había aplicado antes de salir de casa, un intento desesperado por cubrir el aroma de su propia ansiedad. Mateo mantenía su mano entrelazada co
las cámaras de la prensa y las sonrisas falsas de los socios, ninguno de los dos había logrado
tiende ahora -anunció la recepcio
avidad para amortiguar el impulso. Entraron al despacho del doctor Arismendi, un hombre de sienes plateadas cuya repu
médico, quitándose las gafas de lectura y ajust
aba sus uñas en el cuero del sillón, con la mirada fija en los labios del d
rismendi, apoyando las manos sobre la mesa-. Recibimos los resultados de la prueba de sang
fía, con la voz quebrada por un hilo de pánico-.
nte, una reacción que t
adotropina coriónica es extraordinariame
niendo durante años. Mateo sintió que un peso descomunal se desprendía de su pecho; una oleada de alivio absoluto lo recorrió po
reguntó Mateo, buscando confi
Arismendi, poniéndose de pie-. Los niveles hormonales son atípicamente elevados, muy por encima de los parámetros
ientre plano. Mateo se colocó a su lado, sosteniendo su mano con fuerza mientras la pantalla del ec
d. Su rostro, enfocado en la pantalla, pasó de la tr
pecialista, ajustando e
guntó Sofía de inmediato, volv
i, marcando varios puntos en la pantalla negra-. Miren aquí. Este es un saco gestacional con su embri
bservando la pantalla co
Mateo, sintiendo un
l útero-. Aquí hay un tercer saco perfectamente implantado y con actividad cardíaca propi
tmico y triplicado resonó por los altavoces de la máquina: thump-thump-thump, tre
rodeadas de círculos de medición. La sorpresa inicial en su rostro dio paso a un destello indescifrable: no era
y una profunda responsabilidad lo embargaba. Tres herederos de golpe. La respuesta defi
del ultrasonido y entregándosela a Mateo-. Sofía necesitará reposo absoluto, controles semanales y un seguimiento sumamente ri
nto privado, pero para Mateo el mundo entero había cambiado de eje. Subieron al vehículo y, por unos minutos, ninguno
opiloto, mirando hacia la ventana-. Tres be
sonrisa iluminada por el entusiasmo-. Morales, los accionistas, las dudas de l
desbordante que en los de su marido, sino un cálculo sereno y distante. Apretó la tira
lejarse en su mirada-. Es el milagro que estábamos esperando. Hay qu

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