.
Lo juraba.
Regresé bruscamente al presente, recogí la caja del suelo y me dirigí hacia la puerta.
Pero, en cuanto la abrí, el aire se me quedó atascado en la garganta.
Calhoun estaba allí, apoyado con indolencia contra el marco.
Habló con total despreocupación, como si yo no me estuviera muriendo por dentro.
-¿Adónde vas?
Una fuerte presión me oprimió el pecho.
-Encontré un apartamento nuevo. Me mudo.
Él emitió un sonido bajo.
-Yo te llevo.
Abracé la caja con más fuerza y respondí enseguida:
-No está tan lejos.
Se le tensó la mandíbula.
-No te lo estaba preguntando.
No volví a discutir.
Caminamos en silencio hasta su Porsche. Sin embargo, en cuanto subí, supe que algo iba mal.
El interior apestaba a perfume floral.
Había muñecas rosas colocadas cuidadosamente sobre el salpicadero y el asiento.
Calhoun se dio cuenta de que las miraba y puso los ojos en blanco.
-Carmela quería un cambio. Tuve que dárselo.
Algo volvió a quebrarse dentro de mí.
Aquel era el coche donde me había susurrado cosas que, como una estúpida, había creído.
Donde me había follado.
Y ahora... era de ella.
Todo era de ella.
La caja se me resbaló de los brazos y cayó al suelo. El cristal que había dentro se hizo añicos.
Me apresuré a recoger los pedazos, pero uno de los fragmentos me abrió un corte profundo en la palma.
La sangre brotó al instante.
-Mierda -gruñó Calhoun mientras extendía una mano hacia mí.
Antes de que sus dedos pudieran rozarme, su teléfono vibró.
Se detuvo.
Luego contestó.
-Calhoun, cariño, me corté la mano -gimió Carmela al otro lado de la línea-. Está sangrando. Ven a casa, por favor.
Me quedé inmóvil.
Calhoun suspiró y me miró.
-Llamaré a mi beta para que venga a buscarte. Quédate quieta.
Y se marchó.
Me dejó allí.
Sangrando.
En el suelo.
Con cristales clavados en la piel.
El pecho se me cerró dolorosamente.
-Conseguirás lo que quieres, Calhoun. Nunca volveré a amarte.
Tratando de no amarte
Astrid Williams debe trabajar para ayudar a sus padres a pagar las deudas que se le han acumulado y además tiene que costear sus estudios universitarios. Derek Baker es el dueño de una gran empreza, que no confia en nadie después de lo ocurrido hace seis años. Ambos mundos completamente opuestos s
No Puedo Parar De Amarte
El primer día que Ada pasó en las prácticas del trabajo, se encontró con un hombre en la ducha. Él no era otro que su director, quien decidiría su calificación. Cuando pensó que su suerte no podría ser peor, el hombre de la cita que su madre le había presentado era él. Antes de que ella dijera nada
NO DEBO AMARTE
Me case emocionada, pensando que mi matrimonio sería el típico felices para siempre de las películas románticas, como siempre lo había soñado. Mi esposo, James Leroy, CEO multimillonario, heredero de una inmensa fortuna, yo una chica de clase media que todavía soñaba con el amor, además había esta
Tratando de ser aceptada
Hola mi nombre es cielo naci diferente a los demas por que tengo habilidades especiales como una velicidad impensa o tambien volar por eso no tengo amigos pero muy pronto llegara alguien a mi vida que cambiara todo
El Pecado de Amarte
Su padre se la vendió por dinero. Cuando Tabitha se graduase de la escuela secundaria, se iba a casar con Boris, una leyenda en el mundo empresarial. Pero él solo se casó con ella para complacer a su familia y hacer que dejaran de molestarlo. Su frialdad e indiferencia la alejaron, pero él se ena
El Deseo De Amarte
Devak jefe de la tribu Patchua nunca ha creído en el amor, sus intereses siempre han sido en tener mas poder y ayudar a que su pueblo crezca en todos los sentidos. Pero un día el amor tocará la puerta de su corazón de la manera mas inesperada, arrastrándolo a un deseo incontrolable de amar sin que e
Déjame Amarte
Ella provenía de un origen humilde. Tenía un historial académico promedio, un trabajo aburrido y ganaba poco. Maquillarse y vestirse con cierta elegancia no eran parte de su cotidianidad. De la cabeza a los pies, tanto en su interior como en su exterior, nada en ella sobresalía. Aun así, una noche
Odio Amarte.
