La puerta del vestidor se abrió y la imponente figura de Garrison Sterling bloqueó la entrada. Llevaba un esmoquin hecho a medida que acentuaba su porte aristocrático y severo. Sus ojos grises, siempre calculadores, la recorrieron de arriba abajo con una fría aprobación.
-Espectacular -dijo él, aunque su tono carecía de cualquier rastro de calidez humana. Era el mismo tono que usaba cuando cerraba una adquisición multimillonaria-. Los inversionistas asiáticos deben ver que el CEO del Consorcio Sterling no solo domina el mercado, sino que posee lo mejor en cada aspecto de su vida. Ven aquí.
Alana dio un paso hacia él. Garrison la tomó por la cintura, atrayéndola hacia su cuerpo rígido. Su mano, firme y posesiva, descendió por la curva de su cadera, apretando la seda del vestido. No había ternura en su toque, solo la afirmación de propiedad. Su boca buscó la de ella en un beso exigente, metódico, cargado de una intensidad dominadora que buscaba sumisión, no conexión. Garrison la besaba como si estuviera firmando un decreto. Cumplía con su papel de esposo apasionado, pero detrás de la fuerza de sus labios solo había una gélida necesidad de control. Cuando se separó, ni siquiera la miró a los ojos; simplemente le arregló un mechón de cabello suelto.
-Mantén esa sonrisa toda la noche, Alana. Hoy consolidamos el trimestre más importante del año. Y mañana... -su mano bajó deliberadamente hacia el vientre plano de ella, presionando con firmeza-, volveremos a enfocarnos en lo único que le falta a este imperio. Mi heredero. No toleraré más retrasos con eso.
Un frío sutil recorrió la espina dorsal de Alana, pero asintió con una perfecta sonrisa ensayada.
-Por supuesto, Garrison.
El salón principal del hotel más lujoso de la ciudad era un mar de luces de cristal, oro y conversaciones en voz baja. La crema y nata del mundo empresarial se abría paso para saludar al hombre del momento. Garrison se movía por el lugar como un rey absoluto, con Alana firmemente sujeta de su brazo. Ella interpretaba su papel a la perfección: reía en los momentos adecuados, sostenía la copa de champán con gracia y miraba a su esposo con la adoración que la sociedad esperaba.
Frente a las cámaras y los socios, eran la definición misma de la perfección matrimonial. Una pareja de oro. Nadie podía notar el abismo de distancia que existía entre ellos cuando las luces se apagaban.
-Garrison, un brindis por el nuevo proyecto en el extranjero -dijo uno de los directivos principales, acercándose con una sonrisa política-. Aunque escuché que la junta ejecutiva exige una supervisión interna muy estricta.
Garrison sonrió con suficiencia, enderezando la postura.
-Mis decisiones no necesitan supervisión, Richard. El Consorcio se mueve bajo mi dirección, y nadie en esta familia, ni fuera de ella, tiene la capacidad de cuestionar mi control.
-¿Nadie, hermano?
Una voz profunda, con un matiz oscuro y peligrosamente aterciopelado, resonó justo detrás de ellos, cortando el aire pesado del salón.
Alana sintió que el corazón le daba un vuelco violento. Una corriente eléctrica, caliente y repentina, le encendió la piel bajo la seda del vestido antes de que pudiera siquiera darse la vuelta. Conocía esa voz.
Garrison se tensó de inmediato, y la calidez fingida de su rostro desapareció para dar paso a una máscara de pura hostilidad corporativa. Ambos se giraron lentamente.
Caminando con una elegancia felina, abriéndose paso entre la multitud sin el más mínimo esfuerzo, apareció Damian Sterling. El hermano menor. Llevaba el esmoquin con una sofisticación rebelde, un botón del chaleco sutilmente desabrochado y una sonrisa perezosa que prometía destrucción. Sus ojos, del mismo gris que los de Garrison pero encendidos con un fuego inteligente y peligroso, ignoraron por completo a los directivos.
Damian avanzó directo hacia ellos. Y cuando sus ojos se posaron en Alana, la intensidad de su mirada fue tan descarada, tan cargada de un magnetismo carnal y prohibido, que ella sintió que el aire abandonaba sus pulmones. En medio de la fría perfección del salón, Damian Sterling acababa de traer el fuego.