sta de Aria
dora gráfica que creaba belleza a partir del caos, una esposa que había construido su vida en torno al amor y la confianza. No era el tipo de
go reaparecieron. Estaba elaborando su respuesta, eligiendo sus pal
mensaje. Era simple, esc
a verlo po
n Santa Fe, una de las nuevas y ultramodernas torres de cristal que
a mis costillas. Esto era un
á para estabilizarme. Ignorando la protesta de mi cuerpo adolorido, tropecé hacia la recámara, poniéndome el primer par de jeans y un suéter que e
ormenta caótica de preguntas. ¿Qué diría? ¿Qué haría? Una parte de mí, la parte racional y cansada, me gritaba que diera la vuelta, q
ababa de ver su vida arder en una serie de
te. Mientras caminaba hacia el vestíbulo, un elegante auto negro
taba
llado que acentuaba su esbelta figura, y su cabello, una cascada de seda oscura, rebota
vió la sonrisa, una sonrisa genuina y sin defensas que no había visto dirigida a mí en lo que parecía una eternidad.
como un golpe físico. Era más cond
es de que mi cerebro pud
lau
ca, quebrándose
resa y luego, inconfundiblemente, de furia. La expresión de Karen era más difícil de leer, pero cuando sus ojos se enc
ortante y frío. Dio un medio paso hacia adelante, posicionándose
credulidad-. Debería preguntarte lo mismo, Claudio. Te he es
omentáneamente avergonzado, b
una noche larga con el equipo
a la escena con una curiosidad distante, como un espectador e
na pequeña sonr
? Claudio me ha h
en su voz era tan
na mano tranquili
l vez debe
i la estuviera protegiendo, resguardándola d
de desesperación-. Que se quede. Quiero sabe
rviosamente por la calle vacía como si los paparazzi estuvieran a
Mi esposo desaparece toda la noche, y me envían fotos de él
en se resquebrajó. Dejó escapa
rías encargarte de est
encendió lo último que m
ablar de mi salud
o, no con suavidad, sino con fi
. Estás histérica. Vete a
vez fue mi puerto seguro, ahora usado para apartarme en favor de ella- hizo que algo
ques! ¡No
stro una mezcla d
pasa? Estás actu
i garganta-. Me abandonas, me mientes, te par
iéndose en una de frío desdén. Me dio la espalda
me encarg
isiva, me rompió. Ni siquiera miró hacia atrás mientras la guiaba haci
ncima de su hombro. Ya no sonreía. Solo me observaba, sus ojos fríos y
la mirada era un fantasma: pálida, demacrada, con ojos desorbitados y ra
do el tráfico ni la ruta. Solo recuerdo estacionar
ía no es
hundí en el sofá, mi mirada cayendo sobre la orquídea en maceta en la mesa de centro. Sus pétalos esta
dicho, sus dedos trazando la delicada curva de un pétalo. "Elegante, h
a muriendo. Com
a mi mamá. Necesitaba que me dijera que todo estaría bien, que me envo
aban mientras m
¿está todo bien
as audible-. ¿Puedo... puedo ir
o lado de la línea. P
suavizándose pero teñida de un cansa
ue eso, m
dos los matrimonios tienen sus baches. Tienes que ser más comprensiva. Él está bajo mucha presión en el
ando mi dolor; estaba gestionando mis expectativas, suavizando las grie
o ma
o tenemos un juego de golf temprano.
completamente sola, abandonada por las do
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