img El matrimonio fue impuesto, el amor es a voluntad.  /  Capítulo 2 Sin enamorarse | 1.48%
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Historia

Capítulo 2 Sin enamorarse

Palabras:2104    |    Actualizado en: 03/06/2026

ratos de expansión hotelera en Lisboa, una brecha que él mismo había pasado por alto. Su error. Una omisión simple, pero suficiente para que s

rostro con ambas manos. Su cabeza estaba

de su propia voz diciénd

ort no

ermitía

iador, siempre buscando el equilibrio, siempre viendo el lado humano de los negocios. Axel, en cambio, creía en el control,

e acercó con

vo otro,

o por un momento

más. S

cer preguntas. Todos sabían quién era Axel Fort, y todos sabían que era me

n sorbo, dejando que el ardor del alcohol le quemara la garganta. Por un instant

el mensaje que no quería abrir: "Reunión urgente -

a lo es

ño antes de que su error se

ía llamar a su abogado, o incluso a Naven. Pero no. Lo resolvería so

l los observó apenas, con el ceño levemente fruncido. En su época, recordaba

bién solí

también creía que

de golpe. No necesitaba

la posó frente a él sin pronunciar palabra. Axel dejó unos bille

a un escenario distante. Caminó sin rumbo durante varios minutos, con las manos en los bolsillos, hasta qu

iluminado so

ero detrás de esas paredes, el imperio que había construido se sostenía sobre un d

nía varios mensajes sin leer,

ado declaraciones sobre la adquisi

retó la

N

nada hasta

ta principal del edificio, se detuvo un segundo. Desde allí podía ver, a través del cristal, a los emple

haber pensado

. Su apartamento era silencioso, demasiado grande para una sola persona. Allí no había ruido, ni

e los hoteles, los anuncios brillando, la música lejana de los bares... todo fo

o que lo devolvía la mirada no era el del hombre invulnerable que todos conocían.

si no había paz. Y pensó también en Sofía, con su manera de suavizar cualquier

abía visto esa mañana en la universidad: discreta, concentrada, diferente a todas l

mo. No tenía tiempo para distracciones.

bió a verde, y

o, las luces tenues del pasillo proyectaban sombras sobre las paredes. Dej

a seguían sobre el escritorio, junto a un contrato sin

na solución que no encontraba. Cada línea pa

stó en el sillón, mirando hacia el techo. El vaso aún en

rmir, pero la mente

endría que enfrentarse a qu

e -el que durante años había sido sinóni

ía viva más all

r del apartamento,

dejando que el cansancio

iempo, el hombre que lo ten

lo admitiría

de Fort Enterprises. El tráfico no ayudaba, tampoco el silencio implacable de su propio pensamiento. Había pasado la noc

a grieta en su reputación. Un simple descuido -imperdonable viniendo de él- ahora era un escándalo

dada, y esa mirada de acero que hacía temblar incluso a los más experimentados ejecutivos. Ni un rastro de cansanc

tes. Entre ellos, su hermano Naven, que lo miró con una mezcla de prudencia y preo

esto -dijo, con

diático. Nadie se atrevió a culparlo directamente, pero el silencio lo hacía evidente

rror. No vol

in embargo, el resto del consejo no parecía dispuesto a dejarlo pasar tan fácilmente. Fue Eduardo Salazar

res se corrigen con acciones visibles. La c

los ojos. Sabía q

or Salazar? -preguntó

tes, disfrutando de la a

su... estilo de vida. Consideran que la dirección de Fort Enterp

lpe velado. Naven frunció el ceño, intentando inte

isa ladeada-. ¿Está insinuando que mi v

prensa, y no precisamente por su trabajo. Los socios necesitan confiar en su estabilidad. Y quizá

ala. Axel apoyó la espalda en la

con sarcasmo-. ¿Quiere que arregle un

ino Naven con calma-. Sabes que las aparie

or la barbilla, mirando

esta empresa, ¿me están diciendo que n

entrelazó

en que inspire confianza. Que dev

ente lo que ese hombre buscaba. Había escuchado rumores: Eduardo tenía una

casi divertida, si n

ría-. Así que su propuesta de redención implic

ó el consejero-. Pero ser

Su sola presencia imponía un

esta junta. -Su tono era glacial-. Y si alguien aquí cree que puede manipul

a sonrisa tensa, fi

mejor para la com

e abotonaba el saco-. Siempre

onó por el pasillo vacío, firme, autoritario. Cuando llegó a su ofic

seguía en su cabeza. Casars

a le había enseñado que el amor no era más que una trampa elegante, una forma refinada de debilitar a los hombre

. Control absolut

consejo lo sabían. Si no actuaba rápido, Eduardo Salazar podría

su reflejo en el vidrio del ventanal. Madrid

rmuró con desdén-. No hay

o siempre. No era un hombre que huyera del problema. Si debía enfre

o... sin ena

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