Stella Morris acaba de llegar a la ciudad, es una estudiante de medicina que lo único que busca es alejarse de su oscuro pasado, uno que no creyo que la persiguiria hasta donde está ahora. Stella planea vivir su vida por primera vez y con ayuda de sus nuevos amigos, sin imaginar que su futuro solo e
Amarte siempre
Emilia se siente bastante incómoda porque su amiga Amanda proviene de buena familia y no deja de hablar de su medio hermano millonario que comenzó a vivir con ellos. Toda una realidad diferente a la de Emilia, que varias veces debe ir a clases sin desayunar. Antony, el medio hermano millonario de A
Prohibido Amarte
Ella cree qué los ricos son unos odiosos, pero debe trabajar para uno. Él piensa que puede tener a toda chica que él desee porque es un rico heredero. Una noche de copas podría cambiar la percepción que uno tiene del otro y por supuesto, despertar sentimientos que ninguno creyó sentir por el otro.
Amarte profundamente
Estaba borracha por culpa de su hermana, que estaba celosa de todo lo que poseía, accidentalmente entró en una habitación, donde tuvo una aventura de una noche con un extraño. Ella tenía un bebé inesperado de ellos. Incapaz de resistir la gran presión de su familia y su amenaza, ella decidió casarse
¡Déjame Amarte!
Lady Theresa Baronesa de Lexinton es una mujer bella, generosa y cautivadora, está casada con un hombre que ha marcado su vida con maltratos. Ella vive sumergida en la tristeza y la desesperación, por lo que decide abandonar a su abusador esposo; convencida que el futuro que le espera no será tan o
DEJAME AMARTE
Carolina Ferreira ha estado casada con Esteban Soler, un hombre que era muy detallista y amoroso desde que lo conoció. De un momento a otro no supo dónde quedó todo aquello que encontró en otro hombre, Daniel Blanchett; quien es su amante desde hace varios meses. A pesar de su engaño sigue sintiend
Quiero Amarte
Nicol no cree que el amor esté hecho para ella, pero en un cambio radical de vida, encuentra todo lo que tanto ha soñado en un hombre que pensó que era prohibido para sí. No obstante, Darren ha estado enamorado de ella desde hace muchos años atrás, solo que no se atrevía a revelar su amor a los cu
Amarte durante El Resto de Vida
Cuando Stella estaba escapando, un extraño la violó pero no esperaba que ese extraño fuera Jasper Milton, un hombre rico y poderoso. Además de ser despiadado y frío, se rumoreaba que no amaba a las mujeres pero en realidad no era así. Stella estaba sufriendo un dolor de espalda después de tener sexo
Peligrosa Seducción: El precio de amarte.
Amelia no estaba buscando a otro hombre. Después de tantos años de matrimonio, tenía una vida hecha. Un esposo, un hijo, una casa y una rutina que conocía de memoria. Pero todo cambia cuando descubre la infidelidad de Ernesto y decide empezar de nuevo. Entonces conoce a Chris Daniels. Al principio s
Enséñame a amarte
Para los Richmond los negocios y la vida de millonario presupone todo, lujos, viajes y bienes han estado completamente en sus manos, el éxito que su renombrado apellido ha logrado alcanzar se eleva con gloria sobre los demás, pero no todo gira en margen a esto. Para tales logros la familia Richmond
Amarte por siempre
Ana es abogada para el alcalde, pero por una apuesta de unas amigas, terminó bailando para un antro de mala muerte, cuando el dueño la grabó para extorsionarla. Como abogada debe cuidar su reputación, por lo que decide mantenerlo en secreto. Conoce a un chico guapo, quien busca conquistarla, cuando
Enseñame a amarte
¿Que harías si el amor de tu vida te abandona de un dia para el otro en el medio de un aeropuerto? ¿Se puede volver a amar luego de una infidelidad? ¿Como se sobrevive a una relación abusiva? ¿Es el amor un instinto o algo que se construye? Un grupo de adolescentes comparten sus vivencias mientras
Dos Meses para Amarte
El mismo mes que el médico me entregó una sentencia de muerte, mi primer y único amor, Patrick Castillo, regresaba para casarse con otra. Con solo dos meses de vida, decidí que no me quedaría de brazos cruzados: lochantajearía para que pasara ese tiempo conmigo. La humillación, los desplantes públ
