img Dónde mueren los angeles  /  Capítulo 6 LO QUE SE LLEVA LA OSCURIDAD | 26.09%
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Historia

Capítulo 6 LO QUE SE LLEVA LA OSCURIDAD

Palabras:1190    |    Actualizado en: 10/04/2026

ptura de

imos a

pués d

entara concentrarme... mi mente volvía a esa cosa. A esa sonrisa. A esa forma imposible que parecía desafiar toda lógica.

ocía lo suficiente para saber que algo dentro de él se había quebrado... aunque intentara ocultarlo

ratando de infundir convicción en mis palab

realmente. Mateo soltó una risa corta, sin

o que no existe está ca

ón. La racionalidad se quebra

aunque un nudo se formaba en

tamente, sus ojos reflejaban un

tá emp

er grito. El aire se sentía denso, como si el mis

queda de

s ahí. El pasillo parecía más largo que antes. O tal vez era mi percepción, distorsionada

iente cuando no estás sola... aunque no veas a nadie. Un escalofrío recorrió mi

murmuró Mateo, su v

í ta

necesario. Hasta que llegamos. La sala estaba abierta. Eso ya era ma

de inmediato. Metá

tras mi mente intenta

lo. En las paredes. En las pantallas. Pero no había cuerpos. Eso er

ición en l

en voz baja, señalando

ando. Me acerqué lentamente. Cada paso se sentía más pesado. Co

pasillo. Vacío. Normal. Tragué saliva,

hay

a -dij

apareció. Detrás de nosotros. En la pantalla. No en la re

evas -sus

cuerpo... torcido. Como si no estuviera hecho para existir. Y entonces... se movió. No en el pas

-murmuré, el pánico comenza

etó el ar

golpe seco. Ambos giramos. Nada.

ateo fue apenas un hi

lo es

bó en toda la sala. Mi corazón se disparó. C

á blo

acercó.

forzar

dijo, su voz carg

onces

parpadear. Miré. Error. La figura ya no estaba detrás de nosotros. Estaba

ires -di

ella. Algo que te atrapaba. Que te obligaba a mirar. Como

Mateo sonó más

ice. No

Li

mis hombros. Firmes

ír

rompió. La presión en mi cabeza desapareció.

mires m

sabía algo.

ubrimiento

que sal

S

ho

ero no se movió.

Ma

mirada estaba fij

teo

é. Demasi

ombra. No era una silueta. Era clara. Demasiado clara. Su "cara" estaba demasiado c

o -su

í. Y por un segundo... por un

paisaje de pesadilla, donde lo real y lo irreal se fusionaban en una danza macabra. Mi corazón latía desbocado, cada pulso un estruendo e

ento, una lucha interna por aferrarse a la realidad que se nos escap

stí, mi voz temblando por el esf

ue nos devolviera a la luz del día, lejos de la oscuridad que parecía devorarlo todo. La pantalla detrás de nosotros parpade

zaba con consumarnos. Pero teníamos que seguir adelante, por cada uno de nosotros y por el otro. La esperanza se convirtió en nuest

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