incluso en un tiempo más corto que las últimas veces. No pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas por la nostalgi
z entrecortada no d
ituación solo empeoró después de eso. Aun siendo el Capo, Enrico nunca dejaba de demo
-menos calurosa, per
; de alguna forma, lo culpaba por estar atrapada aquí. La decisión había sido suya; mi padre ha
as ganas de verte -sonreí
ambién
aerte de vuelta -anunció mi padre y me quedé gélida.
alm
n que espera lo peor. Aquel momento me hizo volver a la realidad y llegué a la conclusión de que para que yo volviera, algo difere
entonces fue mi padre quien respondió. Los conocía muy bien
seguro estar con nosotros -mi madre no parecía tan segura de l
lamé, pero
ado de la línea tampoco hubo ruido alguno. Sentí la ansiedad creciendo y mi estómago revolviéndose ante lo desconocido. La sensación de que una ola enorme venía hacia mí, sin poder evitarla-.
no va bien. Estamos perdiendo, Paola -escuché. Incapaz de decir nada, pues mi padre jamás compartía los asuntos de sus negocios con nosotras, mucho menos conmigo, y para que eso estuviera cambiando, entonces las cosas iban realmente de mal en peor. Lo que con
za en desaprobación, no sabía si por la actitud de mi madre o
ntinuó él, ignorándola y, como si fuera un chasq
ras de negación-. Papá... -el tono de súplica en mi voz d
el líder de la Yakuza... -
a atención. Cerré los ojos y una lágrima solitaria, no deseada e inú
atri
dito a
era e
sobre eso?-. Él es joven. Tiene prácticamente tu edad, pocos años mayor - ¿por qué aquello sonó como si f
alidad, er
legir con qu
e divagaba mirando cualquier cosa detrá
dadas por su propia familia y, ciertamente, yo debería agradecer de hecho por eso, por ten
ía bien lo que querían decirme: él es el Capo. Aunque no
al ca
el gusto amargo de la palabra se reflejó en mi voz-. Tendré que
aginé que por el silencio del otro lado, mis padres estaban ig
tienen sus papeles que cumplir en esta familia -su voz sonó firme y sin espacio para di
cuando respondí:
ara si él podía verlo cuando mi Capo informó que partiría a la
dormida sin siquiera darme cuenta y, cuando volví a abrir los ojos, mi despertador estaba sonando

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