AN A
recuerdo a una de las damas de compañía de mi
-grita, acción que me hace molestar, así
as a mi despacho sin t
n, y la quiero ahora. -Apretó mis puño
os. -Número 2: Tú a mí no me exiges nada, madre, que no se te olvide que si conservas aún tu título de jequesa es porque yo lo he permitido, y número 3: no te metas e
reocupo por ti, no quiero que alguien te haga daño, yo
es por mí y de eso de ser feliz me encargo yo, así que no vayas a empezar con
a es la mujer qu
-respondo viéndola c
ie se casa por amor, hijo, todo es por convenien
ue entre Zhara y yo vaya a pasar algo porque eso jamás será posible. El día en que yo decida casarme, lo haré con la mujer que yo escoja, no con la que
ndo, Hassan? -pre
ndo el tiempo. -Camino hacia la puerta y la abro; ella me mira sin
hasta el ventanal, donde puedo apreciar la belleza
que quiera cas
voluntad y no lo que l
ún y tener una vida común donde nadie esperara nada de mí, donde solo pudiera amar y ser
ar un heredero a la nación, antes de que siga envejeci
ez pueda llevarme bien con Zawjati y eso me dé
ientos al escuchar
ta. Sigo en la misma posición, viendo hacia afuera como si nada más importara, pero a quién engaño, quisiera darm
y, antes de que ella pueda correr despavorida,
to que dejo de respirar al ver sus hermosos ojos; son de color... Jade, un
uisiera tener enfrente a esos maldi
fuera un pequeño ratoncito asustadizo
ar brusco, pero falló estrepitosamente al
onde haciendo una reverencia,
a ella, y ella por instinto retrocede h
rvó cómo se toca sus
diablos pasa, pero a los segundos se tira al
suplico, no me haga daño -dic
s pasa, me preg
ría algo así? Es cierto que no soy un santo, pero llegar
zos y hablo tratando de no sonar como e
ya te está afectando -digo intentando que se suelte de mis pier
perdóneme -llora desconsoladamente, mientras yo sigo lu
dejó frente a mí, mientras la aco
ancha de sangre en mi alfombra. -Digo intentando bromear con ella y al p
a a gritar y a llorar como loca y, en
me hicieran daño, mucho menos usted. -Y sin espe
manos a mi entrepierna, y observo cómo la chiquilla l
ente personal y, al verme tirado
? -pregunta con preocupac
e mis piernas, pero con el corazón desbocado latiéndome a
gallas para defenderse; aun sabiendo a q
ino hasta llegar a
a investigues
a-. ¿Acaso enlo
ño fruncido mientras
r quién es ella, cómo se llama, lo que le gusta, lo
eso me ll
itorio en una hora, Jamil. -Obser
stad -inten
r yo?, Jamil -pregunto y él n
ción -responde y sale de mi despacho dejá
a ofensa y veremos si continuarás siendo tan

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