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e
rellé contra la pared de metal, todavía sin estar completame
rcel. Y ahora, estaba atrapado en la parte trasera de una furgoneta sin ventanas, a la
de la furgoneta y una oleada de náuseas me recorrió el
o de la mafia tenía sus ventajas. Una de ellas era la grata certeza de que, si te llevaba
lía de esa camioneta lo antes p
é que el hecho de que mi hermano Nico hubiera metido a nuestro padre
Estar encerrado en la cárcel por asesinar a toda una maldita familia debería significar que ya no
cer con la visita era decirle que la habías
orir cuando sufriste
nocido a muchos en mis veinticuatro años, y cada uno peor que el anterior. La mayor
rirse de piernas para un hombre que las repugnaba en todos los sentidos. No habrí
a se detuvo
evitar que me golpear
lle
l fondo me decía que no quería estar allí. Pero despué
co de la noche llenaba el sofocante vehículo. En un instante, corrí hacia el h
empujó contra la fría puerta de acero, el metal cl
mis ojos brillaban d
n señal de debilidad. Yo era
a sonrisa cruel de la que mi padre se habría sentid
za. "¿Tu padre? ¿Crees que Carmine está det
ía escuchado sus palabras de despedida en la prisión antes de que m
adónde me llevaban. El aire era fresco y puro, y mecía suavemente el vestido de verano que me había puesto para visitar a mi padre. El ver
abría matado por u
ara poder dispararle al id
rador giró la manija, abriéndola.
iva al bajar. Solo la tenue luz me impedía caerme.
ntes, mejor. Incluso con las pequeñas luces a mi alrededor, sentí un pá
o a
algo, cualquier cos
ca, por así decirlo, pero si intentaba bajar rápidamente l
a tan mala man
si mi padre fuera a llorar mi muerte.
es. Ninguno era tan cercano como mi hermano y su pequeña familia. La gente que conocía
rtaría un bledo mi muerte. Quizás habría un día de luto.
cuando las escaleras terminaron y nos encontramos ante otra puerta. El hombre d

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