ptura de
imos a
pués d
entara concentrarme... mi mente volvía a esa cosa. A esa sonrisa. A esa forma imposible que parecía desafiar toda lógica.
ocía lo suficiente para saber que algo dentro de él se había quebrado... aunque intentara ocultarlo
ratando de infundir convicción en mis palab
realmente. Mateo soltó una risa corta, sin
o que no existe está ca
ón. La racionalidad se quebra
aunque un nudo se formaba en
tamente, sus ojos reflejaban un
tá emp
er grito. El aire se sentía denso, como si el mis
queda de
s ahí. El pasillo parecía más largo que antes. O tal vez era mi percepción, distorsionada
iente cuando no estás sola... aunque no veas a nadie. Un escalofrío recorrió mi
murmuró Mateo, su v
í ta
necesario. Hasta que llegamos. La sala estaba abierta. Eso ya era ma
de inmediato. Metá
tras mi mente intenta
lo. En las paredes. En las pantallas. Pero no había cuerpos. Eso er
ición en l
en voz baja, señalando
ando. Me acerqué lentamente. Cada paso se sentía más pesado. Co
pasillo. Vacío. Normal. Tragué saliva,
hay
a -dij
apareció. Detrás de nosotros. En la pantalla. No en la re
evas -sus
cuerpo... torcido. Como si no estuviera hecho para existir. Y entonces... se movió. No en el pas
-murmuré, el pánico comenza
etó el ar
golpe seco. Ambos giramos. Nada.
ateo fue apenas un hi
lo es
bó en toda la sala. Mi corazón se disparó. C
á blo
acercó.
forzar
dijo, su voz carg
onces
parpadear. Miré. Error. La figura ya no estaba detrás de nosotros. Estaba
ires -di
ella. Algo que te atrapaba. Que te obligaba a mirar. Como
Mateo sonó más
ice. No
Li
mis hombros. Firmes
ír
rompió. La presión en mi cabeza desapareció.
mires m
sabía algo.
ubrimiento
que sal
S
ho
ero no se movió.
Ma
mirada estaba fij
teo
é. Demasi
ombra. No era una silueta. Era clara. Demasiado clara. Su "cara" estaba demasiado c
o -su
í. Y por un segundo... por un
paisaje de pesadilla, donde lo real y lo irreal se fusionaban en una danza macabra. Mi corazón latía desbocado, cada pulso un estruendo e
ento, una lucha interna por aferrarse a la realidad que se nos escap
stí, mi voz temblando por el esf
ue nos devolviera a la luz del día, lejos de la oscuridad que parecía devorarlo todo. La pantalla detrás de nosotros parpade
zaba con consumarnos. Pero teníamos que seguir adelante, por cada uno de nosotros y por el otro. La esperanza se convirtió en nuest

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