Sin embargo, ese sufrimiento no podía compararse con el dolor que le oprimía el corazón.
Durante tres largos años había sido la esposa de Larry, a quien se había dedicado en cuerpo y alma.
Pero al final, esto era lo que recibía a cambio.
Él eligió sacrificarla para salvar a su primer amor.
Lentamente, una lágrima se deslizó por la pálida mejilla de Elena.
"Larry...".
Con la poca fuerza que le quedaba, dejó escapar su nombre en un susurro débil, y todo el equipo médico se volvió de inmediato hacia el hombre alto y distante que estaba a un lado. "Señor Miller, está perdiendo demasiada sangre. Proceder con la extirpación del riñón la matará".
El miedo se extendió entre los médicos y enfermeras, pues ninguno de ellos quería que una paciente muriera en sus manos.
Sin dudarlo, Larry le dirigió a Elena una mirada distante y habló en un tono frío y sin emociones. "Ella no es nada. Solo necesito su riñón. Su único propósito es mantener viva a Carla".
Por encima de ella, el estéril techo blanco llenó su visión mientras el color desaparecía lentamente de su rostro.
¿El amor de Larry por Carla había llegado de verdad a este punto?
Para él, Carla era alguien a quien atesoraba profundamente, mientras que Elena no significaba nada más que algo desechable.
De sus labios salió un sonido débil y quebrado.
Una vez más, el dolor recorrió su cuerpo. La sangre continuaba fluyendo a un ritmo alarmante, y a Elena ya no le quedaban fuerzas para gritar.
De repente, un pitido agudo y constante resonó en la habitación.
Un momento después, los cirujanos completaron la extirpación y sacaron el riñón de su cuerpo.
Apenas capaz de moverse, Elena se aferró a su bata cuando las puertas del quirófano se abrieron de golpe. Un hombre con un aspecto diabólicamente apuesto y un aura intimidante irrumpió en la sala, con el rostro pálido de pánico.
"¡Elena!". Su voz se quebró en el momento en que dijo su nombre.
Antes de que alguien pudiera reaccionar, se abalanzó como si hubiera perdido toda la razón, y luego hundió un cuchillo profundamente en el abdomen de Larry.
"¡Larry Miller! ¿Te atreviste a lastimarla? ¡Vete al infierno!".
Reuniendo las últimas fuerzas que le quedaban, Elena se obligó a abrir los ojos porque necesitaba saber quién había venido por ella.
¿Cómo podía ser Bryan Wilson?
Todos sabían que era el enemigo jurado de Larry, así que la escena no tenía sentido para ella. No podía entender por qué ese hombre arriesgaría todo solo para salvarla.
Las lágrimas corrían por el rostro de Bryan y caían sobre su mano mientras hablaba con voz temblorosa. "Elena, por favor, quédate conmigo. Por favor, no me dejes...".
Un dolor agudo le oprimió el corazón, y anhelaba aliviar el sufrimiento de él; sin embargo, ni siquiera pudo articular una sola palabra mientras sus párpados comenzaban a cerrarse lentamente.
Mientras perdía la conciencia, los recuerdos pasaron ante sus ojos como las escenas finales de una película.
Recordó cómo una vez había perseguido a Larry con una devoción inquebrantable. Recordó cómo había trabajado sin descanso solo para asegurar su puesto como heredero de la familia Miller. Todavía podía sentir el momento en que se interpuso frente a un cuchillo destinado a él, y esa herida le había dejado una cicatriz que llevaría para siempre.
Al final, cada sacrificio que hizo le pareció un sinsentido.
Desde lo más profundo de su ser, el resentimiento comenzó a surgir. Si el destino alguna vez le concedía otra vida, juró que nunca volvería a elegir a Larry. Bajo ninguna circunstancia se casaría con este hombre malagradecido.
De repente, una luz intensa inundó su visión.
Incluso antes de que sus ojos pudieran acostumbrarse, la voz ansiosa de una mujer llegó a sus oídos.
