iguientes borrándom
almente no sentía. Empaqué una sola maleta, ligera y eficiente. Quemé las pocas fotos que había manteni
ba l
ante y gritón, un agudo recordatorio de que mi tiem
s de la boda,
a del hospital privado que p
la puerta a patadas con una fuerza innecesaria. No hablaron. Simplem
ndo mientras me arrojaban a la part
sin mirar atrás-. E
al hospital, r
órdenes contradictorias. En medio del pandemonio, vi a Mateo
unté, mis piernas te
jos-. Hubo un accidente en la cena de ensayo. Se c
é fija
abra sabiendo a bilis.
inuó Mateo, su voz tensa-. AB negat
su boca. Yo era AB negativo. Era una de las pocas cosa
dro apareció desde
pegada a su pecho. Parecía salvaje, desesperado, un hombre deshecho. Me vio y se abalanzó sobre mí, a
ojos maníacos-.
aterrorizado. No
emente, mi voz apenas
Nos debes esto. Te llevaste a mi
lo s
cáncer y medicamentos pesados. No sabía que desangrarme aho
enté decir, mi ali
doctores, ignorándome-. ¡Sáquenle t
mirando mi cuerpo frág
decía que no
la de Sofía. Me empujaron sobre una camill
rror ante el tapiz de moretones, las marcas de agujas fresca
viéndose hacia Aleja
a pared con la mano, el soni
una úl
Sofía, su mano presionada contra el panel. La amaba. O creía que la amaba
-susurré en
Asentí a la enfe
óm
l calor nauseabundo de la vida siendo succionada de mi cuerpo. Giré la c
gris cubriéndome. El pitido rítmico del monitor se ralentizó. Mi c
é mientras la oscuridad se alzaba para re
sonidos del hospital -los gritos, las alarmas-
voz de Alejandro resonó,
dej

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