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Historia

Capítulo 3 La Habitación que Observa

Palabras:2331    |    Actualizado en: 19/05/2026

e vista

rando hacia adentro con una suavidad sincronizada que me erizó la piel. No vi quién la

perando nuestra llegada. Observando. Esperando. Un escalofrío me recorrió la

o controlado, del tipo en el que cada sonido extraño parecía intencional, medido y permitido solo con permiso. Mis zapatos hicieron clic suavemente contra el sue

moso. Dolorosa y bu

as de arte que probablemente costaban más que todos mis sueldos juntos. Pero nada de eso se sentía cálido. Nada se sentía como un hogar

las mangas mientras intentaba ignorar la inquietud que

iccola -dijo Luci

más profunda, más fuerte, vibrando con una resonancia que

rarlo, con el corazón lati

al, Luciano. Nad

oscuros siguiendo el pu

o su honestidad no me h

s simplemente traer a la gente a u

u abrigo negro ondeando como las alas de un ave

cables, guardias con expresiones de piedra fría, todos moviéndose en silencio y con eficiencia, como engranajes de una máquina perfectamente engras

total y absoluto. No solo traba

is entrañas. Esto no era solo una casa. Era su reino. Y yo era

obligando a mi voz a mantenerse fi

lvió hacia mí con un

vas a

e golpeó como

ste hasta aquí s

una octava su voz. El leve énfasis en la pala

¿qué esto

do pareció detene

siendo

disparo. Contuve la respiración y,

ene gracia

toy br

fue pesado, aplastando

risión -susurré, con la voz pe

lo

almente estalló, s

prisionera! ¡Soy una persona, no un objeto

segundo, todo se detuvo. El personal se congeló. Los guardias se quedaron inmóviles. Hast

una voz romp

to sí que es

ruscamente hacia la gran escalera, buscan

vando. Escuchando. Juzgando. Parecía tener más o menos la edad de Luciano, bien vestido con un traje que gr

sonrisa lo hacía infin

zando su mirada sobre mí con una

ni siquiera neutral. Era la mirada de un hombre que intentaba reso

ijo Luciano con tono plano, su voz

abandonó el ro

escaleras. Sus movimientos eran lentos y despreocupados, como si supiera un secreto que e

ro la atmósfera en la habitación se t

te a decir y vet

e cerca era aún más inquietante. No era su tamaño; eran

entras me estudiaba-. Que después de todo este tiempo...

orazón empezó a latir con fuerza, golpea

hablando? ¿Qu

en Luciano, buscando una negación, pe

decir, Luci

enc

ano! -

siquier

spón

o y afilado. Sentía que me ahogab

ó de nuevo. Era una exp

o? ¿La trajiste a la guarida

ó hasta convertirse e

ta,

as palabras habían salido y ya

é por mostrar debilidad. Odié que pudiera

s -dijo Dante suaveme

retorció en u

ber

ra callarse. Cuando Luciano solo lo fulminó con una mir

uiste al aza

abandonó

d, como si hablara del clima-. ¿Esos hombres? No buscaba

lar tan violentamente que

íficamente a ti. Llevan

cto físico. Mi mente giraba, intentand

-. No soy nadie. Soy escritora

tro de mí se removió. Una oscura y aceitosa sens

-preguntó Dan

pensamiento físicamente-. No sé de qué hablas. Nunca había v

ar

itaria. Me congelé al instante. No por el volume

dejar de ha

sugerencia; era una orden por mi prop

ugar equivocado en el momento equivocado. Esto era sobre mí

de el callejón, ya no solo tenía miedo de los hombres armados. Tenía miedo de la verdad. Porque en

haberme alej

do y la mente dando vueltas- y al siguiente me estaban

r a cera de limón y piedra fría. Estaba demasiado silencioso. Cada paso que da

é con má

oy siquier

uiaba -una empleada alta de rostro

erebro. Intenté apartarlas, pero se pegaban, adheridas a cada pen

Esto no era real. No podía serlo. Y sin embargo, mi pulso no

on una oleada de irritación que estaba perdida. Este

convirtiéndose en un vacío. Lentamente, me di la

Sentía una mirada sobre

ije, mi voz resonand

de tela desde la esquina. Una mujer

mbular, Zara -di

abas vi

o. Asegurarme de

isa áspera

perdí en el momento e

o. -No era

ada puerta de roble. La abrió

abita

sa. Ventanas del suelo al techo, texturas de terciopelo suave y una cama que p

una habitaci

o

í la

sto es u

trás de mí con un sua

razón se hundió en cuanto toqué el vidrio. Estaba frío. Era grueso. Estab

. -su

ente en los rincones. Entonces lo vi. Un pequeño

ón, cada lágrima, cada movimiento

iendo re

uerta. Cerrada. Tiré y giré ha

ta puerta

a

ra del tocador, el peso tensando mis músculos. La arrastré hacia l

ó contra el cristal reforzado, magullándome los brazos con el contragolpe. La golpeé

epentino

oqueando la luz del pasillo. Sus ojos pasaron lentamen

eso, mi piccola -dijo c

r aquí! -grité, lev

dentro y la habitación pare

me! ¡Seguiré

noté

Y

caricia baja y suave que s

í entre dien

o. La resistencia es un

cción, Luciano! ¡Es

ue quedé acorralada contra el vidrio irrompible-. Ya no f

re mí como un sudario. D

o solo sentí miedo

ión, sino en una historia que no recordab

e sostuvo dur

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