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Historia

Capítulo 3 La Regla de Oro

Palabras:1596    |    Actualizado en: 15/04/2026

suelo al techo y ofrecían una vista panorámica del horizonte de la ciudad. Sin embargo, para Elara V

ntada detrás de su imponente escritorio de caoba, rodeada de carpetas de la gestión anterior, tazas de café a medio terminar y tres

el tiempo exacto que le quedaba para diseñar un

abía sostenido durante su enfrentamiento con Killian Blackwood se estaba desvaneciendo, dejando a su paso una mezcla

puerta de cristal la sa

a que la había guiado esa mañana, acompañada de una mujer exuberan

corporativa? -preguntó la mujer del labial rojo, empujando la pue

sorprendida por

está cavada; ahora solo estoy intentand

istalina y dejó uno de los vaso

ta pobre mujer a mi lado es Chloe, que casi sufre un infarto vi

ella, asegurándose de que quedara bien enca

que la seguridad iba a tener que escoltarla fuera del

café, agradeciendo el

rar el departamento, no para calentar una silla y decirle al CEO lo b

zando los brazos sobre su blusa de seda. Su m

de descanso, jefes que te invitan a cervezas los viernes. Tienes que entender algo: Blackwood Indus

murmuró Elara, recordando la frialdad

rió repentinamente. Las acciones estaban por los suelos, los inversores huían como ratas de un barco hundiéndose. Killian tenía veintiséis años. En menos de un lustro, no solo recuperó las pérdidas, sino que tri

ntió fren

ho horas. No es una prueba para ver si eres buena; es una trampa para t

o, apoyando los codo

cción demográfica. Sentí que... sentí que me atacaba a

rgada de significado. Un silencio tenso y

inalmente, señalando a

lo mi aspecto? Llevo un tr

etivamente hermosa y, lo más peligroso de todo, no te encogiste de m

reclinó e

ue eso era solo un rumor de pasillo, una exageración

za, su rostro volviénd

r relación romántica, sexual o fraternización personal entre empleados de diferente jerarquía, y toleranci

as contra el acoso o el nepotismo -rebatió

o a tres mujeres ser escoltadas fuera del edificio por los guardias de seguridad. Una ejecutiva de finanzas rozó su hombro "accidentalmente" en el ascensor. Despedida. Una asistente intentó invitarle un caf

ómago. Las palabras de Maya pintaban a un monstruo clín

ruzaron con los de ella. Esa no era la mirada de un hombre clínico ni vacío. Era la mirada de un hombre que ardía por dentr

tán borrosos. Unos dicen que estuvo involucrado con la mafia; otros, que una mujer lo traicionó de una forma tan brutal que juró no volver a sentir nada. Sea l

o frente a los hombres que él aterroriza a diario... encendiste todas sus alarmas. Él no te odia, Elar

por delante cobró un nuevo y aterrador sentido. No se trataba solo de números; se trataba de supervivencia. Él la había acorralado en u

único que le daba sentido a su vida tras dejar atrás un pasado lleno de carencias y humillaciones. No iba a permit

zco el café y la lección de historia. Pero no planeo coquetear con el CEO, ni rozar su hombro en el ascensor. Pl

sonrisa afilada y

ncanta. Si sobrevives al jueve

to h

lara. La inmensidad del edificio la oprimía, pero la determinación ardía en su p

s café. Y probable

no se movió de su silla. No se movería hasta que cada número, cada estadística y cada proyección enca

a muy equivocado. Ella había visto a la bestia detrás del hielo, y po

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