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Historia

Capítulo 2 Destino sellado

Palabras:1711    |    Actualizado en: 07/05/2025

rpo tembloroso era incapaz de asimilar la magnitud de lo que estaba ocurriendo. Su padre la ha

ombres, un guardaespaldas de rostro pétr

mi residencia -ordenó con su tono

sin vacilar, salieron del c

tió su estóma

vez creyó que la protegería, al hombre que cuando había dado sus primeros pasos la aplaudia y estaba orgulloso de ella, el mism

ermaneció

así que lo mejor que puedes hacer o

l-. ¿Acaso alguna vez me viste como tu hija y no como una pieza más en tu maldito tablero? Creo que al t

ncapaz de sostener la torme

erina no

me! -su voz se ro

ecogieron sus pertenencias. Todo lo que alguna vez había sido suyo: sus vestidos, sus

aletas, Katerina comprendió

n y cayó de rodillas en el suelo de mármol del casino,

ró, su voz rota y cargada de una s

que siguió fu

n expresión seria y lue

ó, lo hizo s

a, ella ya

ió que su mund

n firmeza, sus manos rodeando sus

hando contra los hombres que la arrastraban lejo

ya había apar

an en el casino mientras la llevaban fuera. Cada

cio, con la misma calma de un depre

Katerina Volkov

izca de calidez. Katerina Volkov estaba de pie en medio de la opulenta residencia de Aar

uzadas y un vaso de whisky en la mano. La luz tenue del salón acentuaba sus facciones c

salieron de su boca carga

omó un sorbo, sin prisa, sin inmutars

z de Katerina temblaba de f

una ceja,

o es

respondió hizo que la sangre

fuerza-. Me arrancaste de mi hogar, me trataste como si

el líquido ámbar giraba en espiral. Luego, sin l

. ¿Hablas del mismo lugar donde

pe fue

e abandonaba sus pulmones p

hacía que lo

ió con desprecio-. Tú... tú n

a vez, y en sus ojos verd

un lujo que n

n cruel, que Katerina sintió un

dejó sobre la mesa de mármol con un leve clic. Luego

troceder, aunque su co

a, inclinó la cabeza apenas unos centímet

odo lo que quieras, pero nada cambi

o de esas palabras como

ada fría antes de alejarse, dej

fue larg

rande y demasiado lujosa para ella. La habitación era un reflejo de su

ietud de la noche mientras las lágrimas caían silenciosas por sus mejilla

ndo encontrar consuelo en un v

había c

y cuando finalmente cerró los ojos, lo único que enc

-

briéndose abruptamente la

rita V

, tratando de ubicarse en el tiempo y el espacio. La luz del amanecer se filtraba

ndo su cuerpo entumecido por la

el hombre de negro-.

a frunci

ir? ¿A

as la miró sin n

tados

a golpeó de

¿Q

o solo la habían arrebatado de su hogar, sin

interior, pero el guardaesp

e. No hagamos e

la rabia treparle

si me

con una frialdad impas

iene o

-

vestido sencillo, pero no permitió que tocaran su rostro

spaldas la esperaban. Sin mediar palabra,

momentáneamente al cru

. Katerina sintió el impulso de correr, de hui

En

s puños cerrados. El aire dentro del auto era espeso

s. Katerina clavó la vista en la ventana, observando cómo la ciudad que había sid

motores rugiendo suavemente. Pero lo que más captó su atención

on M

una mano en el bolsillo y la otra sosteniendo un vaso con algún licor. Sus ojos verdes la escudriñaron c

escalofrío de odio r

paldas la gui

nte cerca, Aaron bajó el vaso

as, futura

a golpearon com

no se permitió temblar. Levantó el mentón, a

así -escupió

ó una ceja

no, lo serás. Me

n sus venas, pero K

s antes de girarse con indiferenci

ardaespaldas s

señorita

no se

ó y, con un tono

ubiremos

a humillación desg

a sus pies a moverse. No les da

estrozado, sintiendo que cada

atoria. Su destino estaba sellado, y no había nada que ella podía hac

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