img La compañera rechazada del Alfa multimillonario  /  Capítulo 2 Corre, Ratoncita | 18.18%
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Historia

Capítulo 2 Corre, Ratoncita

Palabras:1341    |    Actualizado en: 03/02/2026

do se

mente, segura de ha

los celos-. ¿Una abominación mitad humana? Sería una mancha en el linaj

elante, extendiendo una mano temblorosa

el borde de la alfombra blanca. Cayó con fuerza, y su codo crujió contra el suelo. El dolor

llonario que conocía había desaparecido. En

mi autoridad porque engendré a un bastardo con una mascota humana. Irás a la clí

s y cegadoras. Lo miró desde el suelo, vie

susurr

ó el ceño. -

pentino y feroz instinto maternal. Se puso en pie a duras penas, retrocediendo hacia

se curvó. -¿Crees

sa. Les diré a todos lo que eres. -Era un farol, un far

eres nadie, Emily. Una huérfana sin un centavo contra un multimillonario. Podría romperte el

rados. -El rechazo es demasiado bueno para ti. Tal ve

os ojos-. Déjala correr. Es más divertido así. Además, la tormenta es terrible e

. Miró a Emily con puro asco. -Bien. Corre

, te rechazo a ti, Emily Reed, como mi compañera, mi amante y la madre de mi hijo

mbiara de opinión. Se dio

eó el botón del ascensor, sollozando mientras las puertas tardaban una eternidad en abrirse. C

pie en el pasillo, observándola. Sus ojos brillab

-articuló él si

sta la fría realidad de su vida. Se desplomó contra la pared de m

arlos. Quería

por las puertas, pasando por delante del sobresaltado guardia de segu

escalza sobre el pavimento, y sus calcetines se empaparon instantáneamente en los charcos. No sabía a

jo hacia la estación de metro. Su respiración sal

mp.

. No era el clic rítmico de unos zapatos, si

irando por enc

alle, se alzaba un enorme lobo gris. Tenía los labios retraídos

hasta el amanecer. Había

os -gimi

lla metálica, desgarrándose el abrigo, y aterrizó en un charco al otro lado. Podía o

al, agitando los brazos frenéticame

lluvia obligaba a todo el

o por u

na de distancia, con su motor ronroneando como una bestia dormida. Parecía

Simplemente co

. Podía oír sus garras derrapando

esplegando un paraguas negro con un movimiento tranquilo y fluido. Era alto, vestía un

se detuvo

-gritó, lanzán

ntra su pecho. Ella agarró las solapas de su gabardina, y sus

llozó, miránd

, se quedó

a de un cuervo. Pero fueron sus ojos los que detuvieron su corazón. Eran de un tono violeta penetrante e

tensa curiosidad. No la apartó. Su brazo rodeó su c

un susurro roto-. Van a matarme. Haga lo

n seco a tres metros de distancia. Gruñó, caminando de un lado a otro, pero no

u mirada descendió hacia su estómago y luego volvió a sus

mó. Su voz era profunda, suave, y la aterr

-. Por favor. Ha

nclinó la cabeza.

lquie

resión oscura y depredadora que prom

sto en cuenta, pequeña humana. Si da

peraba en la oscuridad. Miró al hombre que

tró en la oscur

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