al éxito implacable. Para Mia, cada paso hacia la entrada principal se sentía como caminar hacia el cadalso. Llevaba puesta su mejor
parecía emanar del propio dueño del lugar. Se acercó al mostrador de mármol de la recep
ck -mintió Mia, manteniendo la b
piso cuarenta y dos. El ascensor subió con una velocidad silenciosa que le revolvió el estómago. Al abrirse las puertas, se encontró co
. La puerta se abr
ista de inmediato. Estaba revisando unos documentos con una pluma estilográfica que se movía con precisión quirúrgica. Sus rasgos eran más afilados de lo que Mia recorda
cualquier calidez-. No esperaba que tuvieras la audaci
veneno personal. Sabía que su padre había cometido delitos financieros, pero el odio en la mira
o nada que ver con sus negocios -dijo ella, tratando de que su v
legó a sus ojos. Se reclinó en su silla de cuero,
avo a la hija de los mayores estafadores de la década. ¿Por qué vendrías
dole al orgullo-. Mi hermano, Leo... tiene seis años. Su corazón está fallando. Necesita una cirugía
radora. Por un segundo, Mia creyó ver un destello de algo en su mirada cuando
lto de lo que parecía sentado, una presencia física que llenaba la habitación-. No eres
lo que sea. Trabajaré para ti, seré tu asistente, limpia
tros de ella. El aroma de su perfume, una mezcla de madera de sán
a un Carte suplicando. Pero no quiero una empleada. Quiero algo que me perm
confundida por la alusión a su familia-. Sol
or un breve instante antes de recuperar su máscara de frialdad-. Quieres
de obsidiana. Dentro había un contrato de varias páginas. Mia lo to
o social a mi lado y soportarás cada uno de mis desprecios. Serás el trofeo que le arrebaté a Arturo Carte
recordó el rostro de Leo en la cama del hospital, sus labios
ella, buscan
que yo firme ese cheque ahora mismo, quiero que me demuestres cuánto vale l
da. Liam señaló el su
e el dinero de rodillas,
o se impuso sobre todo lo demás. Sus piernas temblaron, pero con una lentitud tortuosa, Mia se dejó caer. Sus rodillas golpearon la alfo
lozó-. Por favor, salva
el pecho que se apresuró a sofocar con el recuerdo de la lluvia y el accidente. Verla allí, tan
po médico de Leo será trasladado al mejor hospi
re que, sin que ella lo supiera, la culpaba de haberlo dejado solo en el mundo
para todo para una boda inmediata. La s
ndo de alivio por Leo y de terror por el futuro que acababa de comprar. No sabía que a

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