a Gar
a fortaleza feudal. Era un complejo de rejas de hierro, guardias ar
dias me dejaron pasar, sus expresiones deferentes. To
el copiloto, apretándola h
ra la quintaesencia de la esposa de un mafioso: ciega
ctamente cuidada a mi mejilla-. Escuché que hub
pregunté, ignora
do la tensión que irrad
n escalera, mis pasos pesados
la puerta de su suite
su sofá de cuero, con un
o esta
a en el borde de su escritorio, bal
fútbol. La que tenía "DE LA
e no era solo una elección de moda; era una de
ciencia, tomando un sorb
a. No parecía culpab
fueras a casa -d
ón. No miré a Catalina. Me negué a da
je algo
s sucios. El relicario se deslizó por la madera. El anillo de compromiso de diamantes, una promes
ndo el anillo. Su
este dram
sprovista de emoción-. Estoy devolv
bradizo. -Por Dios, eres patética. ¿Cr
-dije c
tamaño para intimidar, una táctica que solía fun
elo -o
N
ue lo r
o. No me importa. No s
vuelta
vi. Agarró la caja y la arrojó hac
do llover recuerdos en el vestíbulo de! ¡No decides tú c
nto en que me dejast
al re
gresivamente en el suelo. -¿No lo entiendes
lo alto de las escalera
ete -
líg
arró del brazo. Tiró de él, trat
opio equilibrio con
mi brazo se apretó,
ím
hombro se estrelló contra la barandilla. Mi rodilla
rme del barandal. El dolor explotó en
l rellano, apenas magullada. I
ó! ¡Javi!
corriendo d
ndo, con lágrimas brotando de mi
siquiera
revisándola en busca
le preguntó, su
señalándome con un dedo perfecta
staba torcido en una rabia que nunca
de mi casa antes de que
y la adrenalina eran lo único que me mantenía en
deé-. Mi
n las paredes-. Tienes suerte de que no te
antarse y la acompañó de regreso a su hab
obre una pierna, el silencio d
mano sobre la boca. No se movió para ayudar
aleras, cada paso una nueva tortu
o misma a
la de espera, con hielo en mi ro
ificación d
foto. Era Javi, abrazándola
foto: Mi
la pa
gudo y real. Pero el dolor e
da allí que p

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