ue pensé que iba a romperse las costillas. Me debí desmayar por un segundo, porque cuando abrí los ojos de nue
rastro de la furia que acababa de asustarme-. Si valoras tu v
tudio, donde la imagen de esas fotografías y la nota sangrienta aún quemaban en mi
Tenemos una imagen que mantener. Y tú,
sta me esperaban en el salón. Me vistieron con un elegante vestido azul cobalto que acentuaba mis curvas, me peinaron en un sofisticado moño y cubriero
lack -dijo la estilista con una sonri
ashes de cámaras explotaron en mis ojos, y un enjambre de periodistas gritaba preguntas. Re
ó una mano hacia mí con una pequeña sonrisa en los labios. Una sonrisa que no llegaba
omplace anunciar que la señorita Amber Brown y yo hemos contraído matrimonio. Nuestra unión, aunque rep
ando de encontrar alguna señal de que todo era una b
idílica que ninguno de los dos había vivido. Me preguntaron sobre nuestros planes de luna de miel, sobre cómo me sentía siend
, el silencio era ensordecedor. Me quité
yler, quitándose el saco. Su vo
té, sintiendo la frustración burbujear-. ¿Crees que
era fácil. Te pedí que fueras una esposa. Y en esta casa,
os mías ni que me ibas a manipular co
scureció. -Si empiezas a hacer preguntas,
ancio me dio un valor inesperado-. Dime qué te hice,
estello de algo que no era odio ni frialdad. Era
muelles -dijo con una voz casi
n que yo no había notado. Era la habitación principal. La cama era i
mber -dijo, empujándome suaveme
ón dio u
. la cláusula de no
y peligrosa que me erizó la pi
a mí-. Pero los esposos duermen juntos, ¿no crees? Y no te preocupe
un matrimonio por contrato. Era una prisión. Y esta n
ré susurrar, retrocediendo has
to cálido contra mi piel,
ar lo qu

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