de lavanda y a falta de uso. Anayetzi yacía encima del edr
los ojos, veía el avión cayendo. Luego
a última vez, quemar el puente tan a
ez usaba porque Adán la prefería en tonos neutros, modestos y elegantes.
rpo, resaltando curvas qu
lo oscuro hacia la
ó la
toalla envuelta bajo en sus caderas. Su cabello
la vio. Sus ojos
e estaba ca
vió con una gracia lenta y depredadora que era compl
la mano y colocó la palma plana contra s
nstante. Sin cul
cara. Parecía confundido, y
s haciendo
ernón. -Dijiste que estabas cansado. P
muñeca. Su agarre
Te ves desespera
surró ella-. ¿O
de él. -¿Ella hace esto mejor que yo? ¿Es eso? ¿O es
la em
uso las manos en sus hombr
el borde de la alfombra. Cayó hacia atr
olcaron. Un pesado frasco de cristal de Chan
antáneo: espeso,
fragmento afilado se había clavado en la pla
espirando con dificultad. No par
r atención. Es repugnante, Anayetzi.
era agudo y la mantenía en la reali
zó a
a convertirse en un sonido escalofriante
dose hacia arriba. Ignoró el vidri
a su alrededor como una armadura. La sangre dejab
ó a lo
ias,
reguntó él, c
cer est
aso enviaba una nueva punzada de agonía por su pierna, un dolor
ecisos y distantes. Sacó el fragmento de vidrio más grande de su pie con unas pinzas, viendo la sangre fluir hacia el desagüe con una extraña sen
maleta maltratada. Era la que había tra
ó. Esta
ría por mu
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