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e vista
entras dejaba frente a mí un vaso de café de cartón-. Si este t
ste del número
o intentó explicarte cóm
ban las hoja
dejó caer en la silla de enfrente-. Ya e
aneo una ví
ro que había dic
obos compartían las mesas sin que nadie tuviera que anunciar qué era. Por eso llevaba tres años viviendo en aque
amento alquilado, un coche de segunda mano y una mejor amiga em
istoria se extendió por todas las manadas cercanas antes de que yo alcanzara siquiera los límites del territori
protegería. En que alguien saldr
e lo
por completo. Después construí una vida lo bastante
la última -
uel hombre entró, toda la sala par
, facciones afiladas y unos inquietantes ojos azul hielo. No se movía como un lobo común
apagaron. Las cabezas
ntes de que pudiera alcanzarme, y todos mis instinto
percibí
frío. Piedra empap
n tanta fuerza que aferré el vaso hasta
pañe
a y otra vez. Apenas oí a
a nuestra mesa. Durante un segundo i
no lo
ría hacer
na loba
cabeza co
orita
S
sian
rado a evitar las noticias de las manadas, los titulares de negocios y cualquier cosa rela
pie, y las patas de su sill
un sitio. -Se inclinó hacia mí y susur
dedicó un
l. Tráta
queó apena
a mi in
a cicatriz tenue le atravesaba el dorso de la mano derecha.
-preguntó-. Me
na de es
n me sostuvo la mirada un instante más de lo n
jaba de pasearse dentr
olernos»,
a g
solo. Yo elegí pasta porque era la opción más segura de
mi porte se dedicaba a archivar informes de ventas en un distrito huma
as fueron m
ras de un
los hombres solían preguntar por des
entas claras. Armarios separados. No me gus
más razonable del mundo. Eso me impulsó
obligue a suplicar
serenidad. Una leve tensión e
te obligó
en lo
No coqueteó conmigo ni me tocó. Tampoco hi
pidió mi número y me escribió de in
Vey. N
do. Ni una exigencia para s
er hecho que result
fue
, mientras esperaba en la fila para comprar café e incluso dos ve
pañe
rtaba. El destino jam
cuando mi corazón deseaba
entras doblaba la ropa. Esperé hasta
re el próxi
or
n la misma calma y seguridad con qu
ro ca
uedó inmóvil so
erd
. Te respeto. Quiero una vida est
hemos vist
e es r
pido, Cassian.
ible
apareció en su voz y se
la frente co
r qu
ó antes de que pu
respiración lenta y constante. Y tuve la extraña sensación d
, no quedaba rastro
as un hogar tranquilo y c
rró la g
endo que te enamo
¿qué me est
pondió a es
ue decidirlo
co
impia y del olor a detergente. Durante un minuto e
timiento bajo una piedra,
nocía mi
ra lo único que
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