/0/22886/coverbig.jpg?v=e07f203525618a6f8d7e40b58e3f2b5b)
gelándose mientras caminaba por el pasillo de mármol negro. Mis manos temblaban tanto q
echa -dijo la secretaria con una voz tan mecánica como e
mo una sentencia de muerte. Mi padre estaba en casa, con el rostro hundido entre las manos
s y el aroma a sándalo, cuero ca
esta
traba por el ventanal a sus espaldas, creando un aura oscura a su alrededor. Era más imponente de lo que decían las revista
oz era un barítono profundo que me hizo vibrar los
enas un susurro-. Marcus Thorne lo engañó. Si ejecutas esa deud
ntó la mirada. Sus ojos eran de un azul tan frío que me quemaron. No había ra
ie. Es mucho más alto de lo que imaginé-. Y en este
bía correr, pero mis pies estaban clavados al suelo. Se detuvo a escasos centím
. Haré lo que sea. Trabajaré para ti, pagaré cada cxtendió una mano y, con un dedo, recorrió la l
ios y luego volvió a mis ojos-. Cuidado con lo
bre que ya estaba preparado. Lo desl
. Pero hay algo que necesito para cerrar un trato con mis inversores más conservadores. Necesito una
é sin a
daba vueltas-. ¿Quieres que
resas-. Te daré la libertad de tu padre y salvaré tu casa. A cambio, me e
a pluma, con la visión borrosa por las lágrimas contenidas. Si firmaba esto, m
nte, atrapando mi muñeca con una fuerza de hierro. Sus ojos brillaron con alg
-susurró, su aliento rozando mi mejilla-. No creas que
edé h
estás hablando? Yo ni
me heló la sangre y soltó mi
r qué tú eres la única persona en este m

GOOGLE PLAY