"El señor Miller acaba de llegar con la señorita Foster, e insiste en que ella debería estar a su lado como su dama de honor".
Cuando su vista finalmente se aclaró, Elena se dio cuenta de que ya no estaba en el quirófano. En cambio, estaba de pie en el centro de su ceremonia de boda con Larry.
¿Realmente había renacido?
Esa boda había sido una vez el comienzo del futuro que creía que compartiría con Larry; sin embargo, todo se desmoronó en el momento en que él llegó con Carla a su lado. Ese día, esta llevaba un vestido hecho a la medida que acaparó todas las miradas del salón, mientras Elena se desgastaba atendiendo a cada invitado. Para cuando terminó la ceremonia, se veía completamente agotada y, para colmo, un niño descuidado había derramado jugo sobre su vestido de novia.
Antes de que terminara la noche, toda la ciudad la había convertido en el hazmerreír. La gente susurraba que le faltaba gracia, se burlaba de cómo había arruinado su propia boda e incluso afirmaba que Carla, la mujer que Larry mantenía oculta, parecía más la novia.
Paso a paso, esa tipa le había arrebatado todo. Primero le quitó a su esposo, luego su dignidad y, al final, hasta su riñón.
Con esta segunda oportunidad, Elena se negó a repetir las mismas elecciones.
En el instante en que Larry entró con Carla del brazo, un dolor punzante le atravesó el pecho.
Por un breve momento, casi le fallaron las piernas.
Desde lo más profundo surgió una oleada de odio tan feroz que amenazaba con consumir todo a su alrededor.
Con voz firme y afilada, habló: "Larry, explica por qué trajiste a otra mujer a nuestra boda".
Por un breve momento, Elena cerró los ojos e intentó serenarse mientras la ira que llevaba dentro amenazaba con desbordarse.
"Larry... no creo que yo le agrade mucho a Elena", dijo Carla tímidamente. "¿De verdad me dejará ser su dama de honor?".
Con un gesto suave, Larry le tocó la mano para calmarla, y su voz se suavizó. "No te preocupes. Ella hace todo lo que yo digo".
Después de eso, desvió la mirada hacia su prometida. La calidez en su rostro desapareció. "Elena, pasaré por alto tu actitud. Pero Carla será la dama de honor. Es su sueño ser parte de mi boda. Así que sé sensata y trátala con respeto".
Cada vez que sus ojos se posaban en Elena, no transmitían mucho más que impaciencia.
En contraste, cuando miraba a Carla, una ternura persistía en su mirada, y no hacía ningún esfuerzo por ocultarla.
Mientras esas emociones chocaban en su interior, la amargura y el dolor se entrelazaron hasta que una risa fría brotó de los labios de Elena.
"¿Tratarla con respeto?". El desprecio impregnaba cada palabra que decía. "¿Quieres que respete a la mujer que me está robando a mi esposo el día de mi boda? ¿E ignorar el hecho de que me humilló?".
"¡Elena!". La voz de Larry desgarró el salón mientras bramó la orden. "¡Deja de hablar ahora mismo!".
La confusión brilló en los ojos de Larry, pues nunca antes la había visto actuar de esa manera. Ella solía obedecer todo lo que él decía sin dudarlo, así que no podía entender qué había cambiado.
Sin decir una palabra más, Elena se arrancó el velo y lo arrojó al suelo.
"¿Por qué debería quedarme callada cuando tú eres el que está siendo infiel? ¿Crees que se supone que debo fingir que nada de esto está pasando?".
Bajo la mirada atónita de Larry, Elena se agachó, recogió una piedra decorativa del arreglo floral y la arrojó con fuerza contra el imponente pastel de bodas.
Un fuerte estruendo resonó en el aire cuando el pastel se derrumbó, y el glaseado y las migajas se esparcieron por todo el suelo.
Clara e inquebrantable, la voz de Elena resonó por todo el lugar. "Esta boda termina aquí".