onda expansiva subterránea que dejó a todos caminando sobre cáscaras de huevo. Durante los días que siguieron a la des
rme no había pasado desapercibida para los mandos intermedios, quienes, aterrados por la purga iniciada po
o: la máquina de rumores. En un lugar donde la información era la moneda de cambio más valiosa, los murmullos corrían por los
las cápsulas de café en la zona de cafetería ejecutiva, cuando escuch
tor financiero, inclinándose sobre la barra de mármol con una taza humeante entre las manos-. Mi amiga de contabilidad vio los borr
dida en el aire. Trató de hacerse invisible, fundiéndose con el
r en par-. ¿Alexander Sterling se va a casar? Es imposible. Ese hombre no tiene corazón, bo
ando de un contrato matrimonial a la antigua usanza, redactado con sangre y tinta de millones de dólares. La novia es Isabella Vanguard, la única heredera del imperio inmobiliario y tecn
ecto genuino, de un hogar cálido y de compañerismo, valores que le habían inculcado en su humilde hogar de provincia. La idea de que dos personas pudieran
si fuera un bocado exquisito-. Si ella se divorcia antes de los primeros cinco años sin dar un heredero, pierde sus acciones en la nueva filial con
La heredera? -pregu
tiene dinero desde hace tantas generaciones que probablemente respiran billetes de cien dólares. Es conocida en los círculos de la alta sociedad
, su mente no dejaba de dar vueltas a la información. Visualizó nuevamente a Alexander Sterling en la sala de juntas, implacable, gélido, destruyendo la carrera de un hombre sin un ápice de remordimiento. Intentó imaginar
cubrir que en la cima del mundo corporativo todo, absolutamente todo, era una transacción comercial, resultó ser un bald
ras interrumpió sus pensamientos. Era el tono inconfundible de un comunicado de nivel rojo, un correo
. La bandeja de entrada mostraba un mensaje con el asunto en
ESTRATÉGICA ENTRE CONSORCI
personal c
ón como líderes indiscutibles en el mercado global. Esta histórica unión será ratificada mediante el compromiso matrimonial entre nuestro Director Ejecutivo, el Sr. Alexander S
estándares de profesionalismo ante las inminentes visita
el aire cambió de textura. Ya no era solo el miedo a ser despedidos por la ira del CEO; ahora era la certeza de qu
de hielo estaba por llegar a reclamar su territorio, y Elena, la diligente asistente atrapada en la línea de fuego, ignoraba po